7 noviembre 2026

GRANADINOS DEL SIGLO XX: JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ-ACOSTA

JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ-ACOSTA Pintor (1878-1941)

ES UNO DE LOS CIEN GRANADINOS DEL SIGLO XX DE  LA SELECCIÓN DE IDEAL

José María Rodríguez-Acosta González de la Cámara nació en Granada el 25 de febrero de 1878 y murió en la misma ciudad el 19 de marzo de 1941. Pertenecía a una familia acomodada, vinculada a la banca y a la actividad empresarial, pero desde muy joven mostró una inclinación hacia la pintura que acabaría convirtiéndose en su principal ocupación.



Comenzó su formación artística en Granada con José Larrocha, a cuyo taller asistía mientras estudiaba en la Escuela de Artes y Oficios. Allí coincidió con José María López Mezquita, con quien mantendría una larga amistad. También cursó asignaturas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada, aunque su interés estaba cada vez más centrado en la creación artística.



En 1899 se trasladó a Madrid, donde continuó aprendiendo junto al pintor Emilio Sala. Sus viajes a París le permitieron conocer directamente las corrientes artísticas europeas de comienzos del siglo XX. Partiendo del paisaje y de la pintura costumbrista, fue desarrollando una obra que evolucionó hacia el simbolismo y el modernismo, con especial atención a la figura humana, el color y la composición.



Los reconocimientos llegaron pronto. En 1904 obtuvo una mención honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes por Pastoral de Longo; en 1906 consiguió la segunda medalla por En el santuario y en 1908 recibió la primera medalla por Gitanos del Sacromonte. Cuatro años después, en 1912, obtuvo una medalla de honor en la Exposición Internacional de Ámsterdam, nuevamente por En el santuario.



Granada estuvo presente en buena parte de su pintura. Los paisajes, las escenas populares y determinados rincones de la ciudad aparecen en sus primeras obras, aunque con los años fue alejándose de la representación costumbrista para interesarse por una pintura más personal.



Sin embargo, el proyecto que acabaría identificándolo especialmente con Granada fue su célebre carmen.



A partir de 1916 emprendió la construcción de un singular conjunto arquitectónico en la colina del Mauror, junto a Torres Bermejas y próximo a la Alhambra. El edificio fue concebido como estudio y espacio personal para sus colecciones, acompañado de jardines, terrazas, patios y galerías. Su construcción y configuración se prolongaron durante buena parte de los años veinte, hasta aproximadamente 1930.



El Carmen Rodríguez-Acosta presenta una combinación de arquitectura, vegetación y espacios abiertos que responde a las preferencias estéticas del propio pintor. Las terrazas escalonadas, los cipreses, las perspectivas hacia Granada y el uso del agua forman parte de una composición que él mismo supervisó.



Antes de fallecer dispuso que su patrimonio sirviera para crear una institución dedicada al fomento del arte, la cultura y la investigación. Así nació en 1941 la Fundación Rodríguez-Acosta, establecida en el mismo carmen.



Con el tiempo, la institución incorporó nuevos fondos, entre ellos el legado relacionado con Manuel Gómez-Moreno, historiador y arqueólogo granadino, que dio lugar al Instituto Gómez-Moreno y a su correspondiente museo.



La Fundación ha continuado desarrollando actividades culturales, conservando sus colecciones y manteniendo abierto uno de los conjuntos arquitectónicos más conocidos de Granada.



Precisamente en 2026 se han producido novedades que merecen incorporarse a su biografía. El 1 de septiembre se anunció la reapertura de las visitas públicas tras diversas intervenciones de conservación. Las actuaciones realizadas en el Museo Gómez-Moreno permitieron mejorar las condiciones de sus salas y triplicar la capacidad expositiva de uno de sus espacios dedicados a piezas arqueológicas.



Pocos días después llegó otra noticia. El 9 de septiembre se formalizó ante notario la donación de dos pinturas del artista, procedentes del patrimonio familiar de Francisco Peñalver Rodríguez-Acosta. Una de ellas representa Torres Bermejas y la otra una figura femenina. Ambas pasaron a enriquecer los fondos de la institución.



Ochenta y cinco años después de su fallecimiento, el carmen continúa cumpliendo la finalidad cultural que Rodríguez-Acosta quiso darle. Su pintura permanece repartida entre museos y colecciones, mientras que el edificio que levantó sobre el Mauror sigue siendo uno de los testimonios más personales de su relación con Granada.