22 octubre 2026

Los terremotos se han apoderado de esta tierra. Tiembla Iberia cuando las placas continentales chocan, cuando el Sur empuja al Norte y mueve sus cimientos, cuando miles de gentes huyen de la miseria a la que su majestuoso señor los tiene sometidos.

Tiembla la tierra cuando los megarricos del planeta deciden quedarse con las riquezas naturales del mundo y manipulan a los que creen gobernar y los convierten en sus marionetas, con sus banderas detrás, collares y coronas, con sus palacios construidos sobre la miseria de sus gobernados.

Los sismos recorren la corteza de la tierra cuando los que no son, pero quieren ser, acuden a gritar, jalear, jadear para sentirse útiles al pasado que desean sea futuro, como sea, sea lo que sea, cueste lo que cueste porque después cada cual y cada materia acabará donde siempre debió estar para los intereses de los que deciden sobre los caminos que este planeta ha de recorrer, al ritmo que a ellos les interese. Los otros, pensando ser más y mejores, luchan por quienes desean lo que el designio divino les ha otorgado.

Mientras todos los suelos tiemblan, obedeciendo los designios regios y divinos, el pueblo, que es el que siempre acaba pagando, costeando los deseos de los cuatro o cinco que tienen el ochenta por ciento de la riqueza mundial, y que aspiran a quedarse con todo, pide pan y queso, y vino y agua. Y agita banderas y palos, los que las sujetan, y golpean unos a los otros al compás de los sismos venidos desde las entrañas de los intereses de los Trump, Netanyahu, Mohamed, Putin y los escondidos en el nuevo monte Olimpo donde los actuales dioses juegan al Monopoly con nosotros.

Y se preparan para que les vayamos rezando ya mismo y los volvamos a procesionar baja palio.

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