DEL TERREMOTO DE 1956 AL ZAIDÍN: CUANDO GRANADA TUVO QUE CONSTRUIR PARA LOS DAMNIFICADOS
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Granada vuelve estos días a estar pendiente de la tierra. La sucesión de terremotos de este mes de agosto ha recuperado conversaciones, recuerdos y preguntas que en una provincia sísmica nunca desaparecen del todo.
Y quizá sea precisamente este un buen momento para volver sobre unas páginas de Granada Gráfica publicadas en mayo de 1958, porque detrás de aquellas fotografías de bloques recién levantados en el Zaidín aparece una consecuencia menos conocida de otro terremoto granadino: 500 de las viviendas sociales entonces en construcción estaban destinadas a los damnificados por el seísmo de 1956.
El terremoto de Atarfe-Albolote del 19 de abril de aquel año alcanzó magnitud 5,0 e intensidad VIII en las localidades más afectadas. El Instituto Andaluz Universitario de Geofísica lo considera uno de los terremotos destructores más importantes sufridos en España durante el siglo XX y documenta víctimas, numerosos heridos, centenares de viviendas destruidas o inhabitables y daños considerables en distintos municipios y en la propia capital. La escasa profundidad del foco, las características del terreno de la Vega y la deficiente calidad de parte de las construcciones contribuyeron a que un terremoto de magnitud moderada ocasionara efectos especialmente graves. (IAUGP)
Dos años después, Granada Gráfica anunciaba que el Patronato Benéfico de Santa Adela tenía en marcha 1.250 nuevas viviendas en el Zaidín. Las 750 de «renta limitada» se encontraban ya en fase inmediata de terminación y otras 500, de tipo social, continuaban construyéndose para familias damnificadas por el terremoto de 1956. Sumadas a las 700 que, según la propia revista, había levantado anteriormente el Patronato en aquella zona, el conjunto alcanzaría las 1.950 viviendas de lo que el periódico denominaba, con expresión muy propia del urbanismo de aquellos años, una «ciudad satélite».
El Zaidín, por tanto, no nació en 1958 ni fue consecuencia exclusiva del terremoto. Sus primeras grandes promociones se habían iniciado algunos años antes. La documentación municipal sitúa en 1953 la entrega de 322 viviendas de la primera fase de la entonces denominada Barriada del Generalísimo y en 1954 otras 400, ambas promovidas por el Patronato Santa Adela. En 1957 se incorporó además la promoción de 500 viviendas de Comandante Valdés, en este caso impulsada por la Obra Sindical del Hogar, no por Santa Adela. En apenas unos años, antiguos terrenos agrícolas situados al sur de la ciudad comenzaron así a transformarse en una de las mayores expansiones residenciales de la Granada contemporánea. (Granada)
Por eso la expresión «ciudad satélite» resulta especialmente reveladora. Para un granadino de finales de los años 50 aquello no era todavía el barrio plenamente incorporado al continuo urbano que conocemos hoy, sino una gran concentración de viviendas populares levantada en la periferia, sobre terrenos de la Vega y todavía necesitada de conexiones, equipamientos y servicios. El crecimiento del Zaidín formó parte de un proceso mucho más amplio mediante el cual las grandes promociones públicas de vivienda social terminaron condicionando la dirección en la que crecería Granada. (Revista SEUG)
Conviene reconocer lo que significó aquel esfuerzo constructor. La escasez de vivienda económica e higiénica era uno de los grandes problemas sociales de la posguerra española y Granada no constituía ninguna excepción. A lo largo de los años 40 y 50 se desarrollaron distintas modalidades de vivienda protegida, promovidas por organismos públicos, patronatos y posteriormente también por la iniciativa privada. La Ley de 15 de julio de 1954 sobre protección de viviendas de renta limitada fue una de las normas fundamentales de aquel sistema y reguló una intervención estatal que pretendía estimular la construcción mediante beneficios, financiación y diferentes categorías de protección. (BOE)
Sería, sin embargo, una simplificación convertir hoy aquellas políticas en una especie de edad de oro en la que cualquier familia necesitada podía conseguir fácilmente una vivienda económica. Las cifras publicadas por la propia Granada Gráfica resultan bastante esclarecedoras: para las 750 viviendas de renta limitada se habían registrado más de 7.500 solicitudes, es decir, más de diez solicitudes por cada vivienda disponible. No sabemos cuántas de aquellas peticiones cumplían finalmente todos los requisitos ni si todas correspondían a situaciones familiares comparables, pero la desproporción entre oferta y demanda muestra con claridad que el problema distaba mucho de estar resuelto.
