Apuleyo desde lo más profundo de la sima de Raja Santa
Sometido a su condición de cuadrúpedo de grandes orejas y tildado con voz de barítono constipado, Apuleyo pudo balbucir un latinajo: “…cuantilla ratione mundus regatur”.
Y no le faltaba razón. Apuleyo, en su vagar intergeneracional, se había precipitado Sima de Raja Santa abajo y aun permanecía quieto, sintiendo sus cuartos traseros magullados y los costillares dolidos. De esta guisa diole por aquilatar sus ideas sobre la educación. Tal vez inspirado en algún comentario que había escuchado, unos cuantos metros más arriba de su cautiverio, en boca de unos púberes pupilos que criticaban como Don Perengano -Docente donde los haya, de un ágora en cualquier lugar ponía de su parte, con denodados esfuerzos, todo su conocimiento y Arte Pedagógica para enriquecer el acervo cultural de sus discípulos, pero olvidaba que los dominios de Eolo y Gea no solo aportan oxigeno al cuerpo sino que también ventilan el espíritu.
Apuleyo inicio un monólogo. Recordó en primer lugar como un famoso conferenciante, de verbo cauto, fue capaz de arrancar una cerrada ovación del auditorio que le atendía sin que mediara palabra durante los cuarenta y cinco minutos que transcurrieron desde su presentación hasta su despedida.
El valor del silencio, la reflexión sin estruendo y la meditación prudente no se estiman como debiere. Concluyó nuestro prisionero enfundado en la piel de un asno, que el impresionante silencio de la Naturaleza, la rutina de los valles vacíos rota por un trino, por un batir de alas o por el crepitar de una hoja encierra un mensaje mucho más rico y valioso que cualquier «reality- show».
El natural silencio del bosque es libre, mientras que el silencio que «naturalmente» se requiere en el aula no lo Y yo como asno me quedo con el primero. Apuleyo sintió que aquel razonar, a tan temprana hora, le reconfortaba alma y carne. Por lo cual prosiguió su disquisición sin demora: «…témome que los proceres no se habitúan al parangón del sistema educativo al uso».
Pues digo yo, bajo mi condición de équido con psique y con vellón, que en abriéndoseme las hambres me aproximo al pesebre y compenso mi desdicha. Y cuando me adormece la luz tenue y difusa de Selene, arrincono mi cuerpo en la paja mullida de mi rincón preferido de la cuadra. De igual forma cuando la mirada se me vuelve triste y melancólica, troto por el prado y las quijadas se me abren para enseñar una gran sonrisa. Y cuando Eros me da un toquecito en la grupa encamino mis pasos hacia el lago y en el reflejo que me devuelve el agua,
imagino amores imposibles. Sin embargo no alcanzo a comprender, desde mi condición de caballería ignorante, como un alumno inmóvil en su pupitre escucha a primera hora de la mañana las doctas indicaciones de Don Fulano sobre la evolución de la Literatura española del siglo XIX, para acto seguido, con el tiempo justo e indispensable para tragar saliva, verse inmersos en las complicadas interrelaciones de la vida social de los insectos, relatadas por Don Mengano. Que una vez que empiezan a dejar poso en la memoria del infante son nuevamente alborotadas y removidas por Doña Citranita que les arroja al abismo de la ecuación de segundo grado, para concluir la mañana en el mismo sitio, con la misma ropa, en idéntica posición y alienados por la relación interminable de Reyes Godos que como cuentas de un rosario se dejan ensartar por el hilo de la historia de la Península Ibérica.
Todo esto, sin terminar de comprender: ¿Porqué el aula les da vueltas y cada vez se asimila más a una sala de torturas que a un lugar donde saciamos nuestra natural curiosidad? Y yo que soy burro, y no reniego de ello, no alcanzo a vislumbrar con claridad: ¿Si el aula para todo, será todo lo mejor que se puede sacar de un aula?
Las consideraciones de Apuleyo se interrumpieron cuándo desde arriba de la sima le llegaron palabras que llamaron poderosamente la atención de nuestro animal cautivo, que aplicó con interés todo su aparato auditivo al evento: si las condiciones presupuestarias lo permiten el futuro Parque Periurbano de Sierra Elvira, el Entorno Lúdico-Recreativo de la Ermita de los Tres Juanes y su íntima conexión entre sí y entre los Centros Educativos constituirán, sin duda, una incuestionable plataforma para el relanzamiento y la consolidación de las actividades de Educación Ambiental. Promoverán un Desarrollo Sostenible bajo el prisma de una Economía Ecológica y permitirán avanzar en la constitución de una Ética de la Solidaridad con la Naturaleza.
Apuleyo cerró los ojos y sintió como lentamente ascendía, comprendió que la razón podía recuperar su peso específico en las labores de gobernabilidad, contempló como la abertura de la sima se empequeñecía, percibió cierta inquietud en el aire que procedía del batir constante de las cigüeñas viajando hacia el Sur. Y decidió que iba a seguir su estela porque un burro volando, de vez en cuando, ayuda a mantener la ilusión perdida.
Artículo editado por Corporación de Medios de Andalucía y el Ayuntamiento de Atarfe, coordinado por José Enrique Granados y tiene por nombre «Atarfe en el papel»