¿Quién destroza más el patrimonio de Granada: los alcaldes/as, los arquitectos o los promotores? PARTE 3
continuación Granada: los alcaldes/as, los arquitectos o los promotores? PARTE 2
Una posible solución sería recuperar las antiguas comisiones de patrimonio o comisiones de ornato independientes. En origen fueron órganos consultivos de expertos, sin ninguna implicación ni intereses creados en las administraciones. Vigilaron, denunciaron e intentaron vetar agresiones y destrozos. Opinaban de construcciones, demoliciones, ornato, arbolado e incluso de adornos de escaparates, farolas y decoraciones del Corpus. Hasta que se volvieron incómodas al poder político y acabaron eliminándolas. Pero, en ausencia del silencio ciudadano actual y el pesebrismo de los medios de comunicación, no estaría de más resucitarlas desde otras instancias ciudadanas. O en las juntas de distrito. De manera separada de los partidos políticos gobernantes. Para que ediles y promotores no le sigan clavando más puñaladas a esta sufrida ciudad.
Ya lo escribió Ganivet hace justo ciento treinta años: «Mi Granada no es la de hoy: es la que pudiera y debiera ser, la que ignoro si algún día será».
RECORRIDO GRÁFICO, PARA REFRESCAR LA MEMORIA
Pilar de Fuentenueva, actual calle Santa Bárbara. Principios del XX. El pilar desapareció en los años cuarenta (parte está en la Cuesta del Realejo). La portada del Refino, del XVII, desapareció. Y las casas del XVII-XVIII se convirtieron en bloques de ladrillo visto, que eran mucho mejores y más modernas.
Foto cenital centrada en las huertas de Capuchinos. Estaban intactos el Cercado bajo de Cartuja (los ajeros) y San Lázaro (los cebolleros). La Facultad de Medicina estaba prácticamente acabada. Los terrenos de la plaza de Toros fueron permutados por los jardines de abajo, junto al bulevar de Calvo Sotelo. Las “huertas” tienen una de las mayores densidades de población de Granada.
Vista aérea del centro de Granada. Años cuarenta. Se aprecia la enorme cala abierta en el corazón de la ciudad para construir la Gran Vía. La plaza de Toros era de 1880; después empezó a ser ocupado el resto del ejido de la Merced o del Triunfo. Aquí todavía se ve sin construir el edificio de Hacienda y los jardines del Triunfo intactos. Se conservaba cierta homogeneidad.
La fila de casas frente a San Juan de Dios se reconvirtió en bloques de pisos de seis y siete alturas. Sus ocupantes se quejan del dolor de oídos cuando repican las campanas. La mediana con la esquina de San Jerónimo parece el punto y la i.
La placeta de San Antón dejó de existir. También toda la acera de la izquierda de las Arrecogidas, incluido el reformatorio. La vía pasó a tener diez metros de ancha y los bloques la flanquean, el doble. Por lo menos.
La acera izquierda de Recogidas, con el colegio Calderón a la izquierda, mantenía sus construcciones tradicionales. Mientras, en la acera de enfrente empezaban a crecer los bloques altos. También al llegar a su confluencia con el Camino de Ronda; los bloques de ocho alturas lindaban con los huertos, aunque faltaba poco para seguir la línea de canales hasta Neptuno.
No hay mala arquitectura que la vegetación no esconda. Esta era la Plaza Mariana Pineda a finales del XIX, cuando el fotógrafo García Ayola puso su estudio en la casa neomudéjar, delante del torreón de Bibataubín. Famosa casa por ser de La Tortajada. El caserío era del XVIII-XIX. Hoy, esta plaza es una de las mayores vergüenzas del urbanismo local: solamente el edificio del café Fútbol (relativamente reciente) ha mantenido la estética regionalista; el resto de bloques son propios de otras capas de cebolla de la ciudad moderna.
En las narices del alcalde. Justo frente al Ayuntamiento, sin que se enterara el primer edil. En los años cuarenta fue eliminado el callejón de Cobas, su espacio se le añadió a Reyes Católicos y surgieron los dos edificios de arriba. Tres décadas después fueron demolidos la casa del Café Royal y el hotel para dar paso a esta rareza en la Plaza del Carmen.
Años cincuenta a setenta. Los antiguos campos del Jaragüí, por debajo de los callejones de Gracia, eran campos de ajos y patatas. En Tío Cohíba empezaba a relamerse para macizar la vega. Surgieron las construcciones masivas, sin apenas espacios verdes y calles poco anchas, hasta que les puso freno la Circunvalación. Ya en la década de los ochenta.
La Huerta de San Vicente se salvó de milagro, porque la adquirió el Ayuntamiento. Está inserta en la única gran zona verde del barrio más populoso, rodeada de bloques de hasta diez plantas.
Estación de ferrocarril desde el Carril de la Lona, en 1962 y en la actualidad. Bloques como puñales saltaron el Camino de Ronda y se clavaron en la Vega. Y seguirán hasta que no los frene la circunvalación y las azucareras de Bobadilla.
La casa de los monos o palacete del doctor Fermín Garrido. El romanticismo en la esquina par de la Avenida de Andaluces. Un bloque moderno se lo llevó por delante. Y, frente a él, la torre Dibesa, otro adefesio de los años setenta.
El último palacete de la calle Alhamar, en el barrio de Matías Fernández-Fígares. Arriba, cuando todavía no le habían crecido los enanos a los lados. Debajo, comparativa de 1999, poco antes de ser derribado, y el moderno bloque hostelero que le sustituyó.

