La Memoria que guardan las nietas para no olvidar la represión franquista
«Nietas contra el olvido», coordinado por Carmen Morente y escrito por 56 nietas de víctimas del terror franquista, es una valiosa herramienta para la recuperación de la Memoria Democrática y combatir el negacionismo
Mujeres que vistieron luto toda su vida; mujeres en silencio, que solo hablaban, en voz baja, de puertas para adentro; mujeres que lo perdieron todo, al compañero, al hijo, al padre, al hermano, a la madre, a la hermana, por el terror y muerte sembrados por tras el golpe militar del 36 y los oscuros años de la dictadura franquista. Esas mujeres custodiaron la memoria familiar, cada recuerdo, cada foto, aunque fuera ocultada, para que la tierra que sepultó a sus familiares, algunos de los cuales aún no han sido localizados, no los borrara para siempre, como pretendió el franquismo.
Esa memoria es la que hoy, 90 años después del golpe militar que acabó con la legalidad democrática de la II República, emerge en el libro «Nietas contra el olvido», que fue presentado este jueves en Granada ante un auditorio lleno de asistentes y de dignidad, la de cada una de esas mujeres y sus nietas, encargadas ahora de mantener vivo ese legado democrático.

El Aula 2 del Espacio V Centenario se llenó para seguir la presentación del libro. manuel codina
El libro «Nietas contra el olvido» tiene «memoria, historia y género»
Como recordó Carmen Morente, coordinadora de la publicación, citando la introducción que firman dos profesoras de la UGR -Teresa Ortega y Alba Martínez-, «el libro tiene memoria, historia y género». Un libro escrito por mujeres de manera cooperativa, consensuado, una metodología que ha tenido sus inconvenientes, como admitió Morente, porque los tiempos «se ralentizan». Pero esta obra colectiva es una auténtica joya para la Memoria Democrática que, además, reivindica el valor de la tradición oral.
Escrita por nietas, bisnietas y sobrinas nietas de mujeres que sufrieron la represión, en algunos casos siendo ellas las víctimas asesinadas y, en otros, sufriendo el de sus familiares directos, la publicación constituye «un referente para la investigación», que «abre nuevos debates en torno a la verdad, la justicia y la reparación» y que reivindica el valor de la «subjetividad y la intrahistoria», expuso Enriqueta Barranco al introducir el acto, celebrado en una de las aulas del Espacio V Centenario de la UGR, cuya editorial ha publicado el libro.
Apuntó también Enriqueta Barranco los estudios de especialistas que señalan el trauma transgeneracional vivido por las familias, que no se perderá ni en la tercera generación. Porque lo que han vivido esas familias es un «dolor encapsulado», «duelos suspendidos» y un «mutismo heredado».

La directora de la Editorial de la UGR flanqueada por Enriqueta Barranco y Carmen Morente. m.codina
«Nietas contra el olvido», resumió, «no es una mera recopilación» de testimonios, es «un laboratorio metodológico», «la historia oral de la represión» contada por 56 nietas. En el acto de este jueves hablaron algunas de ellas en representación de las autoras, como Pilar Menoyo, nieta de Francisco Menoyo Baños, que fue alcalde de Granada, fusilado en las tapias del cementerio; Olga García-Duarte, nieta de Rafael García-Duarte, insigne médico que fue concejal y también asesinado; Trinidad Ayuso, nieta de Wenceslao Guerrero; o Silvia González, cuya familia sufrió el horror franquista en Madrid y Ávila.
Como trasladaron las nietas que tomaron la palabra, las heridas siguen abiertas, no solo porque en muchos casos no han sido localizados sus familiares y su memoria no ha sido reparada, sino por medidas dictadas este 2026, como los obstáculos judiciales a la Ley de Nietos, que vuelve a revictimizarlas, como recordó Purificación Salas, nieta de un militar víctima de la matanza de Badajoz.
Las nietas custodian la memoria y siguen buscando, como trasladó María Jesús Pérez Galant, valenciana. «Es una obligación moral» mientras quede una víctima sin encontrar, resaltó Pilar Menoyo, porque es una «anomalía histórica» que un Estado democrático no haya restituido aún su memoria.
Entre el público que llenó el Aula 2 del Espacio V Centenario, dos exrectores, Francisco González Lodeiro y Pilar Aranda, y el director de la Cátedra Salvador Vila de la UGR, Francisco Carrión.
Recopilamos, a continuación, algunas de las intervenciones de las nietas:
Pilar Menoyo
Cuando me ofrecieron participar en este hermoso proyecto me pareció un honor y una obligación moral. La cosa se complicó cuando me enfrenté al dilema de plasmarlo en palabras. No fue nada fácil relatar en un testimonio breve mis vivencias y recuerdos personales de mi abuelo y como afectó a mi familia. Podría haberlo hecho mejor y hay cosas que hoy cambiaría, pero me siento muy orgullosa.
Porque no es una cuestión política. Es una cuestión de ética. Considero que esta es mi obligación y que los descendientes no debemos callar ante tantas injusticias cometidas a nuestros familiares represaliados. Hemos de aportar nuestro granito de arena para lograr una reparación, para intentar, en la medida de nuestras posibilidades, devolverles la dignidad que les fue arrebatada y rescatarles del silencio al que fueron sometidos sus familiares, como si ellos nunca hubieran existido. Sus historias han de ser contadas y reconocidas, porque nadie, absolutamente nadie, merece caer en el olvido.
No se debe dejar de trabajar en esta dirección mientras quede un solo desaparecido sin identificar y sin ser entregado a sus seres queridos para poder enterrarlo en paz. Para que puedan cerrarse las heridas.
Lo grave es que después de la guerra y durante mucho tiempo se siguió matando con total impunidad. Y esos crímenes no han sido condenados. No se trata de remover el pasado porque sí. El hecho de que en nuestro país todavía no se haya completado la restitución es una anomalía histórica en un Estado democrático.

