«Cuando el lujo se viste de VPO» por Agustín Martínez

Sobre uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos, un artículo imprescindible de Agustín Martínez. Para leer y compartir

Cuando según el CIS, el principal problema de la ciudadanía patria es la vivienda y cuando asistimos a incrementos interanuales del precio de un techo de entre el 13 y el 14 %, resulta enternecedor -por no utilizar otro calificativo- ver a nuestros próceres políticos henchir el pecho de orgullo patrio y local mientras se les llena la boca con palabras como, «vivienda digna» o «políticas para los jóvenes». El Ayuntamiento de Granada y la Diputación Provincial se han convertido en consumados maestros de este teatro de variedades donde la demagogia es el plato fuerte. Sin embargo, cuando uno se quita las gafas de la propaganda oficial y se sumerge en el barro de la realidad, el decorado se cae a pedazos. Lo que las instituciones granadinas están vendiendo no es protección social; es, simple y llanamente, una amarga tomadura de pelo para quienes aspiran a poder aceder a su primera vivienda.

Si hacemos la cuenta de la vieja, esa que los tecnócratas de los despachos municipales parecen haber olvidado, un piso estándar, de unos modestos y nada lujosos 88 metros cuadrados, se planta alegremente alrededor de los 200.000 euros

Los números suelen ser tozudos y no entienden de campañas de marketing institucional. En la Granada actual, la obra nueva amparada bajo el equívoco manto de Vivienda de Protección Oficial ha fijado su precio en torno a unos sangrantes 2.200 euros el metro cuadrado. Si hacemos la cuenta de la vieja, esa que los tecnócratas de los despachos municipales parecen haber olvidado, un piso estándar, de unos modestos y nada lujosos 88 metros cuadrados, se planta alegremente alrededor de los 200.000 euros. Si miramos un poco más allá, hacia esos macroproyectos provinciales financiados con dinero público, las cifras escalan hasta la obscenidad de los 250.000 euros por inmueble. Un cuarto de millón de euros por una vivienda «protegida». Repítanlo en voz alta hasta que sientan la bofetada de realidad: doscientos cincuenta mil euros por un piso público.

¿De quién nos están protegiendo exactamente la Diputación y el Ayuntamiento de Granada? ¿Del frío? ¿O de la remota posibilidad de que los jóvenes y las familias trabajadoras granadinas puedan independizarse alguna vez en su puñetera vida?

 Pedirle a un joven granadino que gane mil y pocos euros al mes que ahorre 70.000 euros es como pedirle que construya un cohete espacial con palillos de dientes

Para que un ciudadano de a pie pueda acceder a ese supuesto «chollo social» de 200.000 o 250.000 euros, la banca -ese otro gran “aliado” del bienestar común- exige haber ahorrado previamente el 20% del valor del inmueble, cantidad a la que hay que sumar un 10% adicional para sufragar impuestos y gastos de escrituras. Estamos hablando de tener ahorrados, así sin anestesia, entre 60.000 y 75.000 euros líquidos. En Granada. Una provincia líder periférica en desempleo juvenil, precariedad laboral crónica, contratos temporales de camarero y salarios que con demasiada frecuencia se arrastran por el suelo del Salario Mínimo Interprofesional. Pedirle a un joven granadino que gane mil y pocos euros al mes que ahorre 70.000 euros es como pedirle que construya un cohete espacial con palillos de dientes. Es un insulto a la inteligencia y un bofetón en la cara de la realidad social.

Lo que están perpetrando el Ayuntamiento y la Diputación no es política de vivienda; es gentrificación con membrete público. Están jugando a ser promotores inmobiliarios privados pero con red de seguridad. Utilizan el suelo público -ese patrimonio de todos que debería ser sagrado y servir de dique de contención contra los tiburones del mercado- para enajenarlo, cedérselo a constructoras y terminar pariendo inmuebles a precios de mercado libre disfrazados con el carné de la VPO. Están desarmando las herramientas de emergencia de los municipios para las próximas décadas a cambio de un puñado de fotos cortando cintas inaugurales.

Si la vivienda pública cuesta lo mismo que la privada, la administración deja de ser un árbitro social para convertirse en un cómplice necesario del encarecimiento de la vida

Es de un cinismo olímpico que la administración pública asuma los vicios del mercado privado en lugar de corregirlos. Si la vivienda pública cuesta lo mismo que la privada, la administración deja de ser un árbitro social para convertirse en un cómplice necesario del encarecimiento de la vida. Convertir la VPO en un producto de lujo exclusivo para rentas medias-altas o para familias con padres que puedan avalar y regalar los ahorros de una vida es pervertir la esencia misma del Estado del Bienestar. Una VPO a un cuarto de millón de euros no es una oportunidad, es una barrera insalvable, un muro de hormigón que expulsa a los vecinos de sus barrios y de sus pueblos.

Señores gestores de la Plaza del Carmen y del Palacio de Bibataubín: dejen de tomarnos el pelo. El derecho a la vivienda no se defiende subvencionando la rentabilidad de las promotoras privadas ni fijando precios máximos que triplican la capacidad de endeudamiento de cualquier familia normal. Se defiende apostando de verdad por el alquiler social, manteniendo el suelo en manos públicas de forma permanente y construyendo un parque residencial público que no se venda al mejor postor a las primeras de cambio.

Mientras sigan empeñados en convencernos de que un piso de 250.000 euros es «protección oficial», los discursos sobre el reto demográfico, el apoyo a la juventud y el progreso social seguirán siendo exactamente lo que son hoy: una inmensa, cara y cruel pantomima. La vivienda es un derecho constitucional, no el enésimo nicho de negocio con el que cuadrar los balances de las constructoras a costa del dinero de todos. Si no son capaces de garantizar techos accesibles, hagan mutis por el foro y desaparezcan, porque para encarecer el suelo y ahogar a los ciudadanos ya nos bastábamos solitos con el mercado libre.

FOTO: La alcaldesa, en la reciente colocación de la primera piedra de una promoción de VPO. Ayuntamiento de Granada

https://www.elindependientedegranada.es/politica/cuando-lujo-viste-vpo