4 septiembre 2026

La ciencia y la conservación de las aves son fundamentales para afrontar el reto de las energías «renovables responsables». Granada se convierte esta semana en el epicentro de la vanguardia conservacionista con la celebración del XXVII Congreso Español de Ornitología organizado por SEO/BirdLife.

Organizado por SEO/BirdLife —la Sociedad Española de Ornitología, ONG ambiental decana en España que desde 1954 trabaja por la conservación de la biodiversidad con las aves como bandera—, el encuentro cuenta en esta ocasión con la colaboración de la Universidad de Granada, una institución que históricamente ha aportado grandes especialistas en avifauna.

Nuestro territorio constituye un marco idóneo para debatir sobre cómo compatibilizar la protección de la biodiversidad con las actividades humanas, y sobre la necesidad de contar con conocimiento científico para orientar las decisiones de gestión

Granada es un escenario privilegiado para hablar de la conservación de las aves dada la extraordinaria biodiversidad que atesora nuestra provincia, con más de 300 especies citadas: desde los ecosistemas de alta montaña de Sierra Nevada hasta las especies de nuestro litoral, pasando por humedales, espacios agrícolas y entornos urbanos. Nuestro territorio constituye un marco idóneo para debatir sobre cómo compatibilizar la protección de la biodiversidad con las actividades humanas, y sobre la necesidad de contar con conocimiento científico para orientar las decisiones de gestión. Al fin y a la postre, las aves son uno de los mejores indicadores de las transformaciones de los ecosistemas; su seguimiento nos permite detectar alteraciones en los hábitats, cambios poblacionales y efectos asociados a fenómenos como el cambio climático, la variación de los usos del suelo o la disponibilidad de recursos.

Más de 400 expertos debatirán en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada sobre el destino de nuestra fauna y nuestros ecosistemas. Desde esta columna, como socio y como ciudadano granadino preocupado por nuestro entorno, quiero sumarme explícitamente al concepto y a las valientes acciones que abandera SEO/BirdLife bajo el lema de «Renovables Responsables», una visión que sin duda resonará con fuerza durante las sesiones del congreso. No se trata de un simple eslogan, sino de una exigencia técnica y ética: el necesario despliegue de las energías limpias no puede realizarse a costa de destruir la misma biodiversidad que pretendemos proteger con la transición energética. Las alegaciones sistemáticas y las herramientas cartográficas impulsadas por esta ONG demuestran que la transición ecológica hacia una economía circular y baja en carbono exige rigor científico y un respeto escrupuloso por los hábitats críticos.

Es un buen momento para desmontar relatos interesados. Existe una corriente de opinión de corte rancio y profundamente conservador —que no conservacionista— que ha decidido abrazar una suerte de ecologismo sobrevenido. No nos engañemos: no es conservacionismo, es puro obstruccionismo reactivo y el clásico síndrome NIMBY (Not In My Back Yard / «no en mi patio trasero»). Quienes durante décadas han negado el cambio climático o han querido bloquear las políticas verdes hoy se rasgan las vestiduras ante los aerogeneradores o los huertos solares, no por amor a la naturaleza, sino como una burda estrategia política. La parálisis es un lujo que el planeta no se puede permitir. Negar el despliegue de las renovables es condenar a nuestro territorio a la desertificación y a la pérdida irreversible de su biodiversidad. Necesitamos las renovables, y las necesitamos ya.

Sin embargo, la urgencia no justifica la chapuza, y la provincia de Granada es un claro ejemplo de los riesgos que entraña la falta de planificación del Gobierno andaluz

Sin embargo, la urgencia no justifica la chapuza, y la provincia de Granada es un claro ejemplo de los riesgos que entraña la falta de planificación del Gobierno andaluz. Para superar este bloqueo, la ciencia nos ofrece un concepto clave sobre el que se estructuran los debates del congreso: el cambio global. La crisis climática y la crisis de biodiversidad son las dos caras de la misma moneda. No se puede salvar el clima destruyendo nuestro medio ambiente, incluida la avifauna. Amenazas muy reales planean sobre nuestra provincia. La proliferación de macroproyectos fotovoltaicos ubicados en comarcas sensibles, como los previstos en el entorno de Padul, pone en jaque directo a poblaciones críticas de aves esteparias en peligro de extinción, como el aguilucho cenizo o el sisón. Asimismo, la presión industrial en la ladera de El Fargue, a las puertas de la propia capital y frente al conjunto monumental de la Alhambra (afortunadamente frenada por el movimiento vecinal y ecologista), o la saturación de parques eólicos en algunas comarcas, demuestran que el «todo vale» administrativo está fragmentando los corredores ecológicos, incluidos nuestros cielos.

Pero la respuesta no debe, no puede ser el «no a todo». Debemos entender que bajo el asumido lema de «renovables sí, pero no así», la primera parte de la ecuación es irrenunciable, y eso es exactamente lo que significa la posición de «Renovables Responsables». Necesitamos una planificación vinculante y un análisis riguroso de cada proyecto, caso a caso, pero desde una visión integral del territorio. El despliegue de las renovables debe guiarse por mapas de exclusión basados en la evidencia científica y, sobre todo, por el consenso social y político. Las infraestructuras energéticas deben generar valor allí donde se implantan, no expulsar a sus habitantes ni esquilmar sus recursos económicos tradicionales.

Para lograr este complejo equilibrio y desarmar el obstruccionismo ilegítimo, es el momento de dar un paso normativo audaz: incorporar la Evaluación de Impacto Social (EIS) de manera obligatoria para los macroproyectos energéticos o ante la acumulación de varias iniciativas en un mismo entorno

Para lograr este complejo equilibrio y desarmar el obstruccionismo ilegítimo, es el momento de dar un paso normativo audaz: incorporar la Evaluación de Impacto Social (EIS) de manera obligatoria para los macroproyectos energéticos o ante la acumulación de varias iniciativas en un mismo entorno. Así como medimos el impacto en el agua o en los nidos, debemos evaluar cómo afecta una megainstalación al empleo local, al paisaje cultural, al turismo rural y a la calidad de vida de los vecinos. Cuando una comunidad rural participa de los beneficios económicos y constata que se respeta su entorno patrimonial y natural, el fantasma del conflicto se diluye.

Salgamos de las trincheras del dogmatismo: apostemos por una transición energética ambiciosa y acelerada, pero planificada con lupa y justicia social. Es la única vía para que las renovables sean, de verdad, responsables y dueñas del futuro. El congreso que arranca en la capital granadina es un oportuno recordatorio de que la ciencia debe guiar la política. En este encuentro se abordarán cuestiones tan diversas como la ecología y la evolución de las aves, sus movimientos y migraciones o las nuevas herramientas tecnológicas aplicadas a la investigación. La ciencia sirve para conocer y para conservar. La investigación científica y el seguimiento a largo plazo de las especies, especialmente las aves, resultan fundamentales para anticipar problemas y diseñar medidas de conservación eficaces.

FOTO: Pancarta de una manifestación en Granada en apoyo a las zonas de la provincia sacrificadas por molinos eólicos y megaplantas solares. INDEGRANADA

https://www.elindependientedegranada.es/blog/renovables-responsables