Los inmigrantes labran el futuro de la Vega
El agua, la rentabilidad de nuevos cultivos y el relevo de los bolivianos que llegaron como jornaleros y ahora tienen sus fincas, mantienen al alza la tierra más fértil de la provincia
La Vega ha tenido históricamente un ‘cultivo milagro’ como motor protagonista de la economía de Granada. Tras los ciclos del lino en el siglo XIX y la remolacha azucarera a principios del XX se impuso el reinado glorioso del tabaco, que llegó a tener tres mil cultivadores granadinos en los años Ochenta del pasado siglo al servicio de la factoría de la Compañía Española de Tabaco en Rama (Cetarsa).
El ocaso del cultivo estrella a raíz del cierre de Cetarsa en el año 2001 marcaron el inicio de una decadencia de la que la tierra más fértil de Granada ha sabido reponerse a través de una espectacular metamorfosis. Dos décadas después, la Vega ha logrado consolidar un modelo rentable que tiene al olivar y al espárrago como buques insignia pero también a cultivos emergentes como el bimi (mitad brócoli, mitad col china), el pistacho y opciones tan excéntricas como el ‘chili’ picante que piden paso y conviven con el maíz y los ajos de toda la vida.
La Vega de Granada no se rinde, se ha transformado y además de mucho pasado ahora tiene futuro. Así lo creen los que la labran y conocen y lo avalan los datos oficiales de la Delegación Territorial de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural en Granada que constatan la fuerte expansión del espárrago que ha sumado 1.064 nuevas hectáreas de cultivo y duplicado su superficie en la última década.
El olivar ha absorbido a los herbáceos y frutales hasta extenderse por el 60% de la superficie cultivable, gracias a su mecanización en el modelo intensivo y se ha hecho fuerte en las comarcas regadas por el Genil. Pero también el pistacho, testimonial hace una década, ha multiplicado por seis sus fincas (316 hectáreas).
«El cultivo agrícola en la Vega va a más y manifiesta una tendencia al alza sobre todo el espárrago, el ajo y en los últimos tiempos el broccolini (Bimi es la marca comercial). Aunque persisten en menor medida cultivos tradicionales como el maíz y el chopo, la tipología de los cultivos ha cambiado y también el número de agricultores se ha reducido ligeramente en favor de explotaciones más grandes», analiza la delegada territorial de Agricultura de la Junta, Carmen Reyes Ruiz.

«El cultivo agrícola en la Vega va a más y manifiesta una tendencia al alza sobre todo el espárrago, el ajo y ahora el broccolini»
Carmen Reyes Delegada de Agricultura
Pero si hay un dato que constata que la Vega está más viva que hace una década son las más de 7.500 hectáreas que se han ganado para la producción: La tierra en barbecho se ha reducido en un 71,82% en la última década.
La garantía de agua, la introducción de cultivos con mayor rentabilidad frente, por ejemplo, al cereal, mantienen a salvo un sistema de minifundios y de rotación de cultivos que se está extinguiendo en otras comarcas a favor de las grandes explotaciones.
Pero la gran clave que está dando vida a la Vega es el relevo que está suponiendo la mano de obra inmigrante, frente a la crisis generalizada de falta de profesionales que vive el campo. Cruzaron más de 8.500 kilómetros, la mayoría desde Bolivia, pero también de Ecuador o Colombia, para trabajar como jornaleros en los pueblos de la Vega de Granada y gracias a su trabajo duro han ido prosperando, arrendando parcelas de familias propietarias granadinas que no tenían relevo y comprando sus propias fincas.

«Hay un cambio de paradigma en la figura del empresario agrícola en la Vega»
Nicolás Chica
Secretario de UPA Granada
«Sin duda hay un cambio de paradigma en la figura del empresario agrícola. Los nacionales se reducen cada vez más pero la inmigración de países como Bolivia, Ecuador y Colombia está tomando el testigo. Llegaron como peones y ahora se están convirtiendo en empresarios con tierras arrendadas y propias y una gran implicación de su núcleo familiar, que es lo que les permite suplir la carencia de mano de obra que es el gran hándicap», explica el secretario de UPA, Nicolás Chica.
Son gente muy trabajadora, que no se asusta por la dureza del campo ni mira el reloj cuando se trata de sacar adelante sus tierras y que, cuando va necesitando más mano de obra, se trae a familiares y amigos de sus países de origen. También conforman cuadrillas de jornaleros que van rotando por fincas de otros propietarios y trabajan todo el año.
«En diez o quince años la mayoría de las parcelas serán de inmigrantes, no hay jóvenes españoles que se dediquen a esto»
José Luis Taboada Secretario Comunidad Acequia Gorda
«El modelo de la familia granadina que tenía una parcela y en el que todos ayudaban ya no se da, entre otras cosas porque está muy controlado por las Inspecciones de Trabajo. Ahora son bolivianos, ecuatorianos o rumanos que viven en los pueblos del área Metropolitana los que están sacando el trabajo… En diez o quince años serán los que lleven la mayoría de las explotaciones porque hay pocos jóvenes españoles que se dediquen a esto. Son el futuro de la Vega», esgrime el secretario de la Comunidad de Regantes Acequia Gorda de la Vega de Granada, José Luis Taboada.

