Rocío Mesa vuelve a los ‘Secaderos’ de la Vega granadina que inmortalizó en el cine
La directora participa en un encuentro con varios vecinos de la zona para recorrer los lugares que plasmó en su película y contar algunos secretos
Rocío Mesa, directora de ‘Secaderos’: «Esta película está llena de detalles de Granada»
Cinco años después del rodaje de Secaderos, Rocío Mesa volvió a caminar por algunos de aquellos caminos, alamedas y pueblos que terminaron formando parte del universo de su película. Esta vez no había cámaras esperando una toma ni un equipo preparando la siguiente escena. Había recuerdos, emociones y muchas ganas de volver a mirar una Vega que, durante unas semanas de 2021, se convirtió en un gran escenario cinematográfico.
La jornada, organizada por Secretos de Granada junto a la Plataforma Vecinal Defiende Vegas del Genil, reunió a la directora granadina con varios de los intérpretes que participaron en la película. Entre ellos se encontraban Jennifer Ibáñez, de Vegas del Genil; Eduardo Santana Jiménez, de Cúllar Vega; José Sáez Conejero y Cristina Eugenia Segura Molina, vecinos de Ogíjares y matrimonio tanto en la película como en la vida real; y Pedro, de Armilla. Fue un reencuentro muy especial con una película profundamente vinculada a la propia Vega y a quienes viven en ella.
La mañana comenzó en un escenario difícilmente mejor elegido: el Centro de Interpretación de la Vega de Belicena, uno de los lugares más emblemáticos del municipio y un espacio especialmente apropiado para volver a ver una película que habla precisamente de paisaje, memoria, infancia, transformación y mundo rural. Después de compartir un desayuno, comenzó la proyección de Secaderos, esta vez con el privilegio de tener entre el público a su propia directora y a varios actores de quienes aparecen en la pantalla.
Ver una película así cambia cuando, al terminar cada escena, tienes a pocos metros a quienes estuvieron allí. Lo que normalmente son personajes empiezan a tener nombres reales. Los escenarios dejan de ser simples decorados para convertirse en caminos conocidos. Y pequeños detalles que pasan desapercibidos para el espectador comienzan a adquirir otro significado cuando quienes los vivieron explican qué ocurrió detrás de la cámara.
Tras la proyección el grupo salío caminando desde el Centro de Interpretación hasta el secadero situado en el Camino de los Guacharros, a apenas un kilómetro de la pantalla donde minutos antes se había proyectado ese mismo edificio. Rodeado por campos, acequias y una preciosa alameda, el edificio permanece prácticamente intacto y continúa transmitiendo esa atmósfera tan particular que consiguió captar Rocío Mesa en la película.
El secadero fue construido expresamente para el rodaje y, gracias a la amabilidad de su propietario, Antonio, pudimos acceder a su interior. Allí Rocío Mesa comenzó a reconstruir con palabras aquellos días de grabación y explicó cómo se organizaba el trabajo, dónde se situaba el equipo y cómo se preparaban determinadas escenas. También recordó que durante aquellas semanas tuvieron prácticamente de todo desde el punto de vista meteorológico: días de intenso calor, mucho viento, lluvia y hasta un terremoto que sorprendió al equipo en pleno rodaje.
Caminar por el interior del secadero mientras la directora señalaba lugares concretos permitía imaginar de nuevo algunas de las escenas. Allí se rodaron momentos tan bonitos como la imagen de José y Cristina sentados comiendo cerezas, una de esas escenas sencillas que resumen perfectamente el tono de la película, o las secuencias en las que los niños aparecen en lo alto del secadero mientras se acerca la amenaza de su derribo. Cinco años después, el lugar continúa casi detenido en el tiempo. Y resulta difícil no pensar que ese paisaje podría convertirse también en un elemento cultural y patrimonial de nuestro municipio.
Nico, el monstruo bueno que nació entre las hojas de tabaco
También hubo tiempo para hablar de Nico, el enorme “monstruo bueno” de aproximadamente tres metros que constituye una de las imágenes más sorprendentes de Secaderos. Rocío explicó cómo funcionaba esta criatura, concebida para transmitir ternura y misterio más que miedo, y cómo fue creada por DDT efectos especiales, creadores de la criatura del Laberinto del Fauno.
Escuchar allí la historia de Nico, precisamente en medio del paisaje del que parece haber surgido, hacía todavía más fácil comprender la mezcla de realidad y fantasía que atraviesa toda la película. La directora recordó también que la criatura se conserva actualmente dentro de la colección de la empresa que la creó, especializada en efectos especiales cinematográficos.
Uno de los aspectos más interesantes de las explicaciones de Mesa fue descubrir su particular manera de trabajar con los intérpretes. Buena parte del reparto surgió de un amplio proceso de casting entre personas sin experiencia profesional previa. La directora buscaba precisamente naturalidad, rostros, voces y formas de expresarse que pertenecieran realmente a la Vega.
