«BAILEMOS AL SON QUE NOS TOCA» por Fran López
La música electoral comienza a entonar su melodía en un horizonte cada vez más cercano. A lo lejos retumban los tambores de la ultraderecha y Feijóo los ve venir mientras pedalea del revés en la bicicleta donde afila su fouciño para cuando llegue la hora de la siega.
Mientras tanto, en la otra orilla, la izquierda vuelve a enredarse con sus instrumentos. Cada cual defiende su partitura, todos parecen tener razón y, sin embargo, nadie consigue que aquello suene como una orquesta. Y yo me pregunto: ¿vamos a seguir perdiendo un tiempo que no tenemos?
Estos últimos días no dejo de ver, escuchar y leer a tertulianos, periodistas y ciudadanos de a pie lamentándose por la unidad que nunca llegó a la izquierda del PSOE. Algunos han empezado ya a repartir culpas, como si encontrar al responsable de la ruptura pudiera recomponer lo que ya está roto. Y qué quieren que les diga: ya cansa. En su momento fui de los primeros en decepcionarme. También me habría gustado otro desenlace. Pero una cosa es lamentar lo que pudo ser y no fue, y otra muy distinta quedarse a vivir en ese lamento.
Quizá haya llegado el momento de dejar de mirarnos las heridas y empezar a trabajar por un fin común. Hay tiempo. Y, si conseguimos revertir el pesimismo de la realidad con el optimismo de la voluntad, todavía es posible cambiar las cosas. Dejemos de enrocarnos y pongámonos a trabajar en una campaña electoral que consiga movilizar al electorado y batir récords de participación.
Ellos tienen la cara al sol y el culo a la luna, pero nosotros todavía podemos bailar al son del «no pasarán». Dejemos de conformarnos con la consigna y convirtamos las palabras en realidad.
Pocas cosas me harían sentir más patriota y orgulloso de mi país que conseguirlo. Si logramos movilizar a ese electorado que observa con decepción, cansancio o desconfianza las disputas de quienes deberían ofrecerle una alternativa, tendremos mucho ganado. Hay que salir a buscar a quienes se han quedado por el camino, convencer a quienes han dejado de escucharnos y demostrar que, pese a todo, merece la pena seguir empujando en la misma dirección.
Así que reescribamos la partitura y pongámonos todos a tocar. Vamos a afinar nuestros instrumentos, a aceptar que no todos tocamos con la misma armonía y a aprender a bailar con la música de nuestras discrepancias. Bailemos, pues. Bailemos al son que nos toca. Todavía estamos a tiempo de cambiar la melodía, pero para eso primero tendremos que dejar de discutir sobre quién desafinó.
¡Sí se puede! Estamos a tiempo.