«Cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola» Por Fran López
Hay frases que, aun no siendo pronunciadas literalmente, describen con inquietante precisión determinadas actitudes. La célebre —y siniestra— expresión atribuida al imaginario totalitario europeo y replicada por el general franquista Millán Astray, «Cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola», volvió a resonar simbólicamente en el último Pleno del Ayuntamiento de Atarfe, celebrado el 29 de enero de 2026.
No porque nadie sacara un arma, sino porque la cultura fue tratada como un enemigo.
Y lo fue mediante un procedimiento tan viejo como eficaz: el bulo, la descontextualización y el descrédito personal. Durante el debate sobre la propuesta de denominar uno de los Centros Cívicos de Atarfe con el nombre de Almudena Grandes, los grupos municipales del PP y VOX optaron por no discutir la cuestión cultural de fondo —la trayectoria, la obra y el reconocimiento de una de las escritoras más importantes de la literatura española contemporánea— y eligieron el camino más corto: desacreditar a la autora mediante una cita manipulada, arrancada de su contexto y presentada ante la ciudadanía como si fuera una confesión literal.
La intervención del Grupo Popular ya anticipó el terreno que se pretendía pisar: se cuestionó por qué no se elegía a alguien “del pueblo”, como si la cultura —y los valores que representa— tuviera empadronamiento obligatorio. Un argumento pobre, sí, pero reconocible dentro del debate político.
Lo verdaderamente grave llegó con la intervención del Grupo Municipal VOX.
Tras afirmar con condescendencia que no pondrían en duda “el currículum” de Almudena Grandes —“como escritora tiene cierto reconocimiento”—, la concejala pasó a negar que fuera defensora de valores democráticos. Y lo hizo recurriendo a una cita manipulada, presentada como literal, acusándola de hacer apología de la violación y de no respetar alas mujeres.
Las palabras fueron claras y constan en acta: se citó un fragmento aislado sobre las violaciones de monjas durante la Guerra Civil, se añadió otra supuesta frase sobre “fusilar periodistas”, y se concluyó que Almudena Grandes no era demócrata ni merecía que un centro público llevara su nombre. Todo ello envuelto en el habitual discurso de la “doble vara de medir”, convertido en coartada para difundir una falsedad.
Nada de esto es verdad. Y lo más grave no es que sea falso, sino que se dijo sabiendo que lo era.
La cita utilizada procede de un artículo publicado en EL PAÍS el 24 de noviembre de 2008, en un contexto de debate cultural y literario sobre memoria histórica. En ese texto, Almudena Grandes utiliza ironía y recreación narrativa —recursos propios del ensayo literario— para reflexionar críticamente sobre una iniciativa de homenaje a María Maravillas de Jesús Pidal y Chico de Guzmán, religiosa perseguida durante la Guerra Civil.
El fragmento citado va precedido de una frase atribuida a la propia monja: «Déjate mandar. Déjate sujetar y despreciar. Y serás perfecta.»
A partir de ahí, la autora construye una reflexión literaria. Extraer una frase posterior y presentarla como pensamiento literal no es un malentendido: es una descontextualización deliberada. Es transformar literatura en arma arrojadiza. El artículo generó polémica en su momento. El escritor Antonio Muñoz Molina respondió con otro texto, y la propia Almudena Grandes replicó aclarando: «Si no supe expresarlo con la suficiente claridad, lo siento.»
Es decir: debate intelectual entre escritores, no apología de la violencia, ni misoginia, ni odio. Lo relevante —y aquí conviene ser rigurosos— es que el argumentario escuchado en Atarfe no es nuevo. Es una reproducción casi literal del que utilizó el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (Partido Popular), a comienzos de 2022, cuando intentó oponerse al nombramiento de Almudena Grandes como Hija Predilecta de Madrid.
Los argumentos fueron exactamente los mismos: la frase irónica sobre “fusilar voces” (que no periodistas, como se dijo en Atarfe), y el fragmento del artículo de 2008, ambos ya polémicos, ya discutidos y ya aclarados años antes. No se aportó nada nuevo. Solo se recicló material desacreditado para erosionar una figura cultural incómoda.El 3 de enero de 2022, el periodista Ignacio Escolar, director del diario eldiario.es, publicó el artículo «Tal vez dentro de un siglo perdonen a Almudena», donde recogía literalmente la declaración del alcalde:
«Almudena Grandes no merece ser hija predilecta de Madrid, pero para sacar los Presupuestos hay que hacer cesiones.»
La frase retrata con precisión quirúrgica el contexto: no era una objeción cultural, era cálculo político. Martínez-Almeida terminó apoyando el nombramiento no por convicción, sino por pura necesidad parlamentaria. El episodio mostró hasta qué punto se estaba dispuesto a desacreditar a una autora de prestigio internacional mediante citas amputadas y polémicas ya superadas. Como escribió Ignacio Escolar en ese mismo artículo, solo desde la mezquindad se puede despreciar una obra literaria brillante por anécdotas sin contexto que dicen más de quien las agita que de quien las protagonizó. Y como decía la propia Almudena Grandes:
«La especialidad del fascismo español es convertir a las víctimas en verdugos.»
Conviene recordar quién fue Almudena Grandes, algo que deliberadamente se evitó hacer en el Pleno:
Premio Nacional de Narrativa (2018)
Premio de la Crítica
Premio Andalucía de la Crítica
Premio Jean Monnet de Literatura Europea
Autora de más de quince novelas, traducidas a más de veinte idiomas
Una de las escritoras españolas más leídas y estudiadas de su generación
Decenas de bibliotecas, centros culturales, calles, plazas e institutos en toda España llevan ya su nombre. Municipios gobernados por todo el espectro político. Sin escándalo. Sin polémica. Con normalidad cultural.
Que Atarfe se sume a esa lista debería ser motivo de orgullo. Que se intente impedirlo mediante bulos reciclados, difundidos desde un micrófono institucional, debería preocuparnos seriamente.Porque cuando la cultura se convierte en objetivo, lo que se dispara no es contra una escritora. Es contra la inteligencia colectiva.
Y en democracia, banalizar la mentira contra la cultura no es una anécdota. Es un síntoma.
FOTO : Votación del punto en el pleno del 29 de enero YOUTUBE