Quería matrícula de honor, pero esta es una carrera en la que no sirve el deseo, por muy cálido y húmedo que sea. En sus estudios universitarios posiblemente no consiguió ninguna, pero ahí lo tenemos, demostrando que se puede llegar a presidir Andalucía sin titulaciones acabadas de Grado ni Diplomatura ni Licenciatura.

Eso sí, como cantante ya sabemos que tanto en Valencia como aquí se pueden ganar los cuartos. El pueblo ha votado y los resultados están presentes, incuestionables, porque no creo que Ayuso se atreva a decir que ha habido pucherazo.

La sanidad pública parece importar solo a los enfermos y a los de las listas de espera, que no es lo mismo, y no somos tantos como para hacer olvidar que nuestros impuestos van a parar a manos privadas, así que si queremos acelerar los años de espera solo tenemos que pagar un par de cientos de euros mensuales en seguros privados. Lo de la educación va por otros caminos, quizás interesa más bien poco que las escuelas tengan todo lo preciso, alcanzar aquellos avances que se pedían a finales del siglo pasado.

Ni entonces los otorgaron (disminución de ratios, infraestructuras adecuadas a los tiempos, plantillas acordes con los objetivos, salarios apropiados…) ni los van a dar ahora, si acaso aumento de las privatizaciones, y eso es lo que mayoritariamente ha votado el personal.

Toca ahora pedagogía, comunicación bien hecha, sacar menos el pecho y promulgar a los cuatro vientos lo que podría ser, cómo y por qué frente a lo que se promulga. Una sonrisa sosiega, pero no cura; tampoco enseña a leer ni a ser personas con pensamientos críticos y preparados para diseñar su propio futuro. Pero, claro, eso a quién le interesa.

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