13 febrero 2026

Sin memoria se valida la repetición de todos los patrones negativos para la sociedad: los autoritarios e injustos para los débiles; los beneficiosos para los poderosos.

Los más frágiles siempre pierden y el olvido a la postre es el mejor aliado de los que siempre buscaron subeneficio a costa de quienes fueron explotados en su trabajo, relaciones y vidas.

Los empoderados dicen ellos que por designio divino, y por tanto llamados a gobernar, a mandar, a dirigir y a enriquecerse, ellos y las generaciones que los sucederán, se reivindican en sus supuestos derechos celestiales. Harán todo lo posible, con los interesados aliados, para ser aceite sobre agua, el dominante siempre, con portavelas que los iluminarán desde la oscuridad propia, porque toda vela encendida proyecta un espacio de sombra que sirve para esconderse, pero también para confundirse.

Esa sombra es la que oculta a quienes piensan que sus iluminados, cuando están sobre los demás, vendrán a mejorarlos. Y sí, los he visto vestidos de sayas pasadas adornando celebraciones de quienes comen lo principal del plato, los manjares de su gusto mientras aquellos, pobres aduladores, rebañan las orzas una vez saciados los amos. Siempre fue así, pero no tiene que seguir siendo.

La cultura, el conocimiento, la razón, la crítica social y la capacidad de gestionar han de permitir que esto no regrese del pasado, que el olvido no sea pactado para que retornemos a la época de los usías y oscuridades para la inmensa mayoría. Son precisos los monumentos a la memoria, los museos de la memoria, el respeto a los hechos y a sus consecuencias. Hay que invertir en enseñar la realidad del pasado en las escuelas e institutos, porque el pasado comenzó ayer.

FOTO: Universidad Diego Portales