20 octubre 2026

Cómo sería la Granada de hoy día si el río Darro siguiera al descubierto

Si el caudal volviera a discurrir a cielo abierto, ¿qué pasaría? Hemos pedido a la inteligencia artificial que imagine una ciudad atravesada por una arteria de agua

Hubo un tiempo en el que el río Darro estaba plenamente integrado en el día a día de Granada. Su cauce, enérgico y generoso, movía molinos, regaba huertas, abastecía los baños públicos e incluso servía para el bateo de oro. Por entonces, los aguadores transportaban hasta la ciudad el agua fresca de la emblemática fuente del Avellano, mientras curtidores y tintoreros faenaban sin descanso en sus orillas. Siglos más tarde, los viajeros románticos inmortalizarían la desbordante belleza de este entorno natural y de los nueve puentes que lo sorteaban. Su cauce movía molinos regaba huertas, alimentaba los baños públicos y se bateaba oro. Los aguadores llevaban hasta la ciudad el agua fresca de la fuente del Avellano. Curtidores y tintoreros trabajaron en su orilla. Siglos más tarde, los viajeros románticos inmortalizarían la desbordante belleza de este entorno natural y de los nueve puentes que lo sorteaban.

Pero las riadas y las condiciones insalubres de su cauce empujaron a cubrirlo progresivamente, además, Granada aspiraba a parecerse a las grandes urbes europeas y la modernidad exigía cubrir el Darro. De este modo, en el siglo XVI se embovedó el tramo de Plaza Nueva y, posteriormente, en el XVIII, se cubrió el trayecto entre el Puente de la Paja y Puerta Real. Así fue configurándose el nuevo corazón de la Granada burguesa, que a finales del siglo XIX transformaría el canal abierto de la calle Reyes Católicos en una gran avenida comercial. Durante este proceso no faltaron propuestas singulares para su aprovechamiento, como la planteada con motivo de la visita de la reina Isabel II, cuando se sugirió crear una «pequeña Venecia» entre los puentes de la Paja y de Castañeda. Finalmente, hacia 1940, el Darro quedó por completo cubierto desde el Puente de Castañeda hasta su desembocadura en el Genil.

Embovedado del río
Embovedado del río. (IDEAL)

El 12 de septiembre de 1951, una tormenta de extraordinaria violencia hizo saltar por los aires el pavimento de Puerta Real. La formidable presión del agua y la acumulación de troncos y escombros bajo la bóveda provocaron una explosión que lanzó adoquines y grandes bloques de piedra a la superficie. Aquel episodio, que pasó a la historia como «el Reventón del Darro», recordó de forma dramática que el río seguía muy vivo bajo las calles, por mucho que la ciudad se empeñara en ocultarlo.

¿Cómo sería Granada hoy si el Darro volviera a discurrir a cielo abierto? Hemos pedido a la inteligencia artificial que imagine una ciudad atravesada de nuevo por esta arteria de agua cristalina, devolviéndonos el cauce histórico que un día quedó sepultado bajo el asfalto.

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