Muchas familias consiguieron gracias a estas promociones una casa sensiblemente mejor que el alojamiento del que procedían y ese hecho no debería minimizarse. Pero otras muchas tuvieron que esperar, buscar soluciones distintas o continuar durante años en condiciones precarias. El mérito de haber construido miles de viviendas no convierte automáticamente aquellas políticas en suficientes, del mismo modo que señalar sus deficiencias no invalida la mejora que supusieron para quienes pudieron acceder a una de ellas.
A eso se añadía otro problema: construir viviendas no equivalía necesariamente a construir ciudad. La investigación de la Universidad de Granada sobre la vivienda social de la posguerra señala que algunas de aquellas primeras promociones se levantaron con infraestructuras mínimas y sin los equipamientos que requería la nueva población, de manera que durante los primeros años aparecieron importantes carencias de servicios y habitabilidad. Resulta significativo que la propia Granada Gráfica, mientras celebraba en 1958 la expansión del Zaidín, enumerara todavía proyectos de colegios, iglesia, mercado y otros servicios que debían completar la barriada. El Ayuntamiento aprobó precisamente en diciembre de aquel año cuatro grupos escolares y un mercadillo para el Zaidín. (Producción Científica UGR)
Para levantar viviendas económicas en grandes cantidades había que encontrar suelo igualmente económico. El planeamiento de Granada era incapaz de ofrecerlo en cantidad suficiente dentro del casco consolidado y las promociones comenzaron a desplazarse hacia terrenos rurales de la Vega. El Zaidín fue una de las grandes expresiones de esa expansión hacia el sur. La tesis de María del Pilar Puertas Contreras, de la Universidad de Granada, explica cómo la búsqueda de suelo barato llevó a ocupar espacios rurales que posteriormente tuvieron que ser incorporados al crecimiento urbano de la ciudad. (Producción Científica UGR).Aquella decisión permitió construir con rapidez, pero tuvo consecuencias que fueron apareciendo después. Cuando una promoción pública de cientos de viviendas se instala en un terreno periférico, alrededor comienzan a llegar carreteras, redes de abastecimiento, colegios, comercios y otros servicios. El suelo próximo deja poco a poco de ser simplemente agrícola y adquiere expectativas urbanísticas. La investigación académica sobre Granada señala expresamente que terrenos cercanos a aquellas promociones fueron adquiridos por promotores privados y que su posterior urbanización generó importantes plusvalías. (Producción Científica UGR)
Es importante no confundir los términos. No existe base para presentar las viviendas de Santa Adela destinadas a los damnificados del terremoto como una operación especulativa, y hacerlo sería injustificado. Otra cosa distinta es lo que sucedió después, cuando la expansión de la ciudad y la llegada de infraestructuras públicas hicieron cada vez más atractivos los terrenos circundantes. Hacia finales de los años 50 la iniciativa privada comenzó a participar con mayor intensidad en la construcción de vivienda protegida, favorecida por los beneficios legales, la acumulación de capital y, según la investigación universitaria, por la expectativa de importantes plusvalías. (Universidad de Granada)
Ese proceso tuvo además un coste colectivo. Los primeros habitantes de las barriadas soportaron durante años la falta de servicios y el Ayuntamiento tuvo que extender posteriormente infraestructuras y equipamientos hacia núcleos que habían crecido alejados del centro. La misma investigación describe un desarrollo urbano poco ordenado, en el que el planeamiento municipal acabó adaptándose a situaciones que previamente habían creado sobre el terreno distintos organismos promotores. Los nuevos barrios solucionaban una necesidad urgente, pero también estaban condicionando de manera difícilmente reversible el futuro crecimiento de Granada. (Universidad de Granada)
Otro aspecto que merece cierta cautela es el de las adjudicaciones. El Patronato Santa Adela permitió que muchas familias de escasos recursos accedieran a viviendas que difícilmente habrían podido adquirir en el mercado libre, pero su actividad se desarrollaba dentro de las estructuras políticas y sociales del franquismo. El Patronato estaba presidido por el gobernador civil y jefe provincial de Falange, mientras que otras grandes promociones dependían de instituciones como la Obra Sindical del Hogar; administración, asistencia social y organizaciones del régimen formaban parte de un mismo entramado institucional. (Producción Científica UGR)
Los trabajos de historia local sobre los primeros años del Zaidín, especialmente los realizados por Isidro Olgoso a partir de documentación y testimonios del barrio, han recogido prácticas de adjudicación en las que podían intervenir recomendaciones, aportaciones económicas y criterios morales que hoy resultarían difícilmente compatibles con un procedimiento administrativo moderno. Son cuestiones que deben manejarse con prudencia, porque no permiten afirmar que todas las adjudicaciones fueran arbitrarias ni que las familias beneficiarias no necesitaran realmente aquellas viviendas. Sí sirven, en cambio, para recordar que estamos hablando de políticas sociales desarrolladas dentro de una dictadura y, por tanto, sometidas a mecanismos políticos, administrativos y sociales muy distintos de los actuales.