No sólo cayeron los palacetes de Fígares, también han ido cayendo poco a poco las casas de viviendas de tres alturas. Ya van quedando pocas de las 137 que diseñó y construyó Matías. Esta estructura ha sustituido el pasado verano a la única que quedaba en la calle Alhamar de los años veinte y treinta del siglo pasado. Apreteu, apreteu, que son pocas y huyen.

El entorno de Seminario de Cartuja en los años cuarenta, todavía rodeado de olivares, viñedos y granjas. El Cercado Bajo era un caserío armonioso hasta el Seminario. El resto de la ciudad también se ve homogéneo. Pero al fondo ya se adivina la traza del Camino de Ronda, donde empezaban a crecer los que eran bloques exagerados de viviendas. Después llegaría lo peor, con la proliferación de torres altas en la Avenida de Constitución y el puñal más grande que tiene clavada granada: la reciente torre de San Lázaro. ¡Hasta ahora!

Ni el Albayzín se ha librado. En las últimas décadas ha cambiado bastante su fisonomía, sin que apenas hayamos reparado en ello. Esta calle era y es el Camino Nuevo de San Nicolás.

En el Carril de la Lona estaba el carmen de las Maravillas, con su graciosa torre y la casa baja. Fue lugar de frescos jardines y primer colegio mayor Albayzín, del Opus Dei. Claro exponente de la ruina provocada en los últimos años ochenta, que ha modificado el paisaje notablemente. Ahora están con prospecciones arqueológicas en su solar; han aparecido restos de la muralla zirí y de dos torres. El arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera anuncia sorpresas de épocas romana y zirí. El proyecto de reconstrucción de lo que había lleva décadas atascado. Y las que le quedan.

La casa de los Siete Moros, con fachada a la calle Molinos y trasera al Campo del Príncipe. La sustituta no le gana en altura, pero sí en fealdad.

San Lázaro en los años cuarenta y 1962. Todavía estaba casi intacto el barrio, con su fábrica de losetas y botijos de Torres y López. Pero ya se empieza a ver el acoso de los bloques en los límites del barrio de los famosos cebolleros.
Así era la Avenida Calvo Sotelo (Constitución actual) cuando se preparaba el solar para levantar la residencia sanitaria Ruiz de Alda. Con sus tranvías de ida y vuelta a cocheras, Santa Fe y Pinos Puente. Sus casas eran de cuatro alturas. Con su arbolado característico. Debajo, la nueva calle, con bloques modernos comiéndose lo mejor de San Lázaro y los jardines del Triunfo. Por cierto, contaba el concejal Manuel Orozco que la mayoría de los bloques a partir de Hacienda habían sido construidos con licencia “oral” de obras.
Así estaba el entorno de San Jerónimo en 1962. Después ha sido rodeado de edificaciones y añadida la torre que desmontaron los francesas. Su entorno residencial no es de lo peor que fue construido en la ciudad en el tercio final del siglo XX. Esta visión desde la antigua facultad de Farmacia es hoy imposible. FOTO PEPE ROMERO.
Avenida Calvo Sotelo en los setenta. Empezaban a crecer las torres del Hotel Luz y ya había sido eliminada la casa de los monos. Pero todavía faltaban las torres de Dibesa y la del principio de Doctor Olóriz. Sobrevivía el restaurante-gasolinera de la Caleta. FOTO AHMGR.

Un año más tarde, el merendero de la Caleta estaba cerrado. Los bloques Presidente se lo comían irremisiblemente. Era ya muy entrada la Transición.


Otros ejemplos escandalosos de dientes de vieja, en el Violón-Poeta Manuel de Góngora. No se libra ningún barrio de Granada.

El arbolado se ha disparado en el casco antiguo. No sólo sirve para tapar desmanes en Mariana Pineda y Trinidad. También esconde fachadas sobresalientes de la Gran Vía. Una equilibrada combinación de sombra y contemplación de edificios sería más correcta.

De todos los tiempos y todos los alcaldes. Esta obra reciente ha acabado por desnaturalizar el que fue carmen de Rolando, en la carretera de Murcia.

Ejemplo de buen gusto. En Santa Ana, 1 y 2, ha sido rehabilitado recientemente el edificio de la derecha y reconstruido el que linda con la calle Aire. Se ha mantenido exactamente el mismo volumen para no agobiar la esquina de la Real Chancillería; no ha sido rematado con adornos similares a su vecino para que se vea que es una reposición moderna. En los años setenta seguro que habría alzado varias plantas más.
La documentación gráfica y mejora de imágenes es obra de Luis Ruiz Rodríguez.


















