Ahora que Granada está siendo invadida por españoles y extranjeros de los de dineros en los bolsillos; ahora que nuestras calles han sido colonizadas por pasajeros de miradas perdidas, que invaden nuestras calles, plazas, viviendas que ya no son viviendas, que son fuentes de dineros para sus amos; ahora que quienes aquí vivimos y pagamos impuestos –esto es importante– debemos ir hasta la gran Málaga a tomar vuelos que nos lleven a invadir el resto del mundo, como nos están haciendo a nosotros; ahora que no se puede entrar en bares ni restaurantes porque están hasta las trancas de clientes foráneos y les ha alegrado la cuenta de resultados, además de subir dramáticamente los precios –oferta y demanda que llaman–; ahora que canta la calandria y responde el ruiseñor y regresan las golondrinas a los balcones; ahora que mayo vuelve a nuestras vidas y se avecinan de nuevo las olas de calor para recordarnos que Trump sigue ganando con sus negacionistas del cambio climático; ahora que usted vuelve a leer mis cosucas, aunque piense, y es posible que esté en lo cierto, que estoy equivocado en mis análisis; ahora vuelve el Festival Internacional de Poesía a nuestra tierra, a la ciudad y a los pueblos, y veo a los alcaldes acercarse a los libros e incluso a comprar poemarios, leerlos, como en la hermosa Íllora.

Y los poetas y las poetas llenan, como las golondrinas con sus trinos, nuestros aires de versos y música de la palabra; ahora es llegado el momento de comprar un libro de poesía, de leer con sosiego unos versos y dar gracias a la vida que nos ha dado tanto.