Tres maniquíes, 25 días y varios españoles: la misión Artemis de la NASA en 16 claves

Tres maniquíes, 25 días y varios españoles: la misión Artemis de la NASA en 16 claves

El nuevo programa que impulsa la NASA y apoya la Agencia Espacial Europea da el primer paso para comenzar la reconquista de la Luna

Tras varios meses de suspense, finalmente la NASA y sus socios han logrado poner en órbita la nave Orion, el primer paso del ambicioso programa Artemis que quiere devolver la humanidad a la Luna. Estas son las principales de la misión.

> ¿Se ha lanzado a la primera?

No, el primer intento de lanzamiento estaba programado para el día 29 de agosto, pero se suspendió por los problemas de fugas que surgieron en el llenado de combustible de hidrógeno. En cualquier lanzamiento espacial los retrasos y aplazamientos son frecuentes y más si se gastan unos 4.000 millones de dólares en cada despegue. Los quebraderos de cabeza de los ingenieros no se resolvían, así que se aplazó al 3 de septiembre el lanzamiento. Ese día, tampoco fueron capaces de ponerlo en el espacio. Aquí se puede leer una explicación más técnica de cómo se produjeron esos problemas. En ese caso, se trató de una fuga en los aparatos para cargar de combustible al cohete, retrasando el próximo intento a finales de septiembre. Pero a la tercera y a la cuarta tampoco fue la vencida: la cercanía de huracanes y tormentas tropicales obligó a aplazar la operación hasta hoy.

> ¿Hay españoles en la misión?

Tres españoles tienen funciones relevantes en este programa. El madrileño Carlos García Galán (puede leer una entrevista aquí) es el responsable de la integración de las dos partes principales de la nave: la cápsula de la tripulación, fabricada en Estados Unidos, y el módulo de servicio europeo, que suministra el oxígeno, el agua, la energía y la propulsión. Eduardo García Llama, físico e ingeniero aeroespacial, (puede leer una entrevista aquí) dirige el sistema de guiado y control de la nave Orion, que orbitará la Luna. Además, Pedro José Herráiz, nacido en León, es ingeniero de propulsión en el programa, dentro de la Agencia Espacial Europea, controlando el módulo de servicio, que suministra el oxígeno, el agua, la electricidad, el control de la temperatura y la propulsión a la cápsula de la tripulación.

> ¿Está tripulada la misión?

No viajan astronautas, pero en la cápsula Orion viajan tres maniquíes y un buen montón de objetos populares, porque la misión Artemis va cargada de objetos conmemorativos. Por ejemplo: semillas, que se plantarán en parques, una réplica de una estatua griega de Artemisa obtenida por impresión 3D, un fotograma de la película Viaje a la Luna, de George Méliés, un guijarro recogido en la orilla del mar Muerto. En el viaje tampoco faltan los peluches: un Snoopy en traje de astronauta, junto a la pluma que utilizaba Charles Schulz para dibujar sus comics; y la oveja Shaun en uniforme de vuelo de la ESA, junto con unas figuritas de Lego. Y, por supuesto, docenas de banderas, emblemas, insignias y 245 pines de plata con la efigie de Snoopy. Y material histórico: un tornillo que sujetaba uno de los motores que impulsaron al Apollo 11 (recuperado del fondo de océano en 2015) y un pedacito de roca lunar recogida por Armstrong y Aldrin.

> ¿Es el SLS el cohete más potente de la historia?

Sí, pero por un pequeño margen. Al despegue desarrolla un empuje algo superior al Saturn V de hace 50 años, pero el 75% corresponde a sus dos enormes aceleradores laterales, un concepto heredado del transbordador espacial. Tiene cuatro motores aprovechados de aquel programa, que ya entonces representaban una tecnología revolucionaria: consumen una mezcla muy energética de hidrógeno y oxígeno. La primera etapa del Saturn V empleaba cinco motores de keroseno. Puede poner 27 toneladas en órbita translunar (el Saturn V, algo más de 43). Claro que el lanzador del Apolo disponía de tres etapas.

> ¿En qué consiste el viaje?

En esencia, es un ensayo general para probar los mecanismos de la nave en condiciones lo más realistas posible. No llevará personas a bordo, pero por lo demás, efectuará casi todas las maniobras necesarias para un viaje tripulado a la Luna. Salvo el descenso propiamente dicho.

> ¿Cuánto tiempo tardará?

Aproximadamente 90 minutos después del despegue, la etapa superior del cohete impulsará a la nave Orión fuera de la órbita terrestre para ponerla en curso para un vuelo de 25 días que lo llevará cerca de la superficie lunar antes de navegar 65.000 kilómetros más allá de la luna y de regreso a Tierra. Se espera que la cápsula americe en el Pacífico el 11 de diciembre.

> ¿Cuáles son los siguientes pasos?

Si todo marcha sin contratiempos, la misión Artemis II realizará en 2024 el mismo recorrido que la actual, pero tripulada por astronautas humanos. Y más adelante, en 2025, se intentaría alunizar en nuestro satélite con astronautas, “una mujer y una persona de color”, según la NASA, en la misión Artemis III.

> ¿Por qué los Artemis tardan más que los Apolo?

