«MARILUZ ES UNA BIBLIOTECA» por Remedios Sánchez

El Ayuntamiento de Granada ha decidido dar el nombre de Mariluz Escribano a una biblioteca en Granada. En su Granada

Cuando mayo asoma en el calendario, la primavera se viste de verde esperanza y sale a la calle, con ganas de travesuras y risas, a jugar con los vulanicos que van y vienen a su albur; a mirar de reojo las nubes que pasan (y que pasen, que pasen…), mientras contempla la prisa de los gorriones saltando de banco en banco. Mayo, ya se sabe, es el mes de las flores, del azahar que consuela, de la serena blancura que no se olvida. Y es así que, en estos días en que la luz de las tardes sostiene los primeros sueños, las ilusiones párvulas, el Ayuntamiento de Granada ha decidido dar el nombre de Mariluz Escribano a una biblioteca en Granada. En su Granada.

Pocos espacios hay más precisos para definir lo que ha sido y será ya eternamente Mariluz reflejada en su legado: libertad, reconstrucción de la Historia que cose las fracturas del tiempo, pasión por la infancia (esa patria que nunca debe perderse de vista) y libros. Muchos libros, con diferentes formas, colores, tamaños y funciones. Porque cada uno, sobre todo, en la niñez primera, cumple una tarea distinta: los álbumes ilustrados enseñan a mirar y desarrollan el entusiasmo por el color y la letra; los cuentos son tradición compartida, monedillas de oro en un sendero que cada vez se hace más ancho conforme se avanza; las novelas suponen una apertura a la imaginación, a mundos posibles e imposibles pero que caben en la cabeza; el teatro es la voz que se alza y se pone en pie; el ensayo, aprendizaje pausado, con un lápiz entre los dedos. Y la poesía, alma. Es decir, que la vida se encierra o se expande entre las paredes de una biblioteca, hogar de palabras que edifican el porvenir, paraíso donde se guardan los tesoros inmensos que completan la identidad de cada persona, aquello que acabamos por ser conforme caen las hojas del calendario.

No es una biblioteca cualquiera, porque viene a conectar, misteriosamente, el pasado con el futuro: el pasado de cuando, el 18 de enero de 1933, la inauguró Fernando de los Ríos como “biblioteca popular”, en la línea del ideario de la Institución Libre de Enseñanza, que consideraba que, una sociedad que lee y que piensa, puede definir con mayor claridad lo que quiere ser, siempre y cuando la dejen. Aquel día friísimo en Granada sucedieron muchas cosas. Entre ellas, su visita previa a las obras de la futura sede de la Escuela Normal, donde su director, precisamente, don Agustín Escribano, le mostró los avances de un edificio como metáfora de la voluntad férrea de toda una generación por dignificar el lugar donde se formaba a los docentes de Educación Infantil y Primaria.

Más tarde, en diciembre de 1935, llegó su hija Mariluz: la convicción de que todo tenía sentido; y poco después, el silencio, todo fundido a negro. Pero, ella, que creció en ese tiempo, ha sido valentía, dignidad sin rencor, ejemplo de inquebrantable coherencia, literatura en pie de paz que ambiciona la primavera, sí, pero que cuenta el frío del invierno, el dolor de las ausencias, la indispensable necesidad de concordia verdadera para construir un futuro habitable. Y ahora que ha llegado el futuro es también una biblioteca, un refugio prodigioso junto a un río donde crecen los lirios y las rosas.