Los intérpretes conocían la escena y su objetivo emocional, pero el trabajo no consistía simplemente en memorizar palabra por palabra un diálogo. Rocío les marcaba aquello que debía ocurrir y la emoción que necesitaba encontrar, dejando después margen para la improvisación y para que cada uno llevara algo de sí mismo al personaje.
Esa forma de trabajar ayuda a entender por qué muchas de las conversaciones de Secaderos tienen esa sensación de verdad, como si hubieran sido escuchadas cualquier tarde en una casa o en un campo de alguno de nuestros pueblos.

Dentro de ese reparto ocupa un lugar especialmente importante para nosotros Jennifer Ibáñez, natural de Vegas del Genil, que realizó una destacada interpretación en la película. Su participación supone además un vínculo directo entre nuestro municipio y Secaderos. Jennifer pudo recordar durante la jornada aquellos días de rodaje y la profunda relación de la película con un paisaje que ella conoce perfectamente.
El secadero de Belicena, construido en un entorno entre alamedas, acequias y cultivos, es precisamente uno de esos rincones de la Vega cuya singularidad resulta cada vez más difícil de encontrar.
El rodaje también llegó hasta Ambroz, donde participaron vecinos de Vegas del Genil en varias escenas. Algunas de ellas finalmente no aparecieron en el montaje definitivo, algo habitual en cualquier producción cinematográfica, pero forman parte igualmente de la memoria de aquella película y demuestran hasta qué punto nuestro municipio estuvo implicado en su realización.
Una oportunidad cultural que todavía está por explorar
Durante la visita, Rocío Mesa mostraba también cierta sorpresa ante el hecho de que estos escenarios no hayan sido aprovechados todavía como una oportunidad cultural para mostrar esta parte de la Vega.
Secaderos ha llevado estos paisajes a festivales, salas y espectadores muy lejos de Granada, mientras algunos de los lugares en los que se rodó continúan siendo desconocidos incluso para muchos granadinos.
Romilla: volver al secadero de Jennifer y Eduardo
Después, la ruta continuó hacia Romilla, donde el grupo visitó otro de los secaderos utilizados durante el rodaje, situado en las proximidades de la Torre de Roma.
Allí volvieron a tomar protagonismo Jennifer Ibáñez y Eduardo Santana Jiménez, que recordaron cómo se preparó el espacio, cómo se trabajó con el tabaco y de qué manera aquel lugar cotidiano se transformó durante unas semanas en un escenario cinematográfico.
Fue especialmente bonito observar cómo los propios actores iban reconociendo espacios y reconstruyendo recuerdos.
Cinco años pueden parecer poco tiempo, pero regresar a un lugar donde ocurrió algo tan excepcional despierta emociones muy particulares. Las anécdotas iban apareciendo casi solas: dónde estaba alguien durante una escena, qué ocurrió aquel día, cómo se preparó determinada toma o cómo se vivieron aquellas semanas en las que la rutina de los pueblos convivía con el extraño universo de un rodaje.
Valderrubio: de ‘Secaderos’ al universo de Lorca
La siguiente parada fue Valderrubio, donde esperaba su alcalde, Antonio García Ramos, quien acompañó alg rupo a conocer dos espacios fundamentales de la memoria cultural granadina: la Casa de Bernarda Alba y la Casa Museo Federico García Lorca.
Durante unas horas, la ruta cinematográfica se convirtió también en una pequeña incursión por el universo lorquiano y probablemente no haya tanta distancia entre ambos mundos como pudiera parecer. Lorca y Rocío Mesa pertenecen a momentos completamente distintos, pero ambos han sabido mirar a la Vega, a sus pueblos, a sus gentes y a sus silencios para convertirlos en creación artística.

La jornada terminó en otro de los lugares cargados de recuerdos: la casa de José y Cristina en la película. José Sáez Conejero y Cristina Eugenia Segura Molina, matrimonio también en la vida real, regresaban cinco años después al espacio donde interpretaron buena parte de sus escenas.
Allí fue difícil esconder la emoción. Volver al mismo lugar, recordar aquellos días y verse de nuevo dentro de una historia que ha terminado formando parte de sus propias vidas convirtió esta última visita en uno de los momentos más humanos del recorrido.
Quedó pendiente otra localización muy querida por Rocío Mesa: La Paz, anejo de Fuente Vaqueros, un pequeño rincón que la directora describe como uno de esos lugares casi idílicos de la Vega que parecen pertenecer a otro tiempo y que continúan siendo grandes desconocidos. Tal vez esa localización pendiente sea la mejor excusa para volver a organizar una nueva jornada.
Redacción Granada HOY
PORTADA: Foto de familia del grupo delante del secadero de Belicena / GH
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