21 octubre 2026

‘El Palacio de nunca jamás’ por Agustín Martínez

Érase una vez un Palacio de ensueño, construido en la ciudad más maravillosa del reino, a un tiro de piedra del paraíso nazarí, a la vera del río que inspiró alguno de los versos más hermosos de Lorca, destinado a albergar citas del máximo nivel en todos los campos del saber, los mejores conciertos y recitales, las ferias más atractivas. Un palacio para hacer más grande aún a una ciudad inigualable.

Pareciera que todo estaba encarrilado para que ese Palacio se convirtiera en la joya de la corona de esa ciudad y junto con la inigualable Sierra Nevada, el Parque de las Ciencias y ese hada benefactora y todopoderosa que era la Universidad, completara el diseño para catapultarla al lugar que le correspondía por su historia, sus méritos y su talento.

Y es que Granada tiene una habilidad extraordinaria para convertir sus oportunidades en problemas, sus fortalezas en quebraderos de cabeza y sus grandes proyectos en monumentos a la incompetencia. Si además cuenta con un equipamiento capaz de generar empleo, atraer visitantes, llenar hoteles y proyectar internacionalmente la ciudad, entonces ya podemos estar tranquilos: nuestras administraciones encontrarán la manera de complicarlo todo hasta ponerlo al borde del precipicio. El Palacio de Congresos es el mejor ejemplo de esta especialidad tan granadina.

Hay que tener talento para disponer de uno de los mejores palacios de congresos de Andalucía por capacidad, ubicación y versatilidad y conseguir que, en lugar de funcionar como una locomotora económica, amenace con echar el cierre

Porque hay que tener talento para disponer de uno de los mejores palacios de congresos de Andalucía por capacidad, ubicación y versatilidad y conseguir que, en lugar de funcionar como una locomotora económica, amenace con echar el cierre. No por falta de posibilidades, ni porque Granada carezca de atractivos, ni porque no exista un sector turístico y empresarial dispuesto a aprovecharlo. No. El peligro nace de esa combinación explosiva de descalzaperros administrativos, desencuentros entre instituciones, concesionarios que entran y salen y responsables públicos que parecen confundir la gestión con una interminable partida de ping-pong en la que nadie quiere quedarse con la pelota.

Según el panorama que se dibuja para su futuro, apenas quedan poco más de dos meses para que este escaparate de la ciudad pueda terminar convertido en un gigantesco «cerrado por incompetencia». Sería un reclamo turístico originalísimo: venga a Granada, visite la Alhambra, disfrute de nuestras tapas y contemple cómo sus gobernantes consiguen inutilizar uno de los instrumentos más valiosos para el desarrollo económico de la provincia.

El Ayuntamiento de Granada y la Junta de Andalucía llevan demasiado tiempo enredados en un tira y afloja que, a estas alturas, tiene mucho de sainete y demasiado poco de responsabilidad institucional. Cada cual parece disponer de sus razones, sus condiciones, sus reproches y su particular interpretación del problema. Lo que escasea es algo bastante más sencillo: una solución definitiva, un proyecto compartido y la voluntad de dejar de utilizar el Palacio como campo de batalla para convertirlo, de una vez, en un instrumento de futuro.

Y mientras los despachos se llenan de papeles, reuniones y declaraciones, las instalaciones necesitan cuidados, inversiones y mantenimiento. Porque los edificios no se conservan con ruedas de prensa, ni las goteras se reparan mediante declaraciones de buenas intenciones, ni los equipamientos estratégicos sobreviven eternamente a base de parches. La desatención tiene un precio, y lo terminan pagando la ciudad, sus trabajadores, sus empresas y todos aquellos que podrían beneficiarse de la actividad que el Palacio debería generar.

Junta y Ayuntamiento comparten la responsabilidad de un consorcio que es propietario del Palacio. No pueden ahora hacerse los sorpendidos como si el problema les hubiera caído del cielo, porque llevan años sentados a la misma mesa. Si el modelo de concesión no funciona habrá que corregirlo. Si el adjudicatario incumple habrá que exigir responsabilidades. Y si las administraciones han cometido errores, tendrán que cargar con las consecuencias. Lo que no vale es convertir cada discrepancia en una prórroga de la agonía.

Granada no puede permitirse semejante lujo. Cada congreso que se celebra genera actividad en hoteles, restaurantes, comercios y empresas auxiliares. Cada encuentro profesional contribuye a proyectar una imagen de ciudad dinámica y preparada, pero cada oportunidad perdida beneficia a otros destinos que probablemente no necesiten ser más atractivos: les basta con ofrecer seguridad, continuidad y una gestión política que no parezca firmada por los Hermanos Marx.

Gobernar no consiste en hacerse fotografías cuando llegan los congresos, sino en garantizar que puedan seguir llegando

A estas alturas, los ciudadanos están bastante hartos de asistir al espectáculo de las administraciones que anuncian grandes estrategias mientras fracasan en lo elemental. Gobernar no consiste en hacerse fotografías cuando llegan los congresos, sino en garantizar que puedan seguir llegando. Tampoco consiste en repartir culpas cuando las cosas se tuercen, sino en resolverlas antes de que el daño sea irreversible.

El Palacio de Congresos necesita un futuro, no otra comisión, una gestión solvente, no otra guerra institucional. Mantenimiento y planificación, no una nueva colección de excusas.

Porque si termina cerrando, nadie podrá decir que fue una fatalidad. Será el resultado de decisiones, omisiones y años de desencuentros perfectamente evitables y entonces podremos inaugurar una nueva especialidad turística: el turismo de la incompetencia. Con una ventaja sobre cualquier otro destino: en Granada no hará falta comprar entrada. Bastará con preguntar quién era el responsable de mantener abierto el Palacio.

Artículo de Opinión por Agustín Martínez

‘El Palacio de nunca jamás’

Política – Agustín Martínez – Jueves, 15 de Octubre de 2026

 
Con claridad meridiana, Agustín Martínez aborda la situación del Palacio de Congresos de Granada. Para leer y compartir.
 
FOTO: IndeGranada archivo. Palacio de Congresos de Granada.