6 septiembre 2026

«EL EDIFICIO DE LA FUNDACIÓN DE PERSONAS SORDAS» por José Enrique Granados

Quinta del sordo
Casa de locos
El sueño de la razón
Produce monstruos (Luis Eduardo Aute)
 
Recientemente el ayuntamiento de Atarfe informaba de la inauguración de una comisaría de policía local en la planta baja de lo que anteriormente era la sede de la Fundación andaluza Accesibilidad y Personas Sordas.
 
El edificio se construyó en los albores del siglo XXI, bajo la dirección del arquitecto Jorge Suso Fernández-Fígares sobre un solar de 1000 metros cuadrados cedido en su momento por el ayuntamiento de Atarfe a la fundación.
 
Suso, titulado por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (1992) y especialista en urbanismo es Jefe del Servicio de Arquitectura de la Diputación Provincial de Granada, siendo autor entre otras obras de la rehabilitación de varias casas en el Albaicín o la adaptación del convento de Santa Paula a hotel de cinco estrellas. Una de sus obras más recientes y llamativas es la pasarela colgante de Jolúcar de Torrenueva Costa.
 
Según informaba IDEAL en abril de 2001, “El edificio, de cuatro plantas: sótano, baja y dos sobre rasante, está exento y es «muy claro» porque recorre los niveles en altura y a ambos lados; presenta fachada a una calle interior de nueva apertura, paralela a la ronda de circunvalación de Atarfe. La separación con el borde de la parcela deja una vía que permite la circulación interior para acceder a los talleres.
 
La solución del arquitecto se basa en una «fusión» de actividades productivas, administrativas y formativas. Para lograr el propósito, el esqueleto del inmueble consta de dos cuerpos maclados, uno principal, donde se ubica el bloque de fachada, y otro posterior, grande y diáfano, destinado a talleres (tres) y vestuarios, y separados ambos por una especie de muro pantalla. Una puerta, abierta en el último momento, comunica sendas estancias.
 
El cuerpo principal o de fachada, presidido por un amplio vestíbulo, albergará las actividades institucionales y está precedido de un porche cuya visera la sujetan cuatro pilares de acero visto. La fachada adopta una ligera curva que «realza» esta pieza y «transmite» dinamismo al conjunto arquitectónico. Un amplio y gran ventanal vertical ofrece la sensación de edificio en esquina.
 
Las plantas primera y segunda se articulan encima del módulo trasero –el de talleres– y alojarán las aulas (seis en total), salas y despachos. El compartimento de las aulas es de tabiques móviles para adaptarlas a las prioridades de cada momento.
 
Un hueco, que nace en el vestíbulo, une las plantas con el eje central. Los pasillos, de 2,50 metros en la primera planta, y de 1,25, en la segunda, actúan de foco distribuidor. La segunda altura sigue un esquema «curioso» a costa del estrechamiento del corredor, cerrado por una barandilla de vidrio laminado y desde el que se divisa la parte inferior. El ardid busca la luz que proyecta el lucernario lateral hacia el interior.
 
Los dispositivos de seguridad del centro son específicos. La cabina del ascensor es transparente e incluye el sistema braille y los destellos luminosos representan las señales de alarma y alertan del funcionamiento de las máquinas.”
 
Suso definió el edificio como «formalista» al tener que ajustar su concepción arquitectónica a un programa de necesidades, basado en la identificación de las dependencias con las funciones que han de desarrollarse en el interior de las mismas.
 
Gacetilla y curiosidades elvirenses