Porque aunque el cohete SLS se ha anunciado como el más potente jamás lanzado por la NASA (y lo es) todavía es débil para impulsar una carga como Artemis. Su segunda etapa es la misma que emplean otros cohetes de menos empuje. Solo dispone de un motor. Se llama “ICPS”, donde la “I” corresponde a “Interim” o sea, “Provisional”. La definitiva, con cuatro motores, aún está en desarrollo.

> ¿Qué tiene de especial la órbita lunar?

Se trata de una órbita muy especial: técnicamente, se clasifica como “retrógrada y distante”. Retrógrada porque gira en sentido contrario al que sigue la Luna alrededor de la Tierra, aunque esto no es ninguna novedad: los Apolo también lo hacían. Lo de distante se refiere a su gran altura de vuelo: al llegar, Artemis pasará a apenas 100 kilómetros sobre el suelo (más o menos, como los Apolo), pero luego esa trayectoria irá evolucionando hasta hacerse prácticamente circular a 50.000 kilómetros de altura. Y todo ello, con un gasto de combustible mínimo.

> ¿Por qué una trayectoria tan lejana?

En parte, porque no se trata de una órbita al uso como las de hace 50 años: aprovecha la interacción de la gravedad de Tierra y Luna y los puntos de equilibrio de Lagrange. Entrar en esa órbita exige muy poca energía, muchísima menos que la que gastaban las cápsulas Apolo para frenar y quedar atrapadas en torno a nuestro satélite. Agotando por completo sus nueve toneladas de combustible, el motor de frenado de las Apolo podía variar su velocidad en un total de 2,7 kilómetros por segundo. Aproximadamente la mitad se utilizaba para frenar a la llegada y la otra mitad para escapar de regreso a Tierra. Así se hizo en ocho ocasiones (como es sabido, Apolo XIII fue la excepción). La Orion (ese el nombre oficial de la cápsula Artemis) se queda en apenas 1,5 Km/segundo, la mitad que las Apolo. Esa reserva de maniobra ni siquiera les permitiría entrar en órbita baja a 100 kilómetros de altura, como se hacía hace 50 años. El truco está en llegar a su destino a paso de caracol, casi sin tener que frenar, que es lo que hará Artemis I.

> ¿Cómo se irá a la Luna con estas nuevas naves?

Aprovechando órbitas especiales y “económicas”, como la que va a probar Artemis I. Hasta ahora, casi ningún satélite las ha explorado; tan solo se dice que una sonda china (la Chang’e 5) ya al final de su misión entró en una de ellas. Por lo que respecta a la Artemis II, que sí llevará tripulación, no tendrá problemas: se limitará a seguir una trayectoria en forma de 8 que dé la vuelta pasando frente a la cara oculta de la Luna pero sin frenar. Artemis III, que debería ser la primera misión de alunizaje, entrará en una trayectoria también muy barata en lo que respecta a energía: Una elipse alargadísima que pase sobre los polos lunares. La llaman “órbita halo casi rectilínea” y pertenece a una familia de curvas estables que aprovechan los puntos de equilibrio entre Tierra-Luna. Su cálculo es muy complicado y, de hecho, no se les prestó mucha atención hasta el decenio de los 70, cuando empezaron a utilizarse computadores y técnicas de simulación numérica suficientemente potentes.

> ¿Y el alunizaje?

Las cápsulas Orion son orbitales; no pueden bajar al suelo lunar. Esa es tarea reservada a otro vehículo, cuya construcción adjudicó la NASA a Space X, de Elon Musk. Es una nave enorme, derivada del Starship proyectado originalmente para ir a Marte. De momento, aún no ha volado.

> ¿Ya se sabe dónde se aterrizará en la Luna?

Sí y no. La NASA ha escogido trece lugares candidatos en el polo sur lunar donde podría realizarse ese alunizaje, donde pisará por primera vez la Luna una mujer. Ahora los científicos y especialistas tienen que escoger cuál es el idóneo para aprovechar el hielo y hacer ciencia.

> ¿El plan es establecerse en la Luna?

Un borrador de la NASA explica que la misión Artemis IV se destinaría a empezar la construcción de una estación orbital alrededor de la Luna, que incluiría una sustancial cooperación europea. Eso sería, en el mejor de los casos, entre el 2027 y 2029 y requeriría por lo menos dos o tres vuelos más. Ya en la próxima década, la NASA contempla cinco misiones Artemis más que llevarían a la Luna materiales para construir una pequeña base permanente. El último vuelo planteado es el Artemis IX, previsto para 2034.

> ¿Hay más países en la carrera lunar?

Igual que en la carrera espacial de hace 50 años, el objetivo de muchas potencias, especialmente EE UU, Europa y sus rivales chinos y rusos, es mostrar músculo tecnológico, explorar las enormes reservas minerales de la Luna y convertirla en una estación intermedia para llegar al objetivo final: Marte. Pero también aparecen nuevos países: la sonda Danuri, de Corea del Sur, se lanzó el 4 de agosto y llegará en diciembre a la Luna para empezar a orbitarla. Mientras tanto, se espera que otras misiones de India, Japón, Emiratos Árabes y China intenten alcanzar el satélite.

> ¿Es el primer paso hacia Marte?

La NASA, principal organizadora del Programa Artemis, proclama que estas misiones son un calentamiento para su gran meta: pisar Marte.

FOTO: Instante en el que el cohete lunar despega en Florida (EE UU). Foto: RED HUBER (AFP) | Vídeo: EPV
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