18 octubre 2026

35 años del Colectivo de Mujeres AURA de Atarfe

Hay algo profundamente emocionante en descubrir que la historia de tu pueblo tiene el rostro de personas a las que has conocido toda la vida. Que detrás de los grandes cambios no siempre hubo grandes discursos. Que, a veces, las revoluciones comenzaron con un grupo de mujeres sentadas alrededor de una mesa, compartiendo sus preocupaciones, sus sueños y sus ganas de vivir de otra manera.

El pasado miércoles, 14 de octubre, tuve la inmensa suerte de asistir a la celebración del 35 aniversario del Colectivo de Mujeres AURA en el Centro Cívico «Almudena Grandes». Una de esas tardes que te hacen descubrir lo extraordinario que puede esconderse detrás de las personas más sencillas.

Yo todavía no había nacido aquel 26 de junio de 1991, cuando un grupo de mujeres decidió dar un paso al frente y fundar la primera asociación de mujeres de nuestro municipio. No conocí aquel Atarfe, pero la vida me ha dado la oportunidad de conocer a muchas de sus protagonistas y de descubrir, a través de sus historias, a otras que ya no están entre nosotros.

Me gusta imaginar aquellas primeras reuniones en la terraza del bar «Chicote», donde Paqui Fuillerat, Carmen Pérez y Ana Jiménez comenzaron a compartir una inquietud que acabaría convirtiéndose en algo mucho más grande. No debió de ser fácil abrirse camino en una época en la que todavía había quienes miraban con recelo que las mujeres se organizaran para defender sus derechos. Pero lo hicieron. Y con ellas llegaron muchas otras que encontraron en AURA un espacio propio y seguro.

Mujeres como Alicia Calero, Conchi Díaz, María Rosa García, Cele Costela, Rosa María Boullosa, Encarnita Agustín, Mari Jiménez, Mari Ángeles Molina o Felisa Sierra, entre tantas otras que han dedicado parte de sus vidas al compromiso colectivo y cuyo recuerdo merece permanecer vivo.

Treinta y cinco años después, AURA sigue representando mucho más que una asociación: encuentros, actividades, reconocimientos como el Premio Mujer AURA y, sobre todo, los vínculos que se han ido tejiendo entre generaciones de vecinas. Hoy, como Concejal de Participación Ciudadana, siento un orgullo difícil de expresar al pensar en todo lo que aquellas mujeres han aportado a nuestro pueblo. Porque Atarfe también se ha construido gracias a personas que decidieron implicarse en la vida de los demás.

Quizá por eso, mientras escuchaba aquellas historias, no podía evitar pensar en las mujeres de mi propia familia. En mis bisabuelas, Encarna «la Niña de la Abuela», Adela «la del Recobero» y María Luisa «la Pintora», nacidas a comienzos del siglo XX y marcadas por una época de guerras, renuncias y sacrificios.

En mi abuela materna, Bernardina Ramos, que apenas había llegado al mundo cuando la Guerra Civil le arrebató a su padre. Una ausencia que la acompañó toda su vida y que convivió con la extraordinaria bondad de una mujer siempre dispuesta a cuidar de los suyos y tender la mano a quien más lo necesitaba.

Y en mi abuela paterna Encarnita, «la del Negías», que afortunadamente sigue acompañándome. Una mujer que ha sabido compartir su vida con un gran hombre sin dejar de ser una gran mujer por sí misma. Que ha caminado a su lado, de igual a igual, sin renunciar nunca a su carácter ni a su propia manera de entender la vida.

Mujeres distintas, con vidas y circunstancias diferentes. No sé cuántos sueños guardaron para sí mismas ni cuántas cosas habrían querido hacer y no pudieron. Pero sí sé que una parte importante de quien soy se la debo a ellas, a sus enseñanzas y a esa forma de querer que tantas veces se expresaba más con hechos que con palabras.

Aquella tarde comprendí que, en el fondo, estaba escuchando una historia que también me pertenecía. Porque el camino que abrieron las mujeres de AURA estaba unido al de tantas otras que, como las de mi familia, afrontaron las dificultades de su tiempo con valentía, esfuerzo y una fortaleza que quizá nunca lleguemos a comprender del todo.

Me emociona pensar que aquellas mujeres que fundaron AURA quizá nunca imaginaron lo que su iniciativa llegaría a significar para nuestro pueblo.

Ojalá pudieran verse por un instante como las vemos quienes hemos tenido la suerte de conocerlas.

Ojalá las que ya no están pudieran escuchar el cariño con el que hoy pronunciamos sus nombres.

A todas las mujeres de AURA, a quienes dieron los primeros pasos, a quienes mantienen viva la asociación y a aquellas que permanecen en nuestro recuerdo, gracias. Por su valentía, por su generosidad y por enseñarnos que, a veces, basta con que unas amigas se reúnan en la terraza de un bar y se atrevan a soñar con una vida diferente.

Porque hay mujeres que quizá nunca pensaron que estaban haciendo historia. Pero hicieron algo todavía más hermoso: hicieron posible que las generaciones siguientes pudieran vivir una historia diferente.

Feliz 35 aniversario al Colectivo de Mujeres AURA.

FOTO: PREMIADOS EN LA CELEBRACIÓN