«90 años del horror» por Agustín Martínez

Se cumplen hoy noventa años desde que en Ceuta, Melilla y Tetuán estallara el golpe de Estado que sigue dividiendo a España.

No es el pasado, sino la incapacidad de una parte de la derecha para llamarlo por su nombre. Porque lo que ocurrió fue un golpe de Estado contra un Gobierno legítimo. Después llegó una guerra civil y, tras ella, una dictadura de casi cuatro décadas sostenida sobre el terror, las cárceles, los fusilamientos y el silencio. Ese es el hecho histórico. Lo demás son excusas.

Resulta revelador que el Partido Popular anuncie que, si gobierna, derogará la Ley de Memoria Democrática en su primer Consejo de Ministros. Más revelador aún que en Andalucía, donde gobierna de la mano de Vox, pretenda hacer lo mismo con la ley andaluza. No parece que les incomoden las víctimas. Les incomoda que se las recuerde. Les molesta que se abran las fosas, que se identifiquen los restos y que el Estado asuma la obligación moral de reparar, aunque sea tarde, a quienes fueron asesinados por defender la legalidad democrática.

España continúa siendo, tras Camboya, el país con mayor número de desaparecidos en fosas comunes sin exhumar ni identificar, con un total de casi 115.000 víctimas en más de 2.500 fosas repartidas por todo el territorio nacional. Esa vergüenza no la provoca la memoria. La provoca el olvido deliberado.

Quizá haya una explicación para esta resistencia. Mientras la izquierda asumió hace décadas la reconciliación democrática, la derecha nunca terminó de romper políticamente con el franquismo. Le cuesta reconocer que quienes se levantaron en armas contra la República cometieron una traición a la democracia con la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista. Y cuando uno evita condenar con claridad aquel pasado, acaba viendo la memoria como una amenaza y no como un acto de justicia.

Recordar no es abrir heridas, es impedir que sigan supurando bajo tierra. No es nostalgia ni venganza. Es lealtad hacia quienes fueron silenciados y pedagogía para quienes creen que la democracia es irreversible. Conviene recordar que los derechos pueden perderse y que las palabras tienen consecuencias. Hoy esa advertencia resulta más pertinente que nunca. Porque derogar las leyes de memoria no cambiará la Historia. Solo volverá a abandonar a las víctimas al mismo lugar donde las quiso el franquismo: al silencio.

https://www.granadahoy.com/opinion/articulos/90-anos-horror_0_2007476654.html

FOTO: El dictador Francisco Franco, con el general Emilio Mola, a la derecha pegando un salto.Anonym