La propia información de Granada Gráfica ofrece un detalle ilustrativo. Las más de 7.500 solicitudes presentadas para las viviendas de renta limitada habían sido revisadas y comprobadas por la Sección Femenina. Que una organización política del régimen participara en una tarea semejante no resultaba extraño entonces, pero ayuda a comprender hasta qué punto la política de vivienda estaba integrada en una concepción más amplia de asistencia, encuadramiento social y control institucional.
Releer hoy aquellas páginas también exige distinguir entre la obra material y el relato con el que se presentaba. Los bloques existían, las viviendas se construían y miles de familias acabarían habitándolas; no era una ficción propagandística. Pero la prensa de la época utilizaba aquellos proyectos para reforzar un discurso político muy concreto. Granada Gráfica hablaba del «secular abandono» que el régimen había heredado, presentaba a Santa Adela como una institución «benemérita» y elogiaba su «magnífica y abnegada labor social», todo ello dentro del lenguaje público característico de la dictadura.
Por eso conviene desconfiar tanto de la descalificación automática como de la nostalgia excesiva. Se construyó mucha vivienda protegida y numerosas familias mejoraron de manera real sus condiciones de vida. Al mismo tiempo, la demanda superó ampliamente la oferta, hubo barriadas que nacieron con equipamientos insuficientes, el crecimiento sobre la Vega produjo problemas urbanísticos posteriores y los procedimientos de acceso estaban insertos en estructuras políticas que no respondían a los principios democráticos y de transparencia que hoy consideramos exigibles.
De vez en cuando reaparece la comparación según la cual «antes se construían casas para la gente y ahora no». La pregunta sobre por qué hoy resulta tan difícil ofrecer vivienda asequible es perfectamente legítima, y aquella experiencia demuestra que una intervención intensa del Estado puede incrementar de manera notable la oferta residencial. Pero utilizar ese hecho para imaginar un pasado en el que el problema estaba solucionado resulta difícil de sostener cuando el propio documento que ensalzaba aquellas promociones reconoce más de 7.500 peticiones para solo 750 viviendas.
La experiencia ofrece quizá una enseñanza bastante más útil que la simple añoranza. Construir vivienda protegida puede cambiar la vida de miles de familias, pero el número de casas no es el único criterio con el que debe juzgarse una política residencial. Importan también su calidad, los servicios del barrio, la ubicación, la planificación urbana, los mecanismos de adjudicación, el mantenimiento posterior y algo que aparece una y otra vez en la historia de las ciudades: quién termina obteniendo las plusvalías generadas cuando el esfuerzo colectivo transforma un suelo barato en una nueva parte de la ciudad.
Y llegamos de nuevo a la razón por la que merece la pena recuperar ahora estas páginas. El 19 de abril de 1956 tembló Granada y el terremoto ocasionó graves daños en una provincia que ya tenía un serio problema de vivienda. Dos años después, Granada Gráfica mostraba la transformación del Zaidín y explicaba que 500 viviendas sociales se estaban construyendo para los damnificados de aquel seísmo.
No fueron necesariamente las únicas viviendas relacionadas con el realojo de afectados. Otras promociones granadinas de aquellos años también estuvieron vinculadas a las necesidades surgidas tras el terremoto, de modo que esas 500 deben entenderse como la actuación concreta que documenta el reportaje de Granada Gráfica, no como el conjunto completo de la respuesta residencial que siguió a la catástrofe.
