«ABRE LA MURALLA» por Remedios Sánchez
De Camagüey a La Línea de la Concepción y de La Línea al mundo debiera resonar la voz terrosa y grave de Nicolás Guillén, afrocubano, descendiente de esclavos, limpieza misma de la palabra compromiso; así, abre la muralla. Y esta vez sí la muralla gibraltareña, después de centuria y media (la primera, de 1854), ha caído, demolida como herrumbre con valor simbólico discordante, chatarra pura que no representa (que no debiera representar) un modelo de país moderno, el siglo XXI y Europa por delante.
Gibraltar es un pasado de estrategias militares antecedentes del trumpismo que comandaron los defensores de Felipe V y el nuevo orden internacional con eje Gran Bretaña y Francia frente al pasotismo español de rey muerto (el tristísimo Carlos II) y arcas vacías, mermadas ya sus fuerzas y el orgullo tras el tratado de Utrecht, que le roba soberanía patria y le regala un monarca francés con tendencia a la melancolía y a la depresión perpetua como compensación. Difunto el imperio hispano de los Austrias, se acabó la rabia, debieron pensar las potencias dieciochescas.
En la nueva era, contrólese a los díscolos españolitos por los descendientes del ‘Rey Sol’ desde el absolutismo ilustrado; y lo lograron: se mantuvo la decadencia nacional, los pobres de solemnidad y la nobleza sin din pero con don. Porque el monarca estaba en sus temas (léase la caza, salvo en los periodos en que por su enfermedad creía ser una rana o similar) y los ministros, como es natural, a los suyos.
Ese es el contexto de la primera etapa tras la apropiación indebida de Gibraltar, con sus ampliaciones consiguientes cada vez que hemos sufrido un momento de debilidad o de confrontación interna.
Es decir, que tres siglos han transcurrido moviendo las lindes desde que llegaron los ‘okupas’ para controlar esa zona estratégica e irla ensanchando hasta los siete kilómetros, remedando el poema de Guillén de abrir/cerrar, pero desde el tacticismo fiscalizador del estrecho, al margen de los valores y el compromiso ético humanista del cubano. Recuérdese, “al corazón del amigo, / abre la muralla; / al veneno y al puñal, / cierra la muralla; / al mirto y la yerbabuena, / abre la muralla; / al diente de la serpiente, / cierra la muralla; / al ruiseñor en la flor, / abre la muralla…”; sólo que aquí la cosa era toda de cerrar, de aislar, de quebrar el ánimo de la gente de La Línea de la Concepción y municipios adyacentes que han trabajado en la colonia indescolonizable —y perdóneseme el trabalenguas—.
Durante todo este tiempo, la mayor pérdida ha sido para ellos, para los llanitos que acumulan una tasa de desempleo feroz. Po eso el personal ha tenido que estar siempre ‘aliquindoi’, atentos para mantenerse, porque a ningún gobierno se le ha ocurrido invertir para fortalecer la economía de la comarca. Andalucía, ya sabemos. De ahí, el contrabando de tabaco, por ejemplo, para ganarse unas perras con la diferencia de impuestos y tirar p’alante, dicho en castizo. Evidentemente, del narcotráfico ni hablamos, porque es otra realidad más perversa que se lleva la vida por delante y que cada tanto convierte en un polvorín su geografía costera.
Y, ahora, al fin, se derriba la muralla. Es una esperanza de futuro que se alza, una oportunidad: dejar entrar aquello que suma, ir cerrando el paso a la herida.
FOTO: 50 años de la verja que rompió familias en el Campo de Gibraltar EFE