Los suelos de Granada recuperan reservas tras el invierno más húmedo de los últimos años

A pesar de ello, los expertos subrayan que el déficit hídrico reaparece con el paso de los meses

La provincia de Granada atraviesa una situación especialmente sensible en relación con el agua y el estado de sus suelos. Tras varios años marcados por una intensa sequía y un acusado estrés hídrico, las abundantes lluvias registradas durante el pasado invierno han cambiado temporalmente el paisaje hidrológico de la provincia. Ríos como el Genil o el Torrente, en el Valle de Lecrín, han recuperado caudales poco habituales en los últimos años, generando entre la población la sensación de que los terrenos podrían encontrarse “demasiado cargados” de agua.

Sin embargo, los expertos recuerdan que el funcionamiento de los suelos responde a procesos mucho más complejos. La capacidad de almacenamiento de agua depende de múltiples factores -como la composición del terreno, la materia orgánica, la presencia de arcilla o el espesor del suelo- y las lluvias intensas no eliminan automáticamente el déficit hídrico acumulado tras años secos. Para conocer mejor esta situación, este medio ha conversado con Juan Manuel Martín, profesor titular de la UGR en el Departamento de Edafología y Química Agrícola, quien explica cómo responden los suelos granadinos a los episodios de lluvia y cuáles son las zonas más vulnerables de la provincia.

Los suelos de la vega, con una alta capacidad de retención de agua

Martín señala que no existe una cifra única para determinar cuánta agua puede almacenar un suelo, ya que la denominada “capacidad de campo” -el agua que el terreno es capaz de retener tras un episodio de lluvia- varía enormemente según las características del terreno. Según explica, los suelos de la Vega de Granada presentan una elevada capacidad de retención y pueden llegar a almacenar hasta 100 litros por metro cuadrado, aunque recuerda que esa reserva «no permanece intacta», ya que las plantas consumen parte del agua mediante la evapotranspiración.

El profesor subraya que, incluso tras episodios de lluvias muy abundantes, el déficit hídrico reaparece con el paso de los meses. Como ejemplo, recuerda las precipitaciones registradas en 2024, cuando cayeron alrededor de 200 litros por metro cuadrado en algunos puntos de la provincia. Aun así, durante julio y agosto el suelo volvió a quedarse prácticamente seco. En este sentido, insiste en que los suelos tienen una capacidad limitada de almacenamiento y que el excedente termina infiltrándose hacia los acuíferos y aguas subterráneas, un proceso esencial para la recarga hídrica de la provincia.

Martín considera especialmente positivos los episodios de lluvia de este último invierno porque han permitido recuperar parte de las reservas perdidas tras los años 2022 y 2023, que califica como “especialmente secos”. Durante ese periodo, explica, las plantas agotaron casi por completo la humedad del suelo debido a la ausencia prolongada de precipitaciones. Aun así, recuerda que «el clima mediterráneo funciona de manera cíclica» y que tanto la vegetación natural como los cultivos de secano están adaptados a soportar varios meses de déficit hídrico durante el verano.

Las zonas de la provincia más afectadas por el déficit hídrico

El experto también rechaza la idea de que un exceso puntual de lluvias pueda resultar perjudicial porque “el suelo ya no absorba más agua”. Según explica, los terrenos cuentan con sistemas naturales de drenaje interno que permiten que el agua continúe infiltrándose hacia capas más profundas. De hecho, destaca que gracias a este proceso se alimentan los acuíferos y se mantiene el agua subterránea que posteriormente puede extraerse mediante pozos.

Durante la conversación, Martín también hizo referencia a una patente desarrollada por la Universidad de Granada basada en dispositivos infiltradores destinados a optimizar el uso del agua en agricultura. El sistema permite aprovechar el agua de escorrentía y mejorar la eficiencia del riego por goteo, llevando directamente el agua y los nutrientes hasta la zona radicular de las plantas. Según explica, esta tecnología permite reducir el desperdicio hídrico y disminuir el uso de fertilizantes.

Respecto a las zonas más afectadas por el déficit hídrico dentro de la provincia, el especialista sitúa a las comarcas de Guadix y Baza como los territorios con menor pluviometría y, por tanto, con mayores periodos de sequedad en los suelos. Explica que estas áreas se ven condicionadas por el denominado efecto foehn: las borrascas procedentes del oeste descargan gran parte de su humedad en sistemas montañosos anteriores, dejando masas de aire más secas al alcanzar el noreste granadino. Por ello, estas comarcas presentan condiciones mucho más áridas y prolongados periodos de déficit hídrico en comparación con otras zonas de Granada.

Paco García

FOTO: Los suelos de la Vega de Granada presentan una elevada capacidad de retención Foto: Archivo

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