Felicito a las autoras y a todas las personas que han hecho posible esta obra de Amor. Especialmente a Carmen Morente Muñoz quien nos a creado una plataforma para presentar los testimonios de las Nietas.
Las Nietas representan una generación que, sin haber vivido directamente aquellos momentos, han sentido la responsabilidad y necesidad de preguntar, escuchar, investigar, y reconstruir una memoria ocultada durante décadas. No solamente familiar sino también colectiva.
Gracias.

Silvia González
Mi padre nació en el Madrid sitiado por las bombas. Ese Madrid, símbolo de la resistencia antifascista, se convirtió, años después, en la tumba de 2.936 mujeres y hombres de toda España y de otro buen número, aún por determinar, de asesinatos en caliente durante los primeros días de la ocupación de la capital. Trataron de borrar su memoria destruyendo los nombres grabados en el memorial del Cementerio del Este; nosotros no olvidamos quiénes eran.
Uno de esos nombres es el de Joaquinita Rodríguez “la Peque”, que prestó servicio como enfermera durante la guerra. Tenía 21 años cuando la mataron: cuidó a tantos, pero no pudo salvarse. Paloma León Calopa cuenta cómo su abuela, “una magnífica narradora”, le transmitió su historia en una casa en la que el silencio “trataba de bordear la tristeza”. En su última carta, Joaquinita decía: “(..) vosotros podéis llevar la cabeza muy alta y defender mi nombre”. Paloma decidió mantener viva su memoria.
Licinio Morales Gómez, hermano de mi abuela, fue alcalde republicano de San Esteban del Valle, un pueblo abulense en las faldas de la Sierra de Gredos. Crecí con su carta de despedida resonando en mi cabeza: “Nadie como tú sabe el bien que siempre quise hacer por la humanidad, que fui incapaz de cometer ningún crimen. Solo deseo que esto quede a mi memoria…”. Intento ser, cada día, digna heredera de los valores republicanos que representaron.
Marisa Castañeda encontró ese vínculo en las cartas de su tío, Julián Rodríguez Gálvez. Durante años las leyó y, a través de ellas, conoció por qué lo fusilaban y por qué había luchado. Comprendió entonces que su tío seguía vivo en ella. Julián decía que “la unidad es un bien común” y que esa unidad era necesaria para combatir el fascismo. Hoy, 90 años después, sus palabras resuenan más que nunca en nuestros corazones. Como si el tiempo no hubiera pasado, el fascismo está a las puertas. NO PASARÁN.
Ese legado de lucha y de búsqueda del bien común, la resistencia de nuestras abuelas y su resiliencia ante un pasado lleno de violencia y tristeza han moldeado nuestras vidas. Cada una de nosotras ha buscado su identidad reconstruyendo la historia familiar. Esa búsqueda también ha cambiado nuestra manera de relacionarnos con el mundo y lo queremos contar en este libro.
Como dice nuestra querida poeta Marisa Peña:
Mientras me quede voz
no han de callar mis muertos.
El tiempo pasó entreverado en los acontecimientos históricos de sus años de existencia, convirtiéndose en testigo de los numerosos sucesos que sobrevinieron desde su nacimiento, en 1883, hasta su fallecimiento, en 1971 a los ochenta y ocho años. La llegada a Ceuta del ejército franquista fulminó las esperanzas de mejora de los más desfavorecidos en el escaso tiempo de la República. La dura represión militar y falangista se dejó caer en la ciudad con el fusilamiento de hombres y mujeres que siguieron la misma suerte que su alcalde, el médico comunista Antonio Sánchez-Prado.
En noviembre del 37, llamaron a la puerta de Milagros con orden de prisión. Su hijo Paco, movilizado por el ejército franquista, se encontraba desaparecido del regimiento de infantería en Burgos, a donde había sido destinado. Queipo de Llano ordenó desde Sevilla que por cada hombre huido del combate se detuviera a la madre o hermanas en primer lugar, y a cuñadas y hasta madrastras en segundo lugar.Mi bisabuela, de luto permanente y en eterna lucha con la vida, salía del patio de vecinos en el que vivía, escoltada por dos falangistas que la condujeron a la Cárcel de Mujeres del Sarchal.
A decir de su hija Mariquita, que la visitó durante aquellos seis meses de encarcelamiento, solo se empleaba en llorar por la desaparición de su hijo Paco, al que suponía muerto en la permanente incertidumbre de su paradero.
Yo conocí a mi bisabuela. Uno de los rasgos más insistentes que oí siempre en el círculo familiar es que Milagros era una mujer callada, absorta siempre en su silencio. No hablaba por no molestar, se decía. Cuando un día de estos recientes, mi madre me contó este relato de la vida Milagros, sentí un enorme dolor por este silencio familiar, que me ayudó a entender mejor el carácter reservado de mi bisabuela, ese silencio que la acompañó a lo largo de toda su vida, y que hoy rompemos con nuestras voces en este espléndido libro que la Editorial de nuestra Universidad ha tenido a bien publicar.

