«RIMBAUD Y LAS CONFLUENCIAS» por Remedios Sánchez

No es generosidad, ni voluntad de servicio, ni preocupación por quién podría representar mejor el ideario de unas siglas. Es instinto de supervivencia.

Por eso les da igual estrellarse contra la indiferencia ciudadana, que ni remotamente se plantea votarles en las próximas elecciones andaluzas. Han hecho un control de daños que se basa en dónde quedará el corte de los que entrarán seguro en el Hospital de las Cinco Llagas y, estando antes de que alcance el filo del cuchillo, a ellos (y a ellas) les vale. Quieren salvarse individualmente, como sea, de la quema que ya han visto en Extremadura, Aragón o Castilla; mantener el pan de su casa a cualquier precio, y si eso pasa por dinamitar las estrategias grupales que antaño los fortalecieron, sea. Hágase el caos.

Luego están las estructuras orgánicas del partido, que ratifican y marcan el destino, sellándolo definitivamente como responsables últimos. Ellos, teniendo posibilidad de escoger para las listas entre personas valiosas y carismáticas que podrían haber protegido algunos principios elementales de su modo de entender la sociedad para el futuro, o bien cantamañanas que se sabe que van a lo suyo exclusivamente, amparan al Barrabás de turno y que pase lo que se sabe que tiene que pasar.

Resulta llamativo: ha llegado un momento en que parece que, no solo a título particular, sino como colectivo, hay quienes pretenden que no quede piedra sobre piedra de lo construido, que se consume el desastre protegiendo exclusivamente su trasero. El mañana nadie lo ha visto, que decía mi abuelo; por eso, como soñar es gratis, se quedan con la huida hacia adelante y a ver si cambia el ciclo, que lo de Abascal, Alvise y estos radicalismos de ultraderecha no puede ser eterno. Solo Franco duró cuarenta años. Lo mismo un día nos levantamos y ellos mismos se han fagocitado.

Señalo ellos mismos porque estos de enfrente (Podemos, Sumar, Adelante, etc.) parecen asumir a sus rivales como mal menor. Y digo rivales porque los enemigos siempre están en las filas propias, que ya lo avisaba Churchill y hay cosas que nunca cambian. A esos son a los que andan erradicando ahora, igual que se contamina un río de aguas cristalinas, sin considerar que existe un futuro de gentes que no merecen un destrozo semejante como legado.

“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, escribió Pavese, a propósito de que todo tendrá su final. Pero es que este final lo han marcado unos cuantos oportunistas concentrados estrictamente en aplicar una táctica de defensa propia transitoria. Porque será así: efímera, como ellos. Han preferido autonombrarse bienhechores de la patria pensionados, en vez de asumir que el modelo tenía que ser otro bien distinto, con otro estilo y otros rostros. Es decir, que a estas elecciones del 17 de mayo en Andalucía venían partidos que solo optaban entre perder o perder más. Y, en su soberbia, han elegido perder más: despeñar por el desfiladero la esperanza de sus bases primigenias.

Desde fuera los observamos, el puñalito preparado, reuniéndose hasta el último minuto y sonriendo para la galería, como si juntar morado con verde y fucsia pudiera resolverlo todo. El daño está hecho para el conjunto, y lo suyo parece que no va a ser precisamente una semana de pasión. Les espera, como al joven y contradictorio Rimbaud, una larga temporada en el infierno.