24 octubre 2026

PREGÓN 1989 PRONUNCIADO POR JOSÉ LUIS DE MENA Aatarfe no es un pueblo de ayer ni de hace unos siglos.

Atarfe no es un pueblo de ayer ni de hace unos siglos. Bajo las rocas agrestes de Sierra Elvira, donde se ubica, y en el entorno de su hermosa vega verde, se han venido asentando poblaciones de las más variadas razas y civilizaciones. El hombre primitivo ya tuvo su hogar en estas tierras, como después lo poseerían iberos, túrdulos, romanos, godos y, durante siglos, los árabes, que darían nombre, ubicación definitiva y urbanismo a la actual ciudad.

Son bastantes los historiadores que aún defienden la teoría de que Atarfe fue la sede de la primera Granada árabe, allá por el siglo X. Y la propia ciudad, fue de las últimas en capitular ante la potencia militar y política de los Reyes Católicos, poco antes de la definitiva toma de Granada.

Industriosa, desde antaño, poseyó una economía floreciente no sólo durante la época musulmana, sino en los siglos siguientes a la integración en la España cristiana.

En Atarfe se montaron modernas factorías de alcoholes, de azúcar y de productos químicos, y llegó a ser una potencia industrial durante décadas. Luego, con la decadencia fabril, varias de estas factorías cerraron, y aun nos subsisten sus muros, sus chimeneas, sus plantas… Son como viejos monumentos que nos hablan de otros tiempos, de otras concepciones de la industria, del desarrollo.

La hermosa Vega que bordea la población fue siempre ejemplo de una buena explotación agraria. Sus alamedas, sus huertos, sus frutales, sus cultivos industriales, como el tabaco y la remolacha, dieron un matiz especial a su agricultura muy desarrollada. Junto a ella, surgió hace ya muchos años, una industria alimentaría, basada en las azucareras, en las harineras, en las aceiteras. 

Agricultura e industria se complementaron. Y si tales cultivos programaron ciertas actividades fabriles, otras veces eran las empresas industriales las que promovían tal o cual cultivo para sus factorías. Muestras de tales fábricas aun se elevan en la zona: unas, en funcionamiento; otras, como vestigios de una época inolvidable de economía y cultura.

Más Atarfe, pese a sus vicisitudes económicas, pese al cierre de determinadas de sus factorías, no ha quedado muerta. Porque sus gentes siguen siendo activas, emprendedoras, trabajadoras. Por eso han sabido evolucionar, y donde se perdió un medio de riqueza, se supo crear otro nuevo, sustitutorio, con perspectivas para nuevos tiempos.

Por todo ello Atarfe ha continuado su tradición fabril, su tradición de una hermosa agricultura, y su tradición comercial y de servicios. Pero además de todo esto, Atarfe es vida. Y esa vida la forman sus gentes, alegres y hacendosas, siempre animadas; y esa vida la ofrece un singular paisaje, tanto urbano como campestre. Y esa vida la constituyen tradiciones y costumbres, que no se pierden, pese a nuevas modas y a la vida actual.

Pasear por las calles céntricas de la ciudad es un disfrute, con sus edificaciones clásicas, sus antiguas casas señoriales, su templo parroquial, sus placetas encantadoras. Sin llegar a ser lo que se dice una localidad  monumental, es, sin duda, una población atractiva, que gusta al forastero y que recrea al ciudadano propio. nuevas zonas de jardinería y de expansión, están bien conjugadas con su parte tradicional, y forman ese todo que es la ciudad atarfeña.

Y su entorno es algo maravilloso. Si subimos a la cima de Sierra Elvira, desde la ermita de los Santos Juanes, se divisa una panorámica indescriptible: arriba, casi en el cielo, las cumbres de Sierra Nevada, y más abajo, en escalones gigantes, las de las sierras de la Alfaguara y Harana. Como telón de fondo, la propia ciudad granadina, con la Alhambra y sus torres, con su morisco Albaicín y su Sacromonte, con las siluetas de sus templos y palacios.

Y abajo, la hermosa Vega, surcada por el Genil y sus riachuelos, plena de verdor en sus huertos y en sus campos. Es Atarfe, una parte de ella, como lo es del paisaje la férrea línea gris, por la que discurren los trenes multicolores.

Todo el entorno es idílico, pleno de explosión de colores, es verdaderamente atractivo. Y desde estas  cumbres geológicamente viejas, bajo las que discurren aguas termales que descienden hacia profundas simas, rodeados de ásperas rocas que contrastan con los suaves huertos, se nos invita a pensar, a recordar, miles de años de historia que desfilan hasta el presente; el paso de hombres y de culturas, el desfile de generaciones; las tierras vividas por primitivos, por romanos, por árabes y por caballeros cristianos; las gestas impresas o bien las anónimas de los cantares del pueblo.

Desde allí se vive,se toca el sano aire, el cielo puro y azul, las rocas grises y marrones, los verdes de las praderas y de los huertos esmeralda. Esta es Atarfe, que tradicionalmente fiel a la agricultura, a la ciencia y a la técnica, ha sido y sigue siendo lugar de ubicación de centros de estudios y de investigación de nuestro agro. Esta es Atarfe, la de ayer, la de hoy, la que se proyecta hacia el futuro.

Pregón 1989

Artículo editado por Corporación de Medios de Andalucía y el Ayuntamiento de Atarfe, coordinado por José Enrique Granados y tiene por nombre «Atarfe en el papel»