«El negro Paco» por Juan de Dios Villanueva Roa
Ya, que parece poco aceptable, pero es la realidad. Paco es un joven nacido en el centro de África, adoptado por unos padres que por encima de todo querían serlo, y cuyo primer nombre es Francisco.
De niño él iba a su aire, pero cuando los años comenzaron a sumar, el joven reflexionaba sobre sí mismo y sus circunstancias. Y en una de estas, se dirigió a su padre, del que había tomado el nombre, y con toda la gravedad posible le dijo: Papá, tela tiene que en este país haya un negro que se llame Paco. El padre, sorprendido, le contestó: Hijo, la misma tela que un blanco de este país que se llama Paco, y encima es tu padre. Hasta aquí la anécdota. Paco es modelo, alto, guapo, inteligente y orgulloso de su esencia, como debe ser. Y de sus padres, como ellos de él y de su hermano, quien, aunque no se llama Paco, también es negro.
Y es que el color de piel no es una elección. No es una opción (aunque Michael Jackson lo quisiera de otra forma). Tampoco es la estatura ni el color de los ojos. Y mucho menos el lugar de nacimiento. Por eso, no entiendo a esas gentes que se empeñan en catalogar a otras gentes. Alguien debió imprimirles en alguna neurona que en España hay que ser blanco, porque de lo contrario la vida te la ponen cuesta arriba. Cada día que camino por las veredas de la vega veo a decenas de personas trabajando nuestros campos. Casi ninguna responde en su color ni origen a los parámetros marcados por estos españolísimos que consideran la piel elemento principal para compartir sociedad, pero que luego comen calabacinos, tomates, judías y melones sin considerar el color de las manos que los arrancaron de la tierra. Pena de neurona. Pronto los curarán, enseñarán, atenderán desde un arco iris de igualdad de piel hacia los adentros.