«Los versos de la igualdad» por Juan de Dios Villanueva Roa
Siempre creí prioritario para cualquier sociedad que quienes la habitasen fueran felices, que cada cual pudiese desarrollar al máximo sus potencialidades, que aportase lo que pudiese y que todos tuvieran las mismas oportunidades.
Y quienes encontraran en su haber alguna discapacidad, la sociedad la minimizara ayudando a potenciar las capacidades que tuviese. Pero en estos días leo que hay quien cree que pertenecer a una sociedad y disfrutar de sus derechos (las obligaciones parecen ser de otros) depende de haber visto sus primeras luces en España, quien se adueña de esta patria haciéndola suya y universalizando sus ideas.
Todos, creen, debemos pensar lo mismo que él, y si no has nacido aquí (como si se tratase de una decisión personal igual que llevarse dinero a Andorra o vivir del cuento y predicar con palabros) debes irte o ponerte en una cola en la que todos los nacidos en esta patria están delante. No importa la historia (habría que estudiar más sobre nuestros orígenes) ni nosotros como emigrantes, ni el trabajo que están haciendo por esta, nuestra patriótica sociedad, por nuestros mayores, campos, construcciones; sobre la economía de esos que se consideran más porque usan una pulserita o han nacido en el último cortijo, barrio o Puerta Real.
Piensan que eso otorga todos los derechos frente a quienes cuidan a sus padres, cultivan los alimentos que comen o construyen edificios en los que habitan. Más españoles porque se apellidan Pérez o García o Fonseca de los Neveros y Castro de Peloponeso. El día en el que aquellos estén dirigiendo empresas, pasando consultas o enseñando en las universidades como algo normalizado esta patria será real; mientras, solo es una ficción en la que unos cuantos se piensan superiores porque tienen algo que han heredado sin más. La ignorancia no entiende de versos.
FOTO:periódico ABC BLOGS