‘Con silencio no hay Orgullo’
Fran Alba, secretaria del Movimiento LGBTI del PSOE de Granada, reivindica en el Día del Orgullo la necesidad de impulsar políticas públicas concretas, proteger a quienes siguen sufriendo la discriminación y asumir que la diversidad forma parte de la calidad democrática de una ciudad.
Hay quien quiere pensar que el Orgullo es solo una celebración. Quienes hemos vivido su historia de cerca sabemos que es mucho más: un ejercicio de memoria democrática, de reivindicación de derechos y una advertencia, porque los derechos pueden perderse.
El Orgullo nació como una respuesta a la persecución. También en Granada. Aunque hoy, por suerte, hay a quien le puede resultar difícil imaginarlo, hubo un tiempo en el que ser una persona LGBTI significaba aprender a esconderse. Las primeras concentraciones en nuestra ciudad apenas reunían a unas decenas de personas. No abrían informativos ni ocupaban portadas. Eran encuentros discretos, casi clandestinos, en aquellos locales donde construíamos pequeñas redes de apoyo frente a una sociedad que prefería mirar hacia otro lado.
La primera manifestación del Orgullo con recorrido y pregón marcó un antes y un después
La primera manifestación del Orgullo con recorrido y pregón marcó un antes y un después. Desde entonces Granada ha recorrido un largo camino en muy poco tiempo. Lo que antes era invisibilidad se convirtió en presencia. Lo que antes era vergüenza pasó a ser orgullo. Lo que era pedir permiso, terminó convirtiéndose en el ejercicio pleno de un derecho constitucional.
Este avance no fue espontáneo, fue fruto del activismo asociativo, pero también de las instituciones que decidieron asumir que la igualdad debía convertirse en una política pública. Así lo hicimos las y los socialistas en los últimos mandatos del Ayuntamiento de Granada. En la memoria de la ciudad quedará impresa para siempre la imagen de Kim Pérez, Medalla de Oro al Mérito de la Ciudad de Granada, en el balcón del Ayuntamiento al grito de “Desde los tiempos en que no podíamos entrar aquí, esta puerta estaba cerrada. Hoy está abierta”.
Granada fue pionera en Andalucía al aprobar medidas concretas de apoyo al colectivo LGBTI. Nada de eso ocurrió por casualidad. Precisamente por eso, preocupa el momento actual. Porque las instituciones no solo legislan, también envían mensajes. Y cuando un gobierno municipal reduce el compromiso de las políticas de igualdad, cuando evita públicamente la defensa de derechos del colectivo, o convierte la diversidad en una cuestión secundaria para no incomodar a determinados sectores, está lanzando un mensaje que trasciende la política. El silencio también comunica. La llegada de Carazo al Ayuntamiento coincide, en España y Europa, con un alarmante aumento de los discursos de odio contra las personas LGBTI. En este contexto, las administraciones no pueden limitarse a permitir que el Orgullo exista. Hay que defender a la ciudadanía LGBTI.
La misma semana que Granada celebra su Orgullo, el Congreso de los Diputados ha dado un paso adelante en la penalización de las mal llamadas terapias de conversión. Sin embargo, la votación evidenció que la derecha de este país sigue ignorando que las instituciones tienen obligación de proteger a toda la ciudadanía a la que representan
La misma semana que Granada celebra su Orgullo, el Congreso de los Diputados ha dado un paso adelante en la penalización de las mal llamadas terapias de conversión. Sin embargo, la votación evidenció que la derecha de este país sigue ignorando que las instituciones tienen obligación de proteger a toda la ciudadanía a la que representan. La preocupación aumenta además ante el escenario político andaluz: mientras Juanma Moreno negocia un acuerdo con la ultraderecha, esa misma ultraderecha que en el pleno del Ayuntamiento de Granada vota en contra de los derechos LGBTI, crece la incertidumbre sobre el compromiso de la derecha con la protección y desarrollo de nuestros derechos, unos avances que nunca deberían estar sujetos a negociación política. Porque el Orgullo no consiste únicamente en una foto con una bandera o facilitar una manifestación. Consiste en impulsar políticas públicas concretas, garantizar recursos, proteger a quienes siguen sufriendo la discriminación y asumir que la diversidad forma parte de la calidad democrática de una ciudad. Porque todavía quedan retos urgentes a los que el gobierno de Carazo ha dado la espalda. No es casualidad que la primera medida de Carazo fuese pintar de negro los semáforos arcoíris de la ciudad. Granada merece seguir escribiendo su historia con los colores del arcoíris, no en blanco y negro.
Fran Alba
