«Carroña pura» por Juan de Dios Villanueva Roa
Vivimos ya en el tiempo de las distopías, en el que esta sociedad se auto fagocita y mira para otro lado, en la que todos conocen quién los está perjudicando como sociedad, pero no les importa, porque buscan su beneficio como individuos, incluso a pesar de que con esa actitud saben de la injusticia que se está produciendo.
Tiempo en el quienes lo tienen todo ansían tener mucho más; en el que su dominio sobre mentes ajenas las enferma al hacerlas pensar que en su apoyo encontrarán niveles semejantes de riqueza, de logros personales, con ambiciones ilimitadas e infundadas, porque quien tiene todo no da nada. Y lo saben.
A veces los astros convergen y producen fenómenos que otrora anunciaban cataclismos, males mundiales, pandemias, guerras, sufrimientos de los que solo salían indemnes los poderosos, que después morían como todos, pero hartos de todo. Pensaban en la posteridad como el logro que los haría pervivir eternamente. Ni Atila, Nerón, Hitler, entre los más sonados, viven entre nosotros, aunque todos sabemos de sus barbaridades, producidas porque quienes convivieron con ellos se lo permitieron. Un hombre solo jamás podrá conquistar el mundo, además, para qué.
Estamos en una época en la que los astros parecen converger, y de seguir así ya sabemos lo que nos espera, la historia está ahí. Y si eso ocurre será por los secuaces que desde dentro de las sociedades los apoyan, los siguen y buscan su propio alimento a través de la adoración de sus jefes. Era difícil creer que descendientes de víctimas de genocidios se convirtiesen en genocidas apenas setenta años después; que quienes pretendieron guerras los apoyaran de forma irreverente; que la masa siguiera a gentes como Trump, salvo por una circunstancia: en la masa el pensamiento se diluye y queda constreñido a las ambiciones básicas e inhumanas, carroña pura.