Australia encuentra la fórmula para blindar sus pensiones y España estudia cómo imitarla

El modelo australiano combina pensión pública y ahorro obligatorio individual. Organismos internacionales lo sitúan entre los sistemas más sólidos

Australia hizo algo que muchos países aún intentan: construir un sistema de pensiones resistente al envejecimiento y a las crisis fiscales. Lejos de soluciones improvisadas, el país implantó hace décadas un modelo que combina protección pública y ahorro obligatorio individual, hoy seguido de cerca por gobiernos e instituciones económicas de todo el mundo.

El llamado sistema de superannuation se convirtió en la pieza central de esa estrategia. Desde los años noventa, las empresas están obligadas por ley a destinar un porcentaje del salario de cada trabajador a una cuenta personal de jubilación que se invierte a largo plazo. Ese fondo pertenece al empleado, no al Estado, y se acumula durante toda su vida laboral.

Según datos oficiales de la autoridad supervisora australiana y del Tesoro del país, el volumen de estos fondos supera ya el tamaño de su economía anual, situándose entre los mayores sistemas de ahorro para la jubilación del mundo. Uno de los informes más recientes de la Autoridad Reguladora Australiana de Pensiones (APRA) confirma que el total de activos bajo gestión de los fondos de pensiones obligatorios superó los 4,3 billones de dólares australianos.

La arquitectura se apoya en tres pilares:

  1. Pensión pública básica.
  2. Ahorro obligatorio en cuentas individuales.
  3. Aportaciones voluntarias adicionales.

Un modelo que alivió la presión sobre el gasto público

Organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) destacan que Australia presenta un gasto público en pensiones inferior a la media de economías avanzadas, en parte gracias al peso del ahorro privado obligatorio. Al depender menos del presupuesto estatal, el sistema gana resiliencia ante el envejecimiento demográfico.

El Banco de la Reserva de Australia subraya además que la capitalización a largo plazo ha fortalecido el mercado financiero nacional y diversificado las fuentes de ingresos en la jubilación. No se trata solo de pagar pensiones hoy, sino de acumular patrimonio durante décadas.

¿Por qué interesa en España?

España mantiene un modelo de reparto: las cotizaciones de los trabajadores actuales financian a los jubilados presentes. Es un sistema solidario, pero más expuesto a los cambios demográficos y a la evolución del empleo.

Informes comparativos de la OCDE sitúan a Australia entre los sistemas más sostenibles a largo plazo, mientras que varios países europeos estudian fórmulas para reforzar el ahorro complementario. En ese contexto, España analiza cómo impulsar mecanismos de capitalización sin desmontar la protección pública existente.

Trasladar el esquema australiano no es automático. Requeriría cambios regulatorios profundos, incentivos fiscales estables y un largo periodo de transición. También abriría debates sobre equidad, riesgo de mercado y suficiencia de las prestaciones mínimas.