¿Qúe le pasa a Juanma con la UGR? por Agustín Martínez
Lo que está ocurriendo con la Universidad de Granada y la Junta ha dejado de ser una serie de “desencuentros administrativos” para convertirse en un sabotaje institucional en toda regla.
La última decisión de la agencia de evaluación andaluza, denegando de nuevo un grado imprescindible para formar el capital humano que requiere el IFMIF-Dones es solo un error técnico; es un insulto a la inteligencia de los granadinos y una puñalada al futuro tecnológico de España. Hablamos de una instalación única en el país, un proyecto de soberanía científica internacional que necesita de profesionales muy cualificados. La UGR, en un ejercicio de paciencia infinita, había adaptado su propuesta siguiendo meticulosamente las directrices previas de la Junta. ¿El resultado? Un nuevo portazo. Llueve sobre mojado.
Es imposible no recordar el escándalo del curso pasado. Mientras la UGR –líder nacional e internacional en investigación de IA– veía cómo se le denegaba el grado en IA, mientras la Junta concedía esa misma titulación a un “chiringuito” universitario privado. Fue una escena dantesca: centros sin trayectoria y con “especialistas” cuyo currículum académico palidece frente al de cualquier doctorando de la UGR, obteniendo el beneplácito oficial frente a la excelencia pública. ¿Qué le pasa a Juanma con Granada? ¿Por qué ese empeño en lastrar a la institución que es el motor económico y cultural de la provincia? La respuesta parece hallarse en un terreno más psicológico que político.
Resulta inevitable preguntarse si no estaremos ante un “olímpico complejo” de quien fue incapaz de terminar su propio grado universitario y hoy, desde la poltrona de San Telmo, mira con recelo la solvencia académica de una institución centenaria que le viene grande. No es solo una cuestión de títulos, es una estrategia de asfixia. Al denegar la formación vinculada al acelerador, no solo castiga a la UGR, sino que pone en riesgo el éxito autóctono del IFMIF-Dones. Sin técnicos formados aquí, habrá que importarlos, perdiendo la oportunidad de oro de crear un tejido de excelencia local. Granada no puede seguir callada ante este maltrato sistemático. Es hora de que San Telmo entienda que la UGR no es su cortijo, y que la incapacidad académica de su presidente no puede ser el baremo para medir el futuro de miles de estudiantes y de la ciencia en Andalucía. Basta ya de complejos y de zancadillas a la inteligencia.
foto: Rectorado UGR
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