«LA MONTAÑA LUMINOSA DE MANUEL TITOS» por Remedios Sánchez

Hay una inmensidad allá arriba, en las altas cumbres donde la blancura se mece en el
azul del cielo. Ahora que principia la primavera, seguramente ya están naciendo las gencianas
sobre los borreguiles; vienen a anticipar el nacimiento de las mariposas que jugarán luego al
escondite entre las manzanillas salvajes. Y todo sucede, como un milagro, porque empieza a
llegar lentamente el deshielo y, pronto, irán naciendo esos arroyuelos de risa trasparente del
Veleta que bajarán después briosos para convertirse en ríos y mantener la máxima eterna de
Federico: siempre de la nieve al trigo.
Se percibe un raro misterio en la profundidad de Sierra Nevada, en la soledad sonora que
habita entre precipicios y lagunas, entre montesas y halcones peregrinos vigilados por el
Mulhacén, testigo permanente del paso de las centurias; es el notario silente de cómo, los
viajeros, buscan acercarse a lo más alto para tratar de descifrar desde esa grandeza que
sobrecoge lo que se esconde en lo más hondo del alma. Y, de entre todos ellos, los poetas que,
con su idea peregrina de buscar la perfección, acaban por encontrarse con la verdad, son
quienes han tratado de desentrañarlo y ponerle las palabras precisas al secreto arcano que
encierra; si desde los ziríes hasta hoy algunos lo han logrado, es un enigma que sólo pueden
afirmar o negar los lectores cuando hacen suyas las palabras sagradas en las que se refugia la
poesía. Ahí reside el gran valor de ‘Poemas para Sierra Nevada y la Alpujarra’, la reciente
compilación de Manuel Titos, publicada exquisitamente por Comares, donde se reúnen versos
de diez siglos que toman el Monte del Sol ya sea como horizonte poético o como trasfondo
vital, reflejando la fragilidad inherente a la condición humana.
La obra entera se erige como un monumento de amor por los valores que residen en la
montaña, aquellos que se despliegan entre los vuelos solemnes de las águilas reales y el canto
párvulo y melancólico del mirlo capiblanco, escondido en los bosquecillos de sabinares. Es
decir, entre lo que intenta aferrarse a lo infinito y la humildad de lo que pone en alboroto la
existencia porque es esta unión la que le otorga el sentido pleno, la que nos resitúa dándonos
nuestra dimensión exacta, nuestra posición infinitesimal en el universo.
Nadie que conozca a Manolo Titos podía esperar menos de un profesor sabio y machadiano
como él, que ha hecho de la reivindicación de este paisaje un modo sereno y apasionado de
comprender la existencia articulada entre el equilibrio y la emoción. ‘Poemas para Sierra
Nevada y la Alpujarra’ trasmina estas cualidades ya desde el prefacio donde, con cada palabra, el autor nos acerca a la música callada en unas cimas de majestuosa belleza que conoce con el detalle esmerado y riguroso de quien se ha dedicado con prudencia a sumergirse en su esencia de luminosa plenitud, pero sin despreciar el desafío permanente que comportan. Por eso resulta tan fascinante; basta repasar este florilegio para entender que existe un universo de luz y sombra allá en lo alto, de fusión entre sacrificio y goce entreverados en los senderillos desdibujados por el frío, de poderosa energía oculta en la
abrumadora quietud, para quien sepa encontrar el camino cierto que nos lleva desde la cúspide que roza las estrellas a lo más recóndito de nosotros mismos.
FOTO: https://refugiopoqueira.com/manuel-titos-lecturas-sobre-sierra-nevada/
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