Adiós al código de barras en el súper: ¿qué los va a sustituir?
Llegan los QR dinámicos, que evitan el manoseo de los productos y el desperdicio alimentario
Ocurrió en junio de 1974. Un cliente compró un paquete de chicles Wrigley’s en un supermercado de Ohio. Al ir a la caja, la trabajadora que le atendió hizo por primera vez un gesto que hoy es rutina: en vez de teclear el importe del artículo, escaneo su código de barras para cobrar. Desde entonces, ese conjunto de números y lineas de diferente grosor es clave en el ámbito comercial. No hay producto sin él. Aunque puede que desaparezca en menos de lo que pensamos.
«Las empresas llevan años asegurando que ya no les funcionan. Entre otras razones, porque no permiten saber si un producto ha sido robado o falsificado, lo que conlleva problemas de seguridad para el consumidor», explica Juan Pablo Gómez, director de productos y servicios de GS1 México, a quien quiera escucharle (el último, el portal Yahoo!). Esta organización sin ánimo de lucro –con más de 33.000 compañías asociadas solo a su filial española– lleva medio siglo fomentando y desarrollando los estándares internacionales de códigos de barras en las cadenas de suministro. Y ahora apunta a 2028 como el año del cambio, en el que los códigos de barras darán paso a los QR inteligentes tras años de desarrollo y varios proyectos piloto.
Inventados en Japón durante la década de los 90, los códigos QR no alcanzaron la popularidad hasta el estallido de la pandemia, cuando proliferaron en comercios, estaciones de transporte público y restaurantes como método para acceder a distintas informaciones (horarios, menús…) sin contacto físico. En estos momentos, cadenas de supermercados como Mercadona, Woolworths (en Australia) o Tesco (en Reino Unido) ya coquetean con una tecnología a la que también pretenden sumarse gigantes como Unilever, Procter & Gamble o L’Oreal.
Del precio a la procedencia
La estampa la veremos en las tiendas más pronto que tarde: apuntaremos con la cámara de nuestro móvil a los envases de los productos para obtener todos sus datos. Pongamos que nos interesa un preparado de carne picada: su QR nos informará del precio, los ingredientes, el peso, los valores nutricionales, el lote, las fechas de envasado y caducidad, la procedencia de la carne, su huella de carbono y los alérgenos presentes. En algunos casos, hasta se ofrecerán sugerencias de preparación y recetas.
Todo ello sin necesidad de manosear la mercancía para examinar largos etiquetados, lo que, a su vez, beneficiará a las personas con problemas de visión. La propia Unilever trabaja en un sistema de códigos ‘accesibles’ que puedan escanearse a distancia y cuya información sea transmitida directamente a los auriculares del comprador conforme se acerque. Como beneficio adicional, estos QR inteligentes acabarán con los problemas de escaneado en las cajas de autopago: su lectura, señalan los expertos, resulta más ágil frente a los códigos de barras tradicionales, que deben posicionarse correctamente frente al lector y no pueden tener pliegues ni desperfectos.
Ofertas actualizadas
Los establecimientos también van a beneficiarse del cambio. La llegada del código QR reducirá tanto los embalajes como el desperdicio, gracias a las mejoras que conlleva en lo relacionado con la gestión del inventario y la trazabilidad. Los empleados podrán saber, en todo momento, cuántos artículos hay disponibles en cada estante y cuáles están a punto de caducar. Además, las ofertas de ‘última hora’ podrán aplicarse sin reetiquetados, variando el precio de forma digital y en pocos segundos. Y las devoluciones serán más sencillas.
Se tratarán de códigos dinámicos: los consumidores dispondrán de información actualizada en todo momento. Incluso por parte de los fabricantes que, en caso de identificar un lote defectuoso, podrán hacérselo saber a los usuarios desplegando avisos de seguridad alimentaria. Suena a ciencia ficción, pero está más cerca de lo que crees.
¿Carritos inteligentes?
Las tiendas del futuro ya están aquí. Y a falta de los códigos QR, diversas cadenas de supermercados de todo el mundo ya están haciendo pruebas con las etiquetas de precio digitales o las cajas de autopago que detectan automáticamente los productos depositados. Y pronto llegarán los carritos inteligentes equipados con pantalla.
Lo que parece que necesita otra vuelta de tuerca es esa idea de establecimientos donde se entra, se coge lo que se quiere y se sale sin pasar por una caja física porque ya nos llegará el recibo a la tarjeta. Amazon Go, que abanderó este modelo, no ha triunfado y anunció su cierre hace unas semanas por las dificultades operativas de supervisar las compras mediante un complejo sistema de cámaras y sensores.
De círculos concéntricos a líneas de diferente grosor
El primer escaneo oficial de un código de barras fue en 1974, pero el origen de esta tecnología es aún más lejano. Muchos expertos lo sitúan en los años 40, cuando Bernard SIlver y Norman Joseph Woodland idearon un sistema de tinta fluorescente para marcar los productos de una cadena de supermercados de Estados Unidos. De ahí surgirían unos códigos de barras circulares compuestos por líneas concéntricas. Su aplicación fracasó, pero la experiencia no cayó en saco roto. En 1966, la Asociación Nacional de Cadenas Alimenticias estadounidense (NAFC) convocó un concurso para establecer un nuevo sistema de etiquetado y escaneo universal. Unos años más tarde, en abril del 1973, se impuso la propuesta de IBM, que es la que ha llegado a nuestros días.
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