17 septiembre 2026

DEFENDER LA SANIDAD PÚBLICA: UNA REIVINDICACIÓN HISTÓRICA (Esas pequeñas cosas)

 Todos los viernes, a las 8 de la mañana, vecinas y vecinos de Atarfe, así como de otros municipios colindantes, nos concentramos delante de la puerta del centro de salud para reclamar que “la sanidad no se vende, la sanidad se defiende”. Palabras que significan mucho en estos tiempos de recortes sociales, en los que derechos que pensábamos consolidados para siempre se tambalean.

Todos los viernes recuerdo la Huelga General de Estudiantes que se convocó en 1972 en todas las universidades españolas. Los estudiantes luchábamos por la retirada de la Ley General de Educación, que para nosotros era una ley clasista que imposibilitaba a la juventud de los sectores populares el acceso a los estudios universitarios. En un contexto dictatorial, también reclamábamos la libertad para los estudiantes detenidos y el sobreseimiento de los consejos de guerra contra algunos de ellos. Por aquellos tiempos negros del franquismo, que un estudiante varón fuera detenido, si ya estaba “llamado a filas” o se encontraba haciendo el servicio militar, podía ser causa para iniciarle un consejo de guerra, ¿entenderían, ahora, los jóvenes, qué significaba dicho proceso?

Pues bien, en la plataforma reivindicativa de aquella sonada Huelga General de Estudiantes de 1972, el punto número cuatro era “Sanidad al servicio del pueblo”. Los jóvenes éramos conscientes de la sustancialidad de esta reivindicación, tenía que ver con nosotros, con la felicidad de nuestras familias y su carácter imprescindible si queríamos pensar en un futuro mejor. Sólo contábamos con algunos retazos de lo que hoy llamaríamos un Sistema Público de Salud Universal y de calidad.

Luchas posteriores nos acercaron a este objetivo tan deseado y, ahora, en tiempos de liberalismo extremo, volvemos a la premisa decimonónica de que la salud es un bien privado, no público, un derecho que cada quien debe agenciarse según sus recursos; y todo lo que se proyecta desde las instituciones políticas rectoras tiene ese tufo de volver a la “beneficencia” para la mayoría (lo cual se consigue cruelmente reduciendo recursos) y a un sector de sanidad privada para quien pueda pagarla.

Los derechos que no se defienden, irremediablemente se pierden, es una constante histórica. Por eso es inapelable que nuestra obligación como ciudadanía sea seguir luchando para frenar los procesos de privatización en curso, proyectando al mismo tiempo un futuro de mejoras que contemplen las necesidades del tiempo presente, en los marcos del tiempo presente, en el que aumentó la esperanza de vida y la población y sus necesidades se volvió más compleja.

También debemos hacerlo por respeto y reconocimiento a los que todo lo arriesgaron en el pasado, como aquellos estudiantes de 1972, que levantaron la bandera de una “Sanidad a servicio del pueblo”.

Son esas pequeñas cosas…