«Nuestro modelo da rentabilidad al agricultor, ya tenemos 80, la mayoría bolivianos»
Miguel Ángel Moya. Dtor. técnico y de producción de Frutas Alhambra
El imán que atrajo a los primeros inmigrantes sudamericanos fue el de Frutas Alhambra y sus bimis, artífices de la resurrección de la Vega. En el año 2016 cuando detectaron un declive en producción y sostenibilidad tras la muerte del tabaco, la empresa granadina empezó a contactar con agricultores con la finalidad de introducir nuevos cultivos alternativos.
Evolución de las hectáreas de cultivos en la Vega
Tras varios años de pruebas, en 2020 sacaron adelante su primer ciclo completo de bimis, una hortaliza de la familia de las crucíferas que exportan principalmente a Inglaterra. Entonces trabajaban con ellos treinta agricultores en cuarenta hectáreas y hoy son ya ochenta los propietarios que cultivan cien hectáreas bajo contrato con la compañía, que compra sus producciones a un precio cerrado y les garantiza la rentabilidad pese a las oscilaciones del mercado. «El 70% nuestros productores son bolivianos que empezaron en la recolección y han ido cogiendo sus fincas y ya producen ellos mismos y forman sus cuadrillas con compatriotas. La media es de cinco trabajadores por finca. Les garantizamos la producción de noviembre a mayo y luego se combina con los cultivos de verano por lo que las familias pueden vivir todo el año de estos minifundios», señala el director técnico y de producción de Frutas Alhambra, Miguel Ángel Moya.
La estabilidad y la confianza generado son las bases de este modelo que quieren potenciar con nuevas líneas de producción como complemento. Mientras que los jóvenes agricultores en España están apostando por explotaciones más grandes y mecanizadas, son los inmigrantes los que están sacando rentabilidad a este modelo de pequeñas parcelas porque ellos mismos las trabajan. «Los que vienen para echar largas temporadas al final hacen vida aquí y se quedan con sus familias», apunta.
«La Vega tiene un cultivo muy atomizado que ha evolucionado buscando la rentabilidad» José Caballero Pte. Cooperativa Agroláchar
También José Caballero, el presidente de la cooperativa de espárrago Agroláchar, incide en que el modelo de la Vega granadina, con parcelas de una hectárea de extensión -«lo raro es encontrar una de cuatro»- se sostiene porque han encontrado esta mano de obra que quiere vivir de la agricultura y porque se ha ido evolucionando hacia cultivos más rentables, como el espárrago que ha vivido una expansión espectacular bajo el modelo cooperativo.
Incide no obstante en que el espárrago tiene el problema de la vida útil de las garras, que obliga a dejar la tierra en barbecho tras siete u ocho años de vida útil, lo que está potenciando también el olivar en los últimos años. «No hay más que ver todo lo que se está reconvirtiendo a olivar intensivo y superintensivo a la altura de Trasmulas», añade ante esta apreciación el secretario de ASAJA Granada, Manuel del Pino.

«El agua y los precios justos son fundamentales, para que se mantenga viva la Vega tiene que ser rentable» Manuel del Pino
ASAJA Granada
Igualmente los expertos coinciden en que las grandes amenazas que la Vega tuvo en otras épocas, como la presión urbanística que daba bocados a la tierra fértil en el Área Metropolitana, se ha controlado, así como el boom de los proyectos de renovables. «Sí queda la amenaza de las infraestructuras, la ampliación de la GR-43 ha destrozado muchas hectáreas de riego», apunta Taboada.
Manuel del Pino aporta una última clave vital para que el futuro de la Vega: que pueda mantenerse la rotación del doble cultivo en verano e invierno. Y esto pasa por la piedra angular del campo: la garantía del agua. «Garantizar el suministro con el sistema de agua depuradas y unos precios justos para los agricultores, donde no podemos actuar, son los factores fundamentales. Para que la Vega se mantenga viva tiene que ser rentable», concluye.
Mercedes Navarrete
FOTO: osé Luis Cabello y Noemí Solís, un matrimonio de bolivianos, trabajando en su finca sembrada de bimis. (Pepe Marín)
https://www.ideal.es/granada/inmigrantes-labran-futuro-vega-20260614141628-nt.html