Hacia un otoño posdemocrático
Con Feijóo en el liderazgo, el PP parece haber completado su acercamiento al autoritarismo
A medida que se acercan las elecciones se está haciendo más evidente que el PP carga con un lastre de liderazgo. Y por si quedaba alguna duda José María Aznar ha saltado a la palestra con una embestida que pone un poco más en evidencia la debilidad de Alberto Núñez Feijóo. La política europea ha estado muy atrapada en la lógica bipartidista y, sin embargo, ya llevamos cierto tiempo con una complejidad que desborda el esquema simple derecha/izquierda. Entre otras cosas porque los profundos cambios en el sistema económico y social europeo, en el paso del capitalismo industrial al financiero y digital, dejan atrás la dinámica burguesía-proletariado con la que se armaron los regímenes de posguerra. De la prensa, la radio y después la televisión a las redes sociales hay un salto que obliga a revisar las ideas y los instrumentos. Y no es fácil construir los liderazgos adecuados.
Con las elecciones en el horizonte, aunque sin fecha precisa, el PP va dando palos de ciego, un día otorgando carta de legitimidad democrática a la extrema derecha, Vox, por supuesto, y poco después alargando la mano a Junts buscando apuntarlos a la mayoría conservadora. Por una razón muy sencilla: el liderazgo de Feijóo —con un monotema: la corrupción del Gobierno y su mundo— vive de las inercias, no ha construido un proyecto político de amplio espectro con capacidad de arrastre.
Sin duda es más fácil rechazar que proponer, pero quien aspira a gobernar debería ser portador de un proyecto identificable y susceptible de interpelar a la ciudadanía. Con cuatro tópicos patrioteros no basta, haciendo de la descalificación del adversario el modo de estar en el mundo y sin esforzarse en proponer alguna singularidad relevante, cuando uno cree que ya ronda la meta la cuesta se empina y es ingenuo pensar que todo se dará por añadidura. Y más cuando la impaciencia va acompañada de inesperados giros. Once meses atrás el PP aseguraba que sólo gobernaría en solitario. De pronto, a medida que Abascal se les subía a cuestas, entraron directamente en la normalización de la extrema derecha. En las últimas semanas se da ya por supuesto que si el PP gobierna contará con ellos. Y está utilizando las elecciones autonómicas para legitimar al neofascismo y ponerse a su vera: en Castilla y León, en Extremadura, en Aragón y en la Comunidad Valenciana, y ahora mismo en plena representación teatral del pacto en Andalucía. Mientras, Abascal va cobrando dividendos electorales.
Tal es el apuro de Feijóo, que ahora mismo está buscando a los nacionalistas vascos y catalanes para un retorno al pasado, cuando el bipartidismo funcionaba con la doble valencia de PNV y Junts. Lo cual da margen a Vox para seguir royendo al PP. Y no es cómodo para los exconvergentes catalanes porque les obliga a mojarse sobre una cuestión delicada: hasta dónde están dispuestos a llegar cuando decidan volver a ser mayores, es decir desprenderse del lastre que es la desgastada figura del presidente Puigdemont y trabajar para regresar a la condición de derecha nacional catalana sobre la que el presidente Pujol construyó su hegemonía.
La derecha, el PP, está llevando al límite las instituciones democráticas, intentando crear un clima de enfrentamiento y desestabilización permanente, con la bronca como forma de expresión. O el PP o el caos. El inefable Miguel Tellado es en sus apariciones públicas una impagable encarnación del resentimiento político. Promover una campaña contra la nacionalización de los nietos de exiliados que viven en el extranjero con el argumento de que es un fraude electoral es de una miseria moral que da vergüenza ajena. Como lo es oponerse a la normalización de trabajadores foráneos conforme a la ley de la inmigración laboral.
Con Feijóo en el liderazgo, el PP parece haber completado su acercamiento al autoritarismo posdemocrático que ahora mismo está en inquietante expansión en buena parte de Europa. Algunos hablan de ciclo. Pero lo cierto es que está afectando a las instituciones democráticas de modo sensible, con un desplazamiento manifiesto hacia la radicalización conservadora coincidiendo con una crisis inquietante de la socialdemocracia. El ciclo reaccionario está aquí, la derecha española se radicaliza. “Prioridad nacional” es la reliquia ideológica del momento. Y no perdamos la realidad de vista: los poderes que hoy articulan el mundo muestran constante desdén por la democracia.
Josep Ramoneda
FOTO: Juanma Serrano – Europa Press (Europa Press)
https://elpais.com/opinion/2026-07-03/hacia-un-otono-posdemocratico.html