«Por qué le temo a esta derecha» por Alberto Granados

«Por qué le temo a esta derecha» por Alberto Granados

Esta apresurada entrada surge de una polémica mantenida en mi perfil de Facebook con un querido amigo de mi infancia, al reproducir yo un titular en que Moreno Bonilla asegura que no encuentra motivo para no pactar con VOX si le sirve para gobernar.

Me acusa de defender el pacto que llevó al gobierno a Pedro Sánchez y de no aceptar el eventual pacto del PP andaluz con la extrema derecha, a la que, según mi amigo, demonizo sin motivos, ya que no existen antecedentes que permitan juzgar cómo gobernarían. También me acusa mi viejo amigo de estar ciego y no querer ver la torpeza de Sánchez.

          Como asegura que deja el debate, no me queda más remedio que explicarle, a él y a otros comentaristas que coinciden con él en argumentos y cambios de humor, mis puntos de vista.

          Para empezar, diré que desde que tengo uso de razón política, he votado a izquierdas, al principio a aquel olvidado PCE de Santiago Carrillo que se perdió al querer englobarse con otros partidos en Izquierda Unida. Desde 1982, al PSOE, a veces con muy escaso convencimiento y depositando mi voto en la urna como el que se siente víctima de un chantaje, pero los he votado. Lo he hecho porque le temo a la derecha española. Ya le temía cuando era solo el PP y ahora le temo mucho más, cuando se puede aliar con un partido que representa todo lo que aborrezco en política: revanchismo, involución, postulados xenófobos, neoliberalismo económico, negacionismo al trauma social de la violencia de género, su rechazo a las libertades sexuales…

          Cuando mi amigo argumenta que no se sabe cómo gobernarían, pienso en cómo lo están haciendo los populismos en América (Trump o Bolsonaro), en Centroeuropa (Hungría, Polonia, Rusia…), pienso en esas leyes represivas y esas campañas a la caza de gays, en el culto que esta gente profesa a la testosterona y las armas, al credo económico que defienden que no tiene reparo en degradar, aun más, el medioambiente, en la precarización del empleo, en la defensa cerrada del ámbito financiero-empresarial, en vez de defender a los más débiles, algo que inició el thatcherismo de los ochenta..

Manifestación de VOX en Madrid

          Pero vayamos por partes.

          Nunca votaría al PP por ser los herederos directos del franquismo, por acción u omisión, por no haber abjurado jamás del franquismo y despotricar continuamente de la Memoria Histórica (la llaman Histérica). No los votaría por la prepotencia que destilan (recuérdense las sonrisas cínicas de Álvarez Cascos cuando el Prestige o Rafel Hernando en cada una de sus intervenciones carentes de todo respeto). Jamás votaría a esta gente por considerarse naturalmente depositarios del poder política y pensar que un gobierno del PSOE es un contradiós, aunque haya salido legítimamente de unas urnas o de una moción de censura. Tampoco los votaría por la enorme corrupción que les afea la hoja de servicios. Hacen mal en usar el argumento de los EREs andaluces, pues si se pudiera cuantificar el monto de los casos judiciales que imputan a varios tesoreros, varias comunidades autónomas con sus presidentes a la cabeza, su pago en B del arreglito de la sede de Génova, los sobres, la Gurtel, etc. el turbio asunto andaluz sería, probablemente el chocolate del loro. Aunque sospecho que jamás una sentencia judicial reconocerá lo que media España valora como hechos más que probados. Tampoco los votaría por haber adoptado una actitud chulesca, despectiva, del clásico usted-no-sabe-con-quien-está-hablando, cuyos paradigmas más vistosos son la Sra. Ayuso y Cuca gamarra, una vez superada la figura de Rafel Hernando. Y tampoco puedo asumir que estos voceros, que confunden el parlamento con el mercado de abastos, hayan revestido la palabra comunista de connotaciones demoníacas, cuando durante toda la Transición los comunistas han defendido sus ideas con toda honestidad. La Interesada frase “gobierno social-comunista”, me parece lamentable, aunque tenemos a una gente tan ignorante que ha calado, junto a otros muchos bulos indecentes.

          A esta gente, que, como queda dicho, no me gusta nada, le sumamos la milenarista concepción del mundo de VOX y ya me echo a temblar. Anuncian suprimir autonomías, derogar la ley reguladora de matrimonios homosexuales, revalorizar tradiciones tales como la caza, la tauromaquia, las procesiones de semana santa y otras cosas que me repelen por involucionistas, por antiguas… y me sorprende que la gente acoja estas propuestas como la solución a Sánchez, cuando en realidad son el verdadero problema.

Marcha neofascista en madrid, febrero de 2021 (Imagen de El Economista)

          En este blog he expresado bastantes veces mi opinión sobre este último: sin ser un cerebrazo político, y por encima de sus indiscutibles errores (El Sahara y Argelia, entre ellos) es un superviviente, un resiliente de la política, entregado a una coalición que cada mañana decide si se pone en modo GOBIERNO o en modo OPOSICIÓN. Pese a ser crítico con su errática política, defiendo su legitimidad y su capacidad para presentar la moción de censura que lo llevó a La Moncloa o para formar el Gobierno que formó, aunque a mí no me guste, extremos estos sobre los que la caverna y su burdel mediático se han cebado hasta extremos irrespirables.

El domingo voto y descarto estas temibles opciones de la derecha . Los demás espero que voten lo que su conciencia les dicte, pero sabiendo que cada uno es dueño de su voto, pero también responsable del mismo.

Alberto Granados

FOTO: Franklin Roosevelt afirmó que “la única cosa a la que debemos temer es al miedo mismo”. (iStock)

Por qué le temo a esta derecha