La Gran Vía, que llamaron ‘Calle del Azúcar’ o la ‘Calle del Farmacéutico’

Los intelectuales de la época protestaron por la gran cantidad de edificios históricos que se derribaron para construirla

No hay calle en Granada que no simbolice con mayor precisión el encuentro convulso del pasado con el presente que la Gran Vía de Colón, la calle que promocionó un farmacéutico y en la que se instaló la modernidad que representaban los edificios que en ella se construyeron. Por ese motivo esta calle es uno de los indicadores más visibles del ADN de Granada.

La calle como tal tiene casi 130 años y se construyó sobre el intrincado vericueto de callejones que formaban el viejo barrio medieval de la Mezquita y la medina musulmana. La obra fue posible gracias al gran momento económico por el que pasaba Granada debido al negocio azucarero. El primer edificio que se construyó en ella fue la iglesia del Sagrado Corazón. Los jesuitas pagaron un pastón por el solar, pues se cotizaba muy alto el precio del metro cuadrado. Después se construyeron los hoteles París y Colón, el Coliseo Olimpia en 1921, el Banco Matritense en 1924, el palacete de los Müller, la Casa de la Perra Gorda donde hoy está la Tesorería de la Seguridad Social y el edificio del Banco España. Dejaron la calle más bonita que un San Luis, pero sin alma. Un periodista ruso, Ilyá Ehrenburg, que fue corresponsal en España durante la Guerra Civil y que pasaba por Granada, dijo en su libro de viajes que “para el burgués granadino, Granada no era la Alhambra, sino la Gran Vía, con sus bancos, sus tiendas y sus casinos”.

 
 
La Gran Vía de Granada
La Gran Vía de Granada / Alvaro Barbero

La construcción de la moderna Gran Vía fue sin duda una obra polémica por los destrozos que produjo para levantarse. Hay quien ha hecho una lista de casas que tenían algún interés arquitectónico que fueron derribadas. Y hay quien dice que aquella reforma urbanística era necesaria para acoger a la burguesía granadina, la que tenía el dinero. Joaquín Bosque Maurell cuantifica en más de un centenar y medio los edificios eclesiásticos y civiles de gran valor histórico y artístico desaparecidos, entre ellos la Casa de la Inquisición, la Casa de los Marqueses de Falces, el renacentista colegio de San Fernando y los conventos del Ángel Custodio y de Santa Paula. Ganivet la llamó la ‘epidemia del ensanche’. No sé si hicieron bien nuestros antepasados porque hoy en la Gran Vía todo son comercios franquiciados, sucursales de bancos y locales que se alquilan. Ya casi nadie vive en la Gran Vía. La gentrificación que había sufrido Granada la había convertido en otra.

Como los bulevares franceses

El caso es que desde la construcción de la Alhambra no se había realizado una obra de esas características. Desde que empezó hasta que terminó pasaron más de 30 años. Una persona clave para su construcción fue Juan López-Rubio Pérez, un farmacéutico onubense anclado a Granada desde que era joven. A él se debió la trascendental revolución agrícola de la vega granadina que supuso la creación de la moderna industria remolachera. En 1882 este hombre, junto con el doctor Juan Creus, levantó la primera fábrica de azúcar de remolacha de España porque ya preveía que íbamos a perder Cuba y su potente negocio azucarero. Juan López-Rubio fue, dicen los cronistas, el verdadero impulsor de la Gran Vía desde su cargo de gerente de ‘La Reformadora Granadina’, que era la sociedad creada expresamente para la realización de tan ambiciosa obra. También era presidente de la Cámara de Comercio. Quería este prócer que Granada contara con una avenida similar a la de los grandes bulevares franceses que encantaban a todo el mundo. “Todo había sido en Granada demasiado viejo, decadente y ruinoso, y quiso de repente cambiarse por lo más moderno, lo más ‘civilizado’”, dice Juan Bustos. Afirma este cronista que, si bien se quitaron en la ciudad focos de infección y enmarañadas callejuelas, hubo artistas y escritores que alzaron su voz para decir que se había dañado gravemente el patrimonio urbano, destrozando uno de los barrios más pintorescos de la ciudad. Uno de esos artistas fue Torres Balbás que escribió lo que sigue en 1923, cuando las obras estaban ya casi acabadas: “La Gran Vía es hoy una fea calle moderna, sin perspectivas ni carácter alguno, fatigosa de andar, en la que tan sólo distrae la vista un erguido ciprés dejado en una de las aceras como recuerdo del convento de Santa Paula”. Ganivet decía que Granada, como ciudad antigua, debía apostar por tener sus calles estrechas e irregulares por la necesidad de quebrar el exceso de sol y luz, “y, sin embargo, la aspiración constante es tener calles rectas y anchas, porque así lo tienen otros”. Villaespesa, Francisco de Paula Valladar, Ricardo Villarreal, Melchor Fernández Almagro… Fueron muchos los intelectuales que alzaron la voz para que los granadinos valoraran si valía la pena destruir la quinta parte de la ciudad del siglo XIX para abrir una gran calle de más de 800 metros de longitud y 20 metros de anchura.

La Gran Vía de Granada
La Gran Vía de Granada / Alvaro Barbero

Pero los granadinos sí estaban en general conformes con que se realizara el ambicioso proyecto. “Hubo realmente pocos ciudadanos que se opusieran a la fiebre reformadora que invadió la sociedad civil por entonces; solamente un puñado de propietarios que se negaron con todas sus fuerzas a ser expropiados por considerar que vivían bien donde estaban”, dice Gabriel Pozo en su libro sobre la Gran Vía.

López-Rubio estaba convencido de que aquella obra era esencial para la ciudad y luchó tenazmente para conseguirlo. En septiembre de 1903, el batallador hombre de empresa diría públicamente: “Ahí tenéis, granadinos, la calle que os legó en sus postrimerías un pobre farmacéutico”.

En un ensayo que escribió Manuel Martín Rodríguez sobre él se dice que López-Rubio fue un hombre bueno que tuvo una actuación abnegada durante la epidemia de cólera que sufrió Granada y de la que murió su esposa. Dice Martín Rodríguez que el farmacéutico tuvo el coraje de ocuparse de varias parroquias a las que acudía para atender a los que morían en el transcurso de apenas unas horas. Después de su muerte, la ciudad se olvidó de él y de sus grandes preocupaciones empresariales. La Sociedad de Amigos del País inició una colecta para construirle un monumento. Pero jamás se hizo.

Aunque las obras en esta calle nunca han acabado. La última rehabilitación de la Gran Vía de Colón se llevó a cabo entre los años 2006 y 2008, siendo alcalde José Torres Hurtado. Se renovó el pavimento, se ampliaron las aceras y se pusieron nuevas farolas. Y se plantaron ginkgos biloba que dejan los otoños con un precioso tono amarillo y con los reniegos correspondientes de los limpiadores de calles.

Andrés Cárdenas

foto: La Gran Vía de Granada / Alvaro Barbero

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