La diferencia es importante porque permite contar la historia con mayor precisión. Un terremoto no termina cuando deja de moverse el suelo. Después vienen las inspecciones, los edificios que pueden repararse y los que no, las familias que necesitan alojamiento y las decisiones sobre dónde y cómo reconstruir. En la Granada de 1956 todo eso coincidió, además, con una escasez estructural de viviendas y con una ciudad que comenzaba a expandirse rápidamente hacia la Vega.
Aquellas 500 viviendas forman parte, por tanto, de dos historias que se cruzan: la historia sísmica de Granada y la historia del crecimiento del Zaidín.
Con los años, aquella «ciudad satélite» dejó de serlo. Llegaron colegios, mercados, comercios, parroquias, nuevas calles, transportes y promociones privadas; la ciudad avanzó a su alrededor y el Zaidín acabó convertido en uno de los grandes barrios de Granada. Los edificios que en las fotografías de finales de los 50 aparecen rodeados de espacios abiertos terminaron formando parte de un tejido urbano denso y completamente integrado en la capital.
Algunas de aquellas promociones envejecieron después y determinadas zonas necesitaron profundas actuaciones de rehabilitación o renovación. Tampoco resulta extraño: las viviendas resuelven una necesidad en un momento concreto, pero los barrios necesitan mantenerse, actualizarse y adaptarse durante décadas. El éxito de una política residencial no puede medirse únicamente el día en que se entregan las llaves.

Quizá sea esa la mejor manera de contemplar hoy las páginas de Granada Gráfica: sin convertirlas en propaganda retrospectiva, pero tampoco en motivo para negar lo que realmente se hizo. La Granada de aquellos años tenía una escasez enorme de vivienda, importantes bolsas de pobreza y una periferia que empezaba a crecer sobre la Vega. Las instituciones construyeron miles de casas y mejoraron la situación de muchas familias, aunque la demanda continuara desbordando la oferta y el modelo presentara carencias sociales, urbanísticas y políticas que también deben formar parte del relato.
Entre todos aquellos proyectos, cifras y grandes titulares queda una frase especialmente vinculada a nuestra memoria sísmica:
«Otras 500, de tipo social, son destinadas a los damnificados por el terremoto de 1956».
Detrás de esa línea publicada hace casi 70 años había centenares de familias, una ciudad en plena transformación y una catástrofe cuyas consecuencias no acabaron cuando dejó de temblar la tierra. Recuperarla ahora no significa comparar dos episodios sísmicos distintos ni decir que la historia se repite. Significa recordar que también los terremotos, de una manera inesperada, han terminado dejando su huella en la forma de Granada y en la historia de sus barrios.
Les dejo la transcripción de los textos por si alguien tiene curiosidad en leerlos:
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1.250 NUEVAS VIVIENDAS CONSTRUYE EN EL ZAIDIN EL PATRONATO DE «SANTA ADELAS
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750 de renta «limitada», serán entregadas en fecha inmediata
OTRAS 500, DE TIPO SOCIAL, SON DESTINADAS A LOS DAMNIFICADOS POR EL TERREMOTO DE 1956
1.950 viviendas integrarán la «ciudad satélite», levantada por la benemérita institución granadina
El problema de la vivienda en Granada -como en España entera-, de magnitud superior a la que presenta en el resto del mundo como consecuencia de un secular abandono con el que ha tenido que enfrentarse nuestro Régimen, comienza ya a dar sus frutos. Mes tras mes, con la seguridad que da la perfecta maduración de los planes y la visión realista de lo que, tanto por la existencia de materiales y mano de obra como por las posibilidades financiación, puede llevarse a cabo, van construyéndose y terminándose en todo el ámbito provincial cientos y cientos de viviendas que son necesarias para avanzar por seguro camino hacia la eliminación del déficit que pesaba sobre Granada y su provincia.
Estas fotografías corresponden a algunos de los grupos de viviendas de «Renta limitada», proyectadas por los arquitectos señores Wihelmi (don Fernando), Castillo y Fernández Figares, y que enclavadas en la ‘ciudad satélite’ del Zaidín, serán adjudicadas en propiedad, en régimen de amortización mensual, por el Patronato benéfico de ‘Santa Adela’.Otros dos grupos -cuyo proyecto se debe a los arquitectos señores Del Valle y Pfeifer- de quinientas viviendas de tipo social, se construyen también en dicha zona, destinadas a los damnificados por el seísmo del año 1956.
