Adiós al ‘pendrive’: por qué es hora de despedirse de este gadget

Llegó como una revolución, transformó nuestra forma de guardar las fotos familiares y ahora hay que reemplazarlo

Las memorias USB o ‘pendrives’ tienen los días contados. Nos han acompañado durante el último cuarto de siglo, desde su concepción en 1999 a manos de un grupo de ingenieros israelíes, pero están a punto de despedirse. Confiamos en ellos para facilitarnos la transferencia de archivos en entornos tanto académicos como profesionales, para guardar millones de proyectos universitarios, para almacenar copiosos álbumes fotográficos y de videos familiares… Y ya no los necesitamos como antes. Tienen sustituto, como antes lo fueron ellos para los disquetes de 3,5 pulgadas tremendamente endebles y poco fiables que usábamos. No cabía nada en ellos: su memoria máxima era de 1,44 megas. Y este fue el punto de partida para IBM y Thumbdrive, los primeros en poner a la venta sus USB en el año 2000 bajo los nombres DiskOnKey y Thumbdrive, con hasta 32 megas de espacio.

Con el tiempo, estos accesorios se volvieron cada vez más populares: su compatibilidad universal y su facilidad de uso (basta conectarlos a cualquier puerto USB) propiciaron una evolución imparable hasta los actuales modelos de 512 GB o de varios terabytes con una velocidad de escritura importante.

La llegada de los ‘smartphones’ y las plataformas de almacenamiento en la nube marcaron un punto de inflexión para el segmento de los ‘pendrives’. Los primeros se han convertido en improvisadas unidades de disco duro, mientras que las segundas permiten acceder a nuestros archivos desde cualquier parte, con tan solo subirlos a internet. Por este motivo, muchos expertos hablan de Google Drive, OneDrive o iCloud como los ‘verdugos’ de las memorias USB, condenadas al cajón salvo para usos puntuales, como reproducir archivos en el viejo televisor del salón. En las oficinas ya es casi un milagro encontrar alguno de estos dispositivos. La información y los documentos llegan de otra manera.

El lanzamiento de ordenadores portátiles cada vez más delgados y con menos puertos también ha tenido mucho que ver con esta caída en desgracia, especialmente desde la estandarización de los conectores USB-C, que obliga a adquirir adaptadores para seguir usando los tradicionales ‘lápices’, muchos, regalo de empresas para promocionarse. Como clavos finales en el ataúd de los ‘pendrives’ encontramos la considerable bajada de precio de unos discos duros cada vez más capaces, rápidos y compactos; además de la oferta de las tarjetas microSD ultrarrápidas por las que apuestan numerosos fabricantes tecnológicos.

Cuestión de seguridad

Con la progresiva desaparición de las memorias USB, buenas noticias, también descienden los riesgos de ciberseguridad. Acuérdate de que antes, meter uno en nuestro ordenador era deporte de riesgo: ¿y si tenía un virus y borraba el disco duro? ¿y si instalaba un troyano y nos espiaba la cuenta del banco? Pero una cosa es que el riesgo sea menor y otra, que desaparezca. «Que se utilicen menos ‘pendrives’ no los vuelve menos peligrosos y, en todo caso, el problema no está tanto en el dispositivo en sí (los discos duros SSD y las tarjetas microSD entrañan amenazas similares), sino en cómo se utiliza», explica Daniel Fírvida, técnico del Instituto Nacional de Ciberseguridad. En otras palabras, que no podemos confiarnos.

«Un ‘pendrive’ sin cifrar, que se comparte entre distintas personas o equipos, o que se conecta sin control –por ejemplo, uno que nos hemos encontrado o de procedencia desconocida–, mantiene intacta su capacidad de introducir ‘malware’ o provocar una fuga de información», continúa el experto. Porque el verdadero problema no es el dispositivo, sino «las malas prácticas, especialmente en el ámbito doméstico o en usos menos regulados que los propios del sector corporativo, donde la mayoría de empresas hace tiempo que adoptaron medidas restrictivas».

La mayor dependencia de servicios digitales también hace que debamos poner el foco en otro tipo de vulnerabilidades. «Los riesgos se desplazan hacia el robo de credenciales, los ataques de ‘phishing’ o el ‘ransomware’, que afectan directamente a los servicios en la nube y a la identidad digital del usuario. Además, la concentración de información en servicios centralizados puede hacer que un único incidente de seguridad tenga un impacto mayor», prosigue Fírvida. El adiós al ‘pendrive’, por tanto, no va a hacer que desaparezcan las campañas de concienciación de ciberseguridad… y mucho menos, los delincuentes.

Ojo con los puertos USB públicos

  • Usa un ‘data blocker’ . Se trata de un pequeño adaptador que bloquea cualquier intento de transferencia de datos desde nuestro ‘smartphone’.

  • Solo carga . Escoge la opción de ‘solo carga’ en lugar de ‘transferencia de datos’ si te da a elegir al conectar el ‘smartphone’ al puerto USB.

  • Usa tus propios cables . Los cables desconocidos pueden haber sido manipulados para sustraer la información del dispositivo que los utilice.

  • No desbloquees el móvil . Mientras el móvil carga, no lo manipules. Una vez desconectado, revisa los permisos concedidos a las aplicaciones y borra cualquiera que resulte sospechosa.

¿Qué pasa si no tengo internet? ¿O si trabajo en el sector militar?

Existen contextos donde el empleo de unidades de almacenamiento USB sigue resultando imprescindible. Un caso es cuando hay que transferir archivos y no hay conexión a internet. Pero también están la instalación de sistemas operativos (o actualizaciones de firmware), la creación de unidades de arranque y llaves de autenticación… También son obligatorios en sectores militares o industriales, donde cualquier filtración de datos tiene consecuencias incalculables.

José Carlos Castillo 

FOTO: (Adobe Stock)

https://www.ideal.es/vivir/tecnologia/adios-pendrive-hora-despedirse-gadget-20260518103201-ntrc.html