«Manolo y las bayas venenosas» por Juan de Dios Villanueva Roa
Mi amigo Manolo nunca padeció alergias.
De pronto, a sus setenta años, acudieron a él como si no hubiese un mañana. Piensa que es consecuencia de la renovación de la arboleda de su calle por el actual gobierno municipal nazarí. El caso es que la calle Palencia, a pesar de la protesta masiva con el ‘no a la poda’ se vio desmembrada de sus árboles, muchos frondosos. Paqui, nuestra alcaldesa, dijo que la calle sería un vergel lleno de naranjos bajitos, preciosos y a su gusto.
Lo olvidó. En su lugar colocaron unos árboles que, según Manolo, parecen sacados de la sabana africana, baratos –eran para el Zaidín ni pollas– y con unas bolillas que al ser pisadas resbalan más que las del chiste, con lo que, además del uso masivo del inhalador Relvar, los golpes, estiramientos, torceduras y esguinces están a la orden del día. Las mascotas han de salir a la calle, embozadas por la toxicidad de las susodichas bolicas, y así el Zaidín se ha llenado de arboleda pelotuda, árbol del paraíso o cinamomo. Si fuese poco, las obras llegan a Don Bosco, arteria sosegadora zaidinera.
Promesas de más naranjos, vecinos levemente acongojados por ratas que no pagan contribución pero que disfrutan del aire libre y cálido (no es metáfora) y todo levantado para ser concluido semanas antes a las próximas elecciones municipales. Se me ocurre viendo estas cosas que hay gente en la política que sigue tratando a la ciudadanía como imbécil, y de ahí que obras como el paso del Nevada en Armilla siga bloqueado, las losetas de San Antón continúen levantándose y las bayas venenosas abarroten los suelos sin siquiera ser barridas. Todo el mundo es bueno mientras no se demuestre lo contrario. Manolo: tú, a tu arte.
FOTO: CINAMOMO