Siete de cada diez ciudadanos consideran «poco» o «nada aceptable» la espera para los especialistas
(Foto de ARCHIVO) Varias personas a su llegada al Centro de Salud Moralzarzal, a 5 de diciembre de 2025, en Moralzarzal, Madrid (España). Marta Fernández / Europa Press 05/12/2025
El 40,7% de los encuestados creen que las listas de espera han empeorado durante el último año, según la segunda oleada del Barómetro Sanitario 2026, elaborado por el CIS.
La lentitud de la sanidad pública suspende entre los ciudadanos. El 72,8% de la población considera «poco» o «nada aceptables» los tiempos que debe aguardar para conseguir una consulta con un especialista. Así lo revela la segunda oleada del Barómetro Sanitario 2026, elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que vuelve a poner el foco en las dificultades de acceso a la atención sanitaria. Cuatro de cada diez ciudadanos (40,7%) creen que las listas de espera han empeorado en el último año, mientras que un 44,5% considera que la situación no ha cambiado. Apenas un 8,2% aprecia alguna mejoría.
El descontento se extiende al resto de los servicios sanitarios. El 67,6% de los encuestados tacha de «poco» o «nada razonables» las esperas para someterse a pruebas diagnósticas, un porcentaje que se sitúa en el 59,4% en el caso de las intervenciones quirúrgicas programadas. Tampoco convence la rapidez de la Atención Primaria (AP): el 53,5% considera excesivos los tiempos de espera. A esta percepción se suma la desconfianza hacia la gestión de las administraciones sanitarias. Casi dos de cada tres ciudadanos (63,4%) creen que las autoridades no están adoptando medidas para reducir las demoras en las consultas de especialistas.
El estudio también muestra las dificultades para conseguir una cita con el médico de familia. El 23,7% de la población asegura que durante los últimos 12 meses necesitó acudir a la sanidad pública para consultar con su médico de cabecera, pero no pudo hacerlo. Entre quienes se encontraron con este problema, el 72,5% atribuye la imposibilidad de recibir atención a que no había citas disponibles cuando las necesitaban. La falta de acceso a la consulta llevó al 55,5% de estas personas a recurrir a los servicios de urgencias.
La espera media para conseguir una cita con el médico de familia se situó en 9,71 días, según los últimos datos del CIS
Quienes sí lograron ser atendidos tampoco siempre consiguieron una cita a tiempo. El 72% de los pacientes que obtuvieron una consulta presencial o telefónica tuvo que esperar más de un día por falta de disponibilidad. En el 27,9% de estos casos, la demora se prolongó durante 11 días o más. La espera media para conseguir una cita con el médico de familia se situó en 9,71 días.
Más de seis meses para una consulta con el especialista
La atención especializada tampoco escapa a los retrasos. Entre los pacientes derivados desde AP, el 19,9% tuvo que esperar más de seis meses para conseguir una primera consulta con el especialista. La demora media alcanzó los 139,58 días. La situación resulta aún más complicada cuando se trata de una revisión con el mismo profesional: el 30,8% de los pacientes esperó más de medio año y el tiempo medio se disparó hasta los 181,99 días.
Los ciudadanos le otorgan una nota media de 6,19 sobre 10 a la sanidad pública, según el CIS
Pese a estas dificultades, la valoración general de la sanidad pública mantiene un aprobado. Los ciudadanos le otorgan una nota media de 6,19 sobre 10. Algo más de la mitad (52,7%) considera que el sistema funciona «bien» o «bastante bien», «aunque necesita algunos cambios». Sin embargo, casi el mismo porcentaje, un 46,9%, entiende que requiere modificaciones fundamentales o que funciona «mal» y «necesita una transformación profunda».
El barómetro también refleja el peso creciente de la sanidad privada. El 28,6% de los encuestados dispone de un seguro médico privado, bien contratado por ellos mismos o por algún familiar (21,9%), bien facilitado a través de su empresa (6,7%). Frente a ellos, el 70,9% afirma no contar con este tipo de cobertura.
La salud mental y las barreras económicas
La encuesta incorpora datos sobre el acceso a la atención psicológica y psiquiátrica. El 17,8% de la población necesitó consultar durante el último año con un profesional sanitario por problemas de salud mental o por algún tipo de malestar psicológico o emocional. De quienes requirieron esta atención, el 57,9% fue atendido principalmente a través de la sanidad pública. Otro 26,4% recurrió a profesionales privados sin disponer de un seguro médico, mientras que el 8,8% utilizó la cobertura de un seguro privado. Las dificultades económicas también condicionan el acceso a los tratamientos. El 5,6% de los ciudadanos reconoce haber dejado de tomar algún medicamento recetado por un médico de la sanidad pública porque no podía asumir su coste.
En cuanto a la relación entre pacientes y profesionales, la mayoría valora positivamente la comunicación durante las consultas. El 92,8% de quienes acudieron a AP considera que su médico le explicó la información de manera comprensible, mientras que el 83,1% asegura que pudo plantear sus dudas y preocupaciones. Sin embargo, la participación en las decisiones sobre los tratamientos sigue siendo una asignatura pendiente: el 18,4% de los pacientes de AP cree que no pudo intervenir tanto como hubiera querido, una proporción que aumenta hasta el 23,2% en las consultas de atención especializada. A las demoras para conseguir cita se suman las esperas dentro de los propios centros sanitarios. El 22% de quienes acudieron presencialmente a una consulta de AP tuvo que permanecer más de una hora en la sala de espera.
La desconfianza hacia la IA en las consultas
El CIS también pregunta por la percepción ciudadana sobre la incorporación de la Inteligencia Artificial (IA) al ámbito sanitario. Aunque el 64,5% de la población ha oído hablar de herramientas de IA aplicadas a la salud, su posible utilización en la atención médica genera recelos entre una parte importante de los encuestados. El 44,9% afirma que se sentiría «totalmente incómodo» si tuviera que hablar con una IA durante una consulta médica. La desconfianza también aparece ante otras aplicaciones: el 38,2% rechazaría por completo que un asistente virtual realizase el seguimiento de su enfermedad; el 30,4% se sentiría «totalmente incómodo» ante una intervención quirúrgica realizada mediante un robot, y el 27,1% mostraría el mismo rechazo si un sistema de IA se encargase de interpretar sus radiografías.
PUBLICO
FOTO: Una persona en un centro de salud. Imagen de archivo.Marta Fernández / Europa Press.
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