Las primeras que se indican, en número de 750, están en inmediata fase de terminación, y serán entregadas próximamente.
Sus rentas de amortización no han sido fijadas aún, ya que dependen, en parte, de los aumentos habidos por la revisión de los grupos en mano de obra. Sí podemos afirmar que serán lo más bajo posible que permita su coste y sin cantidad alguna en concepto de entrada.
La demanda de solicitudes para las mismas es extraordinaria. Pasan de siete mil quinientas las instancias registradas en las oficinas del Patronato, peticiones que han sido revisadas y comprobadas por la Sección Femenina, en ímproba labor realizada a tal fin.
Con las anteriormente construidas -en número de setecientas- y los grupos que reseñamos, harán un total de mil novecientas cincuenta las viviendas construidas por dicho Patronato en el Zaidín.
Estos grupos cuentan, además, con veinte locales de negocios, repartidos entre las distintas actividades comerciales consideradas más urgentes para la barriada, contándose también con la instalación de un dispensario sanitario de urgencia y locutorios telefónicos.
Como obras complementarias de la nueva zona urbana, figuran en proyectos ya aprobados por la superioridad: una iglesia, dos grupos escolares con capacidad para veinte clases y un Hogar del Frente de Juventudes. Pendientes de aprobación se encuentran un Hogar de la Sección Femenina, un Mercado y una Casa-cuartel de la Guardia Civil. Es asi como el Patronato de «Santa Adelas ha adquirido carta de naturaleza, como institución granadina. que cuenta con el apoyo y el cariño de todo el mundo por la magnífica y abnegada labor social que viene realizando.
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GRANADA avanza por camino seguro hacia la eliminación total del déficit de la vivienda, gracias a la abnezada labor de los arganismos oficiales y especialmente, del Patronato benéfico ‘Santa Adela’ que ha adquirido carta de naturaleza en nuestra capital provincia como institución eminentemente granadina, pues cuenta con el cariño apoyo de todo el mundo por la magnítica labor social que viene realizando.
Bloques y más bloques de viviendas, de tipo social y subvencionadas, están poblando toda la geografía provincial por obra del Patronato, que hará entrega el próximo l.° de julio de las edificaciones siguientes:
CHAUCHINA. – 64 viviendas subvenciona.
das y 54 de tipo social, con un presupuesto aproximado de siete millunes de pesetas
GUEVEJAR. – 25 viviendas de tipo social.
GUADIX.-25 viviendas subvencionadas con 1.409.063 pesetas de presupuesto.
MOTRIL. – 25 viviendas subvencionadas v
1.317.190 pesetas
MONTERIO. -30 viviendas subvenciona
das y 1.712 068 pesetas.
También se encuentra en construcción. aun que en período menos avanzado otros grupos, a saber:
PURCHIL. -12 viviendas subvencionadas por un total de 596.610 pesetas
LOJA. – 25 viviendas de igual tipo y 1.231.052 pesetas de presupuesto.
MARACENA. – 44 viviendas también sub vencionadas y 2.028.259 pesetas
HUETOR VEGA. – 50. con 1.800.000 pese:
tas de presupuesto.
En comienzo inmediato de ejecución, están estos proyectos llamar:
CIJUELA. -50 viviendas subvencionadas. con 2.500.000 pesetas de presupuesto
ATARFE. – 65 viviendas (3.250.000 pesetas
GUADAHORTUNA.-60 de igual tipo (pesetas 3.000.000).
CASTELL DE FERRO. – 30, presupuestadas en 1.500.000 pesetas
MARCHAL. – 20, un millón de pesetas
CIJUELA. – 50, dos millones quinientas mil
pesetas.
MONTEJICAR. – 30, dos millones quinientas mil pesetas.
SANTA CRUZ DEL COMERCIO. – 25, un millón doscientas cincuenta mil.
Si Y dos grupos aún no concretados en Monachil y Otura.
Números cantan y las cifras que ofrecemos a la curiosidad del lector no pueden ser más
elocuentes
VIVIENDA EN CONSTRUCCION: 304
PRESUPUESTO GENERAL DE OBRAS:
16.000.000 de pesetas
Proyectos a punto de ser iniciados: 340 viviendas, con un presupuesto total de 20.000.000 de pesetas
https://www.facebook.com/1622619842/posts/10239189700033821/?rdid=e1hXhWc6QeWipaH0