Pateando por la Alhambra: los secretos que esconde el Patio de los Leones
Ingeniería, poesía y mármol se unen en uno de los rincones más fascinantes del monumento nazarí.
Granada no se recorre solo con los ojos. La Alhambra, uno de los monumentos más visitados del mundo, guarda secretos que pasan desapercibidos a simple vista y que solo se revelan cuando alguien se detiene a mirar —y a escuchar— con atención. Un buen ejemplo de ello es el emblemático Patio de los Leones, auténtico corazón del palacio que lleva su nombre.
Aunque los jardines del Generalife o la subida a la Torre de la Vela siguen siendo paradas obligatorias, muchos visitantes reconocen que lo que realmente esperan al cruzar las puertas del recinto nazarí es encontrarse cara a cara con estos doce leones de mármol. Esculpidos en el siglo XIV con mármol de Macael, los originales siguen presidiendo la fuente, combinando belleza, ingeniería y poesía.
Uno de los grandes logros de este conjunto es su sofisticado sistema hidráulico, tan ingenioso como avanzado para su época. El agua asciende desde un entramado de tuberías ocultas bajo los leones hasta el interior del fuste de la fuente. Gracias a la presión, el nivel va subiendo hasta brotar por el surtidor superior en forma de pequeños chorros. Cuando la taza se llena, unos orificios inferiores permiten que el agua drene sin desbordarse, manteniéndose en constante circulación, oxigenándose y evitando cualquier desperdicio.
Esta maravilla técnica no pasó desapercibida para los poetas andalusíes. Un poema inscrito en la taza compara el fluir del agua con las lágrimas de un amante que se esconden por miedo a ser descubiertas, transformando la ingeniería en pura metáfora literaria.
El recorrido del agua continúa por la boca de cada león, a la que llega a través de un tubo que recorre una de sus patas. Desde allí, el agua se canaliza, se filtra y vuelve a integrarse en el circuito, repitiendo el proceso de forma ininterrumpida. Un ciclo eterno que demuestra el dominio del agua como elemento vital y simbólico en la arquitectura nazarí.
Más allá del agua, incluso el propio mármol cuenta una historia. Las vetas grises naturales de la piedra no solo aportan realismo, sino que siguen el contorno de músculos y costillas, lo que indica que el escultor eligió cuidadosamente cada bloque antes de tallarlo, anticipando la forma final del animal.
Estos detalles son solo una muestra de lo que se puede descubrir pateando la Alhambra con un guía, profundizando en un monumento que nunca se agota. Porque frente a un titán de esta magnitud, detenerse y mirar más allá de lo evidente es casi una obligación.
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