«Comiendo de la herencia musulmana» por Juan de Dios Villanueva Roa

Granada siempre marca tendencia. Afortunadamente sus habitantes dejaron de herencia la Alhambra y el Generalife, una herencia nunca pagada ni reconocida, pero explotada hasta límites insospechados.

Ahora hay quien llega hasta aquí para reclamar que los descendientes de quienes construyeron este monumento tan granadino, tan nazarí, vengan hasta esta tierra a seguir trabajando. Ese que quiere igualar la palabra delincuente con inmigrante seguramente tendrá amplia experiencia en trabajar en el campo, como jornalero; habrá ido de caza cada fin de semana, a acechar jabalíes, cazar conejos, poner a cantar a las perdices. Es casi seguro que cuidará de su madre o de su padre cada fin de semana que le toca, sacándolos a pasear al sol, cuidándolos y vigilando su salud.

Es casi seguro que ese que llega hasta el pie de una catedral cuya historia desconoce y que se mete en una jauría humana a empujar a esos que con otro hp –no es la marca de una impresora– no se acercarían a menos de 200 metros –palabras de él que cada día están más utilizadas por quienes un día pasaron por la escuela pero la escuela no pasó por ellos–, rodeado de señores cualificados por la naturaleza, avanza hacia quienes piensan diferente y se enfrentan a su ideología, vociferando y sacando su pecho.

Granada marcó tendencia no hace mucho, cuando aquella representante suya, hoy decapitada por él mismo, tuvo enfrentamientos en la entrada de la facultad de Derecho, esa en la que Lorca pasó preso sus últimas noches de vida.

Para VOX Granada marca tendencia, pero esta tierra es más pacífica y la paz recorre sus calles prácticamente en la totalidad de sus días. Y cuando aparecen estas cosas nos convertimos en portada. Son las cosas de otros, esa no es nuestra malafollá. Compre un libro, y léalo.