PORQUE NUNCA NADIE LES DIO CARIÑO
Estamos hoy aquí, ahora, nosotras, porque la memoria es urgente y forma parte del presente y de nuestras identidades. Y porque nunca nos olvidaremos de darles, todos los días de nuestra vida, ese cariño que les faltó durante tantos años.Las Nietas de Castilla-La Mancha y Murcia somos Manuela Olivares, Ana Mari Mansilla, M.ª Jesús Royo, Elena Iniesta, Laura García Calderón y yo misma, Lola Alemany.La represión en Castilla-La Mancha durante la Guerra Civil y la dictadura franquista fue terrible. De las más de 20.000 víctimas documentadas en la región, Albacete registra más de 12.000. Es precisamente de la provincia de Albacete de donde proceden los impresionantes relatos de aquellas abuelas que llevaban nubes grises en la cabeza hasta cuando reían (Elena Iniesta), que vestían pañuelos negros en la cabeza (Manuela Olivares) o lloraban detrás de las gafas (Lola Alemany); y de aquellos abuelos que llevaban una cuchara colgada del cinturón de los pantalones (Ana Mari Mansilla).«¿Cómo puedes querer tanto a un abuelo si no lo conociste?», se pregunta M.ª Jesús Royo, mientras nos quedamos hipnotizadas con el río que dibujó al final de su última carta el tío abuelo de Laura García Calderón.
Yo pensaba que estaba sola en el dolor que escondía por la muerte de mi abuelo, hasta que escuché los relatos de estas nietas de Castilla-La Mancha y Murcia. Las conocí porque algunas de ellas aún buscan los cuerpos de sus familiares a través de la Asociación de la Fosa de Alcaraz, a la que desde aquí expreso mi enorme admiración.
Las Nietas, estas y todas las demás, me han enseñado a vivir el recuerdo de mi abuelo desde el amor y la dignidad. Sin darnos cuenta, nos hemos convertido en el espejo unas de otras. Nos hemos reconocido, acompañado y ayudado a transitar las zonas más oscuras de nuestra historia. Y todo este proceso ha sido desde el amor: un amor que impregna todas y cada una de las páginas del libro Nietas contra el olvido, un amor que dura más que la propia vida.
Ahora ha llegado el momento de celebrar juntas, de pasearnos por toda la geografía española, orgullosas de nuestros familiares represaliados, a quienes estamos devolviendo la dignidad que les fue arrebatada.
Enhorabuena, Nietas. ¡Qué suerte tengo de estar junto a vosotras!Salud y adelante.
Venimos de la ciudad del Palacio de la Alegría, la Aljaferia, Zaragoza. Durante años crucé su Patio de los Naranjos para entrar en las Cortes de Aragón. Allí participé en la elaboración de la Ley de Memoria Democrática de Aragón.
Hoy esa ley está derogada. Pero hay algo que nunca podrán derogar: nuestra memoria y nuestra determinación de seguir contando.
Las mujeres aragonesas que participamos en este libro somos activistas feministas y de la memoria democrática. Sabemos que los derechos no nos fueron regalados, que otras lucharon antes que nosotras y que lo conquistado también se puede perder.Somos nietas de una generación a la que quisieron borrar de la historia.
Nuestros relatos hablan de Guernica, de Mauthausen y de una maestra republicana asesinada. También del desarraigo del exilio lejano, de quienes tuvieron que abandonar su tierra y aprender a vivir con la ausencia.
Mi hermana y yo crecimos con las historias de nuestros abuelos asesinados. Nuestra abuela, embarazada, fue llevada del paritorio al paredón para robarle a su hija.
Cuando nació mi hermana, me regaló también la explicación de mi propio nombre. Ella se llama Alicia, como nuestra abuela materna, y yo supe entonces que me llamaba Josefina por nuestra abuela paterna. Tanto miedo y tantos silencios.¿Cómo no iban a atravesarnos esas historias?
Durante años hemos contado sus vidas, recuperado sus nombres, defendido su dignidad. Pero Carmen Morente nos pidió algo diferente: que habláramos de nosotras, de cómo aquellas historias habían marcado nuestras vidas y de cómo habían influido en las mujeres que somos hoy.
Por primera vez, las nietas estábamos en el centro del relato, compartiendo la historia con los nuestros. Ha sido, sin duda, la experiencia más emocionante de este camino.Porque no solo heredamos el dolor. También la dignidad, la rebeldía y el compromiso.Llevamos su historia en nuestro ADN, pero también en nuestros nombres: Rosario Artal, Adela Fuyola y Josefina Musulén.
Somos portadoras de estas historias y responsables de transmitirlas. No se pueden pasar las páginas de la historia sin leerlas. Y para leerlas, primero hay que escribirlas.Nosotras llevamos esa mochila, pero la responsabilidad de conocer, reconocer y asumir lo ocurrido es de toda la sociedad. La memoria no es solo una herencia familiar: es una responsabilidad democrática colectiva.Quisieron borrar sus vidas y silenciar sus ideales. No lo consiguieron.
Aquí estamos sus nietas, contando sus historias y, por fin, también las nuestras.
Honor y gloria.

