Confieso que entre los aconteceres que más llaman mi atención, que más me agradan está ver los periódicos en papel, cruzarme por la acera con alguien que lleva el diario bajo el brazo, entrar en un bar y observar la esquina de la prensa, encontrar a una persona sentada en un parque leyendo o visitar la biblioteca y encontrar el rincón de los periódicos, con los de la última semana allí puestos a disposición de quienes acuden a este mundo de las letras, de los libros, del conocimiento, de la información.

La semana pasada tuve a bien compartir una tarde con el grupo de lectores de Huelma, donde unas veinte personas, mayoritariamente mujeres, habían leído Lian, uno de mis libros. Tuvimos la oportunidad de hablar sobre él, sobre sus historias, cómo se habían generado, las sensaciones que les habían producido, el proceso de creación literaria, incluso la irrupción de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas y las posibles derivas hacia el mundo literario.

Esta reunión tuvo lugar en la biblioteca municipal (lo de bibliotecas públicas y privadas es un debate que creo nunca se abrirá, no dan un céntimo). Pero volvamos a la esencia de la columna, allí encontré ejemplares de IDEAL Jaén de la última semana, doblados y prestos a ser leídos, repasados, ojeados y hojeados, a disposición de los cientos de socios que acuden a este santuario laico a beneficiarse del ejercicio de la lectura, a tomar libros prestados y llevarlos a casa, a estar al día de las últimas novedades editoriales y a ser guiados en ese camino por una profesional que está al día de los gustos de cada cual, como una madrina cultural del mundo de la lectura: la bibliotecaria M. Carmen.

Y allí, la prensa y los libros en comunión perfecta manteniendo un pulso contra la ignorancia