«La democracia en la balanza» por Agustín Martínez
En vísperas de la sesión de investidura de Juanma Moreno Bonilla, Andalucía se asoma a un punto de no retorno. La aritmética parlamentaria empuja inexorablemente al Partido Popular a echarse en brazos de Vox, una deriva que trasciende la habitual alternancia política.
Conviene ser analíticos y quirúrgicos en la definición del escenario. Como me recordó Manuel Morales, uno de los mejores políticos que ha dado Granada, si la corrupción de altos dirigentes del PSOE es un grave problema DE la democracia que se depura en los tribunales y en las urnas, el fascismo reactivo de Vox representa un problema existencial PARA la democracia. No se cuestionan las reglas del juego; se cuestiona el tablero mismo.
Y ante semejante amenaza para nuestras libertades y derechos ¿qué hoja de ruta real puede ofrecer Moreno Bonilla a los andaluces bajo este nuevo marco de dependencia ultra? El candidato popular hereda una comunidad donde el empleo se encuentra en cifras récord gracias, precisamente, a las políticas económicas y de escudo social del Gobierno socialista. Ante este éxito tangible, el peaje ideológico que exige la extrema derecha resulta devastador. Su partido se inclina por alinearse con directrices macroeconómicas que priorizan el aumento del gasto en Defensa hasta el 5%, comprometiendo recursos que mermarán directamente las partidas destinadas a políticas sociales, dependencia e igualdad.
La subordinación exterior e interna es total. Al aceptar este pacto, el moderado Juan Manuel, asume la cosmovisión de una derecha global dispuesta a entregarse a las lógicas desestabilizadoras de figuras como Donald Trump y Benjamín Netanyahu, importando sus brutales dinámicas de polarización y desprecio por el derecho internacional.
Mientras tanto, la realidad civil andaluza sangra por heridas urgentes. Aunque el Banco de España ha calificado de “emergencia nacional” la situación de la vivienda, las derechas andaluzas torpedean sistemáticamente las leyes estatales de promoción de vivienda pública, dejando desprotegidos a los jóvenes. Esta parálisis habitacional convive con el desmantelamiento silencioso del estado del bienestar: una sanidad saturada y una educación asfixiada que van camino de una privatización encubierta para el lucro de unos pocos.
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