En Granada nací guerrillera
Mientras venía hacia Granada pensaba en lo que significa estar hoy aquí. Hace 23 años, en esta misma universidad, comenzó una búsqueda que me cambió la vida: la de mi tío abuelo, Florencio Pla Meseguer, conocido como «La Pastora».Hay un recuerdo de mi infancia. Mi madre y mi tía estaban contentas porque iba a publicarse un libro sobre «la tía». Pero aquella alegría se transformó en miedo. Las recuerdo escondiendo algo para que nadie lo viera. Yo era una niña y no entendía qué pasaba.
En octubre de 2004 pregunté a mi madre y supe que mi abuela tenía un hermano, un guerrillero que había nacido con el nombre de Teresa, pero que siempre se había sentido hombre.Aquel libro escondido era el escrito por Manuel Villar Raso, profesor de esta universidad. Fue el primero que leí sobre él. Encontré una imagen deformada, construida alrededor de su intersexualidad y de los prejuicios de la época. El franquismo y la prensa sensacionalista contribuyeron a convertirlo en un monstruo y le atribuyeron 29 crímenes que nunca había cometido.
Contacté con él, pensando que podría ayudarme a comprender aquella historia. Recibiendo por respuesta un insulto a mi persona y a mi madre, incluso llegó a cuestionar que, por ser familiar de Florencio, mereciera su ayuda.
Entonces comprendí hasta dónde había llegado aquella represión. Mi abuela la sufrió por ser su hermana, mi madre creció marcada por ella y yo heredé sus consecuencias: cosas que no se contaban, recuerdos que se escondían y preguntas sin respuesta.Sentí dolor, rabia e impotencia. ¿Por qué nos habían privado de nuestras raíces? Dejé de aceptar que otros decidieran qué debía callar y qué podía contar. Levanté la voz. Allí nací como Guerrillera.
Durante estos 23 años he investigado y llevado esta historia a pueblos, bibliotecas, institutos y espacios culturales. Hoy sigue viva en mi libro, Florencio Pla «La Pastora». La dignitat robada, en el teatro, las canciones, los documentales y también en el cine, con Els mals noms, una película que está a punto de ver la luz.
Pero hoy no quiero hablar solamente de mi camino. Al escucharos y conocer lo que hay detrás de cada una de vosotras, he entendido que lo que me ocurrió no es algo aislado. Somos 56 nietas y bisnietas, cada una con una familia, unos nombres, unos recuerdos y una memoria que ha tenido que recuperar.
Nuestros caminos son diferentes, pero nos une la decisión de no dejar que el olvido tenga la última palabra. Por eso estar hoy aquí, juntas, significa tanto. Ya no son recuerdos familiares contados en voz baja: son nuestras voces, nuestras memorias y nuestra manera de devolver a nuestros mayores el lugar que merecen.
No podemos cambiar lo que vivieron nuestras familias, pero sí hacer que sus vidas y sus nombres permanezcan. Muchas gracias.

La Memoria que guardan las nietas para no olvidar la represión franquista
