El ‘lío’ de Juanma por Agustín Martínez

Si la campaña electoral andaluza fuera un género literario, estaríamos sin duda ante el realismo mágico. Pero no el de García Márquez, sino uno mucho más castizo y de sonrisa impostada.

El pasado martes en Granada, Juanma Moreno Bonilla decidió protagonizar un ejercicio de prestidigitación dialéctica que dejaría a Houdini a la altura de un aficionado de comuniones: afirmó, sin que le temblara la voz, ni se le despeinara el flequillo, que llega a estas elecciones «sin un solo caso de corrupción».

Hay que tener un cuajo de dimensiones catedralicias para soltar semejante lindeza, mientras el eco de las mascarillas de la Diputación de Almería resuena ostentóreo en los juzgados

Hay que reconocerle el mérito. Hay que tener un cuajo de dimensiones catedralicias para soltar semejante lindeza, mientras el eco de las mascarillas de la Diputación de Almería resuena ostentóreo en los juzgados. No hablamos de un descuido de caja chica; hablamos de una trama de comisiones en lo peor de la pandemia, protagonizada por algunos de sus colaboradores más estrechos. El «Caso Mascarillas» no es una mancha de café en el expediente; es una marea negra de chapapote que vincula a los más altos cargos del PP almeriense con mordidas millonarias en material sanitario mientras sus paisanos se morían. Pero para Juanma, eso debe de ser «un lío» o, quizás, una invención de la física cuántica donde lo que pasa en Almería, se queda en un universo paralelo.

Esta “amnesia” no es nueva, es una patología crónica que ya vimos en el reciente debate a cinco en TVE. Allí, Bonilla desplegó su mejor sonrisa de «yerno ideal» para no responder a absolutamente nada. Fue fascinante observar cómo su capacidad auditiva se desconectaba selectivamente cuando sus contendientes le sacaban a pasear los fantasmas que guarda en el armario, como el escándalo de los cribados de cáncer de mama, donde parece que para el «presidente moderado», las miles de mujeres andaluzas han visto retrasadas sus pruebas diagnósticas son un mero detalle técnico sin importancia, una nota a pie de página en su gestión de «la alegría».

La vivienda parece otro agujero negro de Juanma. Mientras el precio del alquiler en las capitales andaluzas expulsa a los jóvenes a las afueras del sistema solar, el yerno perfecto mira al horizonte con la profundidad de un influencer de autoayuda, evitando cualquier compromiso real que no pase por el ladrillo amigo.

Y qué decir del C CURRICULUM VITAE fantasma del presidente: Aquí entramos en el terreno de la mitología. Maíllo le recordó su inexistente trayectoria académica y laboral fuera de la política profesional, recordando que Juanma lleva cobrando del dinero público desde que se inventó la rueda y cuando se le pregunta por su experiencia académica o laboral previa y por qué esos “títulos” aparecen y desaparecen de su biografía como si fueran el Guadiana, la respuesta es el vacío absoluto.

Llegados a este punto, cabe hacerse una pregunta de primero de ética: ¿Qué credibilidad puede tener Juanma en el resto de sus propuestas? Si un representante público es capaz de faltar a la verdad de una forma tan grosera y obvia ante las cámaras y los micrófonos, ¿cómo vamos a creernos sus promesas sobre la sanidad, la educación o la dependencia?

Bonilla se presenta como el dique de contención contra los «radicalismos», asegurando que no quiere gobernar con Vox -como si no llevara años dándoles la llave de la despensa-, mientras oculta que su propio partido en Almería tiene a 43 investigados en una trama de corrupción que huele a rancio

La estrategia es clara: vender una moderación de cartón-piedra mientras por debajo la gestión hace aguas. Bonilla se presenta como el dique de contención contra los «radicalismos», asegurando que no quiere gobernar con Vox -como si no llevara años dándoles la llave de la despensa-, mientras oculta que su propio partido en Almería tiene a 43 investigados en una trama de corrupción que huele a rancio.

Mentir sobre la corrupción no es solo una falta de respeto al electorado; es un insulto a la inteligencia de los andaluces. Moreno Bonilla confía en que su imagen amable actúe como un filtro de Instagram sobre la realidad de su gobierno. Pero la realidad es tozuda: por mucho que use el «modo retrato» para desenfocar lo que no le gusta (Almería, las listas de espera, su propio currículum), el fondo de la imagen sigue estando ahí, sucio y desordenado.

Que Juanma mantiene que llega «sin corrupción» a estas elecciones, usted, querido lector, puede asegurar que llega a fin de mes con el saldo de Amancio Ortega. La diferencia es que usted sabe que está soñando, y Juanma pretende que el sueño -o la pesadilla del olvido- nos lo traguemos todos con una sonrisa y una palmadita en la espalda. En política, la desmemoria no es un síntoma de vejez, es una herramienta de supervivencia. Y en eso, Bonilla es, lamentablemente, un catedrático… aunque no tenga el título para demostrarlo.

FOTO:Juan Manuel Moreno y Rocío Díaz, el pasado martes en un acto en Granada. 

http://www.elindependientedegranada.es/politica/lio-juanma