Choque y complicidad entre madres e hijas
Menstruación y perimenopausia bajo el mismo techo: choque y complicidad entre madres e hijas
Cada vez más familias viven una coincidencia generacional marcada por cambios físicos y emocionales intensos que pueden transformar la convivencia. Dos etapas que obligan a aprender nuevas formas de relacionarse.
La adolescencia siempre ha sido una etapa compleja. También la menopausia. Y cada vez son más las familias en las que ambas revoluciones hormonales coinciden bajo el mismo techo: hijas que atraviesan los primeros coletazos de la menstruación mientras sus madres comienzan a despedirse de esta etapa biológica. No es casualidad. España registra una de las edades medias de maternidad más altas de Europa. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicados en noviembre de 2025, indican que la edad media de la maternidad se mantuvo en 32,6 años en 2024. Además, sigue aumentando el número de nacimientos de madres de 40 o más años, que ha crecido un 7,3% en la última década. En términos relativos, mientras que en 2014 el 7,2% de los nacimientos correspondieron a madres de 40 años o más, en 2024 ese porcentaje se elevó hasta el 10,4%.
El resultado es que muchas mujeres llegan a la perimenopausia justo cuando sus hijos entran en la adolescencia. Dos etapas atravesadas por cambios hormonales, emocionales e identitarios que, vividas de forma simultánea, pueden convertir la convivencia familiar en un campo de minas… o en una oportunidad de entendimiento mutuo.
Lucía Torres, psiquiatra y consejera delegada de Tranquilamente (centros de psiquiatría y psicoterapia en Madrid), explica que esta coincidencia generacional tiene una enorme carga simbólica y emocional. “La adolescente entra en la fertilidad; la madre empieza a despedirse de ella. Una entra, la otra sale”. Según la especialista, en algunas familias este proceso se vive como un relevo natural entre generaciones: “Como si las mujeres de una misma línea familiar formaran parte de un equipo, acompañándose en las distintas etapas de la vida, con sus ganancias y sus pérdidas”.
Sin embargo, no siempre sucede así. En ocasiones, asegura Torres, puede aparecer una sensación más dolorosa: “Tú tienes ahora lo que yo siento que estoy perdiendo”. Ahí es donde pueden surgir tensiones difíciles de identificar incluso para las propias protagonistas. Irritabilidad, discusiones constantes, susceptibilidad extrema o sensación de incomprensión mutua, por ejemplo. “Justo cuando la adolescente más necesita acompañamiento, puede encontrarse con una madre que, en lugar de elaborar su propio duelo, lo actúa sobre ella”, señala la psiquiatra. Aunque las adolescentes también están viviendo una pérdida. “Se están despidiendo de la infancia. Y eso tampoco es fácil”, incide la experta. En ese contexto, según matiza Torres, algunas jóvenes pueden llegar incluso a sentirse culpables por crecer, cambiar u ocupar un lugar que perciben como amenazante para sus madres.
A toda esta dimensión emocional se suma la biológica. La farmacéutica Marta Masí, experta en salud integral de la mujer, recuerda que tanto la perimenopausia como la adolescencia son etapas de enorme vulnerabilidad neurohormonal: “Durante la perimenopausia se producen fluctuaciones intensas de estrógenos y progesterona que impactan directamente en neurotransmisores como la serotonina, dopamina, melatonina o GABA, lo que puede traducirse en irritabilidad, ansiedad o alteraciones del sueño”. Al mismo tiempo, explica, los adolescentes atraviesan una etapa de maduración cerebral todavía incompleta, especialmente en las áreas relacionadas con el control emocional. “El resultado es un aumento de la reactividad en ambos lados, que muchas familias identifican como una etapa especialmente desafiante”, sostiene Masí. Y añade: “Dormir mal, responder peor, tener menos tolerancia a la frustración o vivir las emociones con intensidad extrema son algunos de los efectos más frecuentes”.

Masí insiste en que el objetivo no debe ser “eliminar síntomas”, sino mejorar la capacidad del organismo para tolerar el estrés: “La higiene del sueño, la regulación del sistema nervioso, la alimentación o el ejercicio son la base. Pero algunos complementos naturales pueden actuar como apoyo (véase la melatonina para conciliar el sueño o el magnesio para función muscular, nerviosa, la salud ósea, por ejemplo, tan de moda en la perimenopausia)”. Pero advierte que uno de los errores más frecuentes es pensar que natural equivale automáticamente a inocuo: “Es habitual la combinación de múltiples suplementos sin criterio, el uso de dosis inadecuadas o durante periodos prolongados sin supervisión”. Además, “muchos de estos productos pueden interactuar con medicamentos o utilizarse para intentar resolver problemas cuyo origen es mucho más complejo”, puntualiza esta farmacéutica.
Más allá de las hormonas, “esta etapa obliga a las familias a aprender nuevas formas de relacionarse”, sostiene Torres. “La madre deja atrás una versión de sí misma mientras la hija comienza a construir la suya. Y en medio aparecen inevitables choques, pero también la posibilidad de una enorme complicidad”, incide Masí. “Es importante que las mujeres adultas puedan ser modelos que ayuden a las más jóvenes a transitar las etapas de la vida con amor, experiencia y aceptación”, explica Torres. Y remata: “Quizá la clave no esté en evitar el conflicto, sino en comprender que, muchas veces, detrás de esas discusiones cotidianas se esconden dos mujeres atravesando al mismo tiempo una transformación profunda”.
Foto: Tanto la perimenopausia como la adolescencia son etapas de enorme vulnerabilidad neurohormonal.
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