«Lorca, Granada y su equipo humano» por Juan de Dios Villanueva Roa
Hay proyectos importantes, otros infinitos. En Granada tenemos una de las mejores herencias musulmanas que hay en Europa, un jardín con un millón de flores, con aguas traídas a través de mecanismos sofisticados y a la vez sencillos, huertas y bancales, y un espacio escénico a la altura del lugar que ocupa.
El Generalife parece el apellido de la Alhambra, pero su identidad propia y soberbia viste de gala a la ciudad que otea desde un ventanal único.
El arte de sus fundadores permanece en su esencia y en su forma, en sus escalinatas y en sus riegos, en sus plantas y en la música que se levanta hasta las estrellas cada noche de agosto, cuando Federico nos recuerda su asesinato, su muerte, cada año, desde hace noventa en este que recorremos, y suena la música y el flamenco, ese arte que tanto amó, y el baile y cante gitano sigue dando esencia desde el escenario a Granada y a Lorca, su alma que recorre los aires, entre los cipreses que arropan a este espacio, ante la mirada atónita, absorta, embelesada de aquellos que tienen, que tenemos, la suerte de conseguir una entrada para alguno de los espectáculos que se representan noche tras noche, inundando de música y danza, de luna y estrellas, de mantones y tacones, de sonidos que abrazan a la asistencia que ocupa desde la primera hasta la última fila el auditorio.
Y detrás de esta idea hubo personas que la pusieron en marcha allá en el 2002, personas que trabajaban en el Patronato de la Alhambra y el Generalife y la Junta de Andalucía. Hoy, un equipo humano excepcional permite que cada noche se levante el telón con un éxito garantizado gracias a su esfuerzo, su profesionalidad y buen hacer. Gracias a este equipo cada agosto la magia embriaga con su